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19 de junio de 2011

16 DE JUNIO DE 1955: BOMBARDEO EN PLAZA DE MAYO CONTRA EL GOBIERNO CONSTITUCIONAL DEL GENERAL PERÓN. OBJETIVO: ASESINAR A UN PUEBLO Y SU LÍDER

*Por Daniel Chiarenza
Días antes del 16 de junio, el ministro de Marina Olivieri retiró todas sus pertenencias de la quinta Villa Barilari, cercana a El Palomar; y el 15 de junio, adujo una afección cardíaca y se internó en el Hospital Naval Central. El 16, ni bien estalló la primera bomba aeronaval en la Casa Rosada, dejó la clínica y se trasladó al edificio del ministerio de Marina, cuartel central de los sublevados. Repuesto del mal que lo aquejaba, pidió una tela blanca para improvisar una bandera de parlamento. Pero, en su lugar, fue utilizado el guardapolvo de un enfermero (testimonio del contralmirante Guillermo Plater).

Ministro de Marina Olivieri.

Paralelamente a la conspiración de la Marina -alentada por activistas de los partidos liberales y socialistas- militantes nacionalistas católicos esperaban mucho del general León Bengoa. Los “desmadrados” tenían estrechos contactos con dos figuras importantes del Ejército: el coronel Eduardo Señorans y el mayor Juan Francisco Guevara.

 Mayor Juan Francisco Guevara.

El almirante Toranzo Calderón lanzó el golpe el 16 de junio a las 10 de la mañana. Lo secundaría otro jefe naval, el vicealmirante Gargiulo, comandante de la Infantería de Marina y quien, fracasado el conato, se suicidó -utilizando su arma personal- en la madrugada del 17 de junio, estando detenido en su despacho del ministerio.

Proyectan cambiarle el oprobioso nombre a una calle de un barrio de Córdoba.

En la mañana del 16, Perón llegó a la “Rosada” a las 6.20 hs. Alrededor de las 9 recibió al general Carlos Jáuregui, jefe del Servicio de Informaciones del Ejército; al secretario de Defensa, general Sosa Molina y a los ministros de Ejército y de Aeronáutica, Franklin Lucero y Juan San Martín. Luego lo visitaron el embajador de Canadá, mayor general Leo Richer La Fleche y el de los Estados Unidos, Albert Nufer. Dos días antes había llegado al país un enviado de Einsenhower con un regalo para el presidente argentino -dos pistolas de la Guerra de Secesión- que Nufer entregó esa mañana a Perón.

General José Humberto Sosa Molina y brigadier Juan Ignacio San Martín.

El cielo cubierto atrasó hasta las 12.37 hs el ataque de los sublevados, pero tras el primer estallido –alguien- desde la “Rosada” habló a la CGT para que convocara a los trabajadores a la Plaza de Mayo. Los convocados respondieron. Militantes jóvenes de diversos gremios movilizaron a sus compañeros hacia la plaza para defender al gobierno. Los primeros camiones llegaron alrededor de las 16.

Bombardeo a la Plaza de Mayo de los aviones sublevados.

La masacre registrada esa tarde (sólo comparable con la Guernica española) causada por las bombas de fragmentación y la metralla que arrojaron los pilotos de la aviación naval, por sus ataques en picada y repetidas pasadas sobre la plaza y a lo largo de la Av. de Mayo. A las 17.30 hs, todavía un Gloster ametrallaba al Buenos Aires céntrico.

 Masacrados en Plaza de Mayo (la Guernica argentina).

El remate de la jornada fue trágico. Después que se alejó la última escuadrilla rebelde, varias iglesias fueron incendiadas en el mismo radio. Nos cuenta José Luis de Imaz: "La calle estaba cubierta de víctimas gratuitas. Me encerré en mi casa, cobarde. Fue entonces cuando incendiaron las iglesias. Hacía meses que estábamos esperando eso. Desde mucho tiempo atrás se sabía de la existencia de grupos de choque, de los cuales se decía que estaban adiestrados por un comisario retirado". Informaciones logradas después por investigadores no peronistas, de los servicios del ramo -tras la caída del gobierno- determinaron la actuación de tres grupos: uno, proveniente de la sede del partido peronista, cuya presidencia ejercía Teisaire; otro, procedente del ministerio de Salud Pública cuyo titular era el doctor Conrado Bevacqua; y un tercer grupo, salido de un servicio de informaciones. Perón, durante su exilio, hablaría de "dos centenares de indocumentados que, desde la central masónica de mister Drysdale, salieron a prender fuego a media docena de lugares sagrados, creyendo tomarse una represalia absurda ante la masacre del pueblo sobre el pavimento de la Plaza de Mayo". En el mismo sentido fueron las conclusiones de la investigación periodística hecha por la revista Primera Plana en 1969, que expresa: "cuando esta investigación llegó a su término quedó archivada. Al producirse el derrocamiento de Perón, las carpetas con todas las documentaciones fueron halladas en una oficina estatal, pero sus conclusiones se desestimaron indicaban como responsables de los incendios a una logia masónica ligada a los revolucionarios". El local de la Logia estaba ubicado en Moreno al 400 y pertenecía a Ian Drysdale, quien llegó a ser Gran Maestro de la Masonería Argentina.

Quema de la Basílica de San Francisco la noche del 16 de junio.

Los únicos casos de ataques incendiarios a iglesias en la Argentina tuvieron que ver con la masonería. Los grupos del 16 de junio que atacaron y saquearon las iglesias tenían directores de orquesta que sabían bien cuáles eran los objetivos y los señalaban. Fue, a la postre, una siniestra provocación que no se dio en ningún barrio. En suma, la gran provocación se produjo bajo la sombra de una alianza contra natura, aquella conjunción momentánea de católicos y masones para derrocar al gobierno nacional y popular.
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