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29 de mayo de 2011

SARLO Y LA HEGEMONÍA COMUNICACIONAL OFICIALISTA

 


En estos tiempos de riqueza en debates y relecturas históricas Beatriz Sarlo realizó un interesante aporte en su último libro La audacia y el cálculo sobre los años de gobierno del ex presidente Néstor Kirchner.

Diversos periodistas y escritores han realizado aportes de dispar valía, pero este último texto contribuye a pensar (y pensarnos) en el marco de los cambio políticos culturales producidos desde el 2003 y que hoy conduce la Presidenta Cristina Fernández de  Kirchner cimentando nuestro proyecto nacional y popular.
Ya en un artículo Pablo Alabarce sobre 6 7 8, adelanto de su reciente libro junto a Mará Julia Oliván, sostuvo sobre el emblemático propagara de la televisión pública:

“La política de medios del kirchnerismo fue inicialmente mera continuidad del tardo-menemismo: negociación y cesión con las empresas de medios y continuidad acrítica de la hegemonía tinellista en la cultura de masas, aunque salpimentada con acciones más activas e inteligentes en el plano de los medios públicos, con transformaciones en la programación de canal 7 y la invención de Encuentro. Sólo con la nueva crisis, la del “campo”, decidió simultáneamente que el peronismo era de izquierda, que los medios de comunicación eran más eficaces que el napalm y que hacía falta un vietcong. Aunque, en lugar de Ho Chi Minh o el Che Guevara, prefirió confiar la empresa a Diego Gvirtz”.[1]

Pero ahora la propia Sarlo, entronizada en el templo racionalista de la calle Puán, busca desentrañar el misterio de la ofensiva comunicacional K, y como el candombe Nunca Menos, las fiestas populares, el apoyo juvenil y los independientes progres de 678 se han sumado a apoyar a un gobierno sostenido por las huestes bárbaras pejotistas y cegetistas.

Lo cierto es que, luego de algunos hechos adversos y de un replanteo en las formas comunicacionales, son la difusión de la ejecución continua de políticas públicas, impulsos de carácter cultural con llegada al gran público y la difusión de hechos de nuestro pasado silenciado – que fueron resignificados en el presente - los basamento de la comunicación del oficialismo.

La supuesta “hegemonía” del oficialismo implicaría el silencio de actores políticos, instituciones acalladas y medios de comunicación cerrados. En cambio tenemos una superestructura cultural en una contraofensiva de carácter burdo e insultante a la inteligencia del ciudadano argentino profiriendo mentiras sobre la administración de Cristina.

Es cierto que después de la victoria del 2003 y la posterior construcción de poder popular, el ex presidente Néstor Kirchner fue percibido por sectores militantes como continuador de una línea del peronismo que parte del 17 de octubre de 1945, la impronta de Evita, la Resistencia y el peronismo de los ‘70. Justamente el ex presidente hizo de la reivindicación de los setenta uno de sus rasgos de su fisonomía ideológica, fundamentalmente a través del discurso sobre derechos humanos, justicia y terrorismo de Estado.

Pero también replanteó el rol del Estado, de políticas activas a favor de los humildes y de un nuevo rol de las organizaciones sociales tras el derrumbe institucional de fines del 2001. Y esas políticas fueron profundizadas por la firmeza con que la Presidenta impulsó la resolución nº 125 y la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisuales.

Adversarios políticos se aliaron a la lógica de los factores de poder, abandonando su basamento ideológico para ser portavoces de aquellos que más de una vez conspiraron para finalizar mandatos constitucionales.

Ante esa contradicción principal entre pueblo y grupos monopólicos (de lo económico y de la producción de sentido), explicitada en la brutalidad de los hechos desestabilizadores contra el proyecto nacional, es que agrupaciones políticas afines al peronismo y sectores independientes visibilizaron un compromiso mayor con el actual modelo político.

El movimiento obrero organizado, los sectores progresistas y la juventud politizada han concretado en la movilización y la participación popular su papel de integrantes de un frente nacional.

La generación del Bicentenario interpela al país desde su fuerza transformadora, con una escala de valores y voluntad de cambio, sumado a su fervor de la política libre de vicios, definiéndose por lo positivo.
Y se definen desde su formación audiovisual, en un mundo interconectado, por la velocidad de la Internet y las TIC’s, a través de la difusión de las pantallas que mediatizan y resignifican la producción de sentido actual.

Difusión explícita en formas modernas de difusión y con base en el replanteo de la historia, abrazando el pensamiento nacional, único posible para apuntalara este proceso de liberación cultural.

Tal como afirmó nuestra Presidenta hace algunas semanas: “Quiero una juventud que construya su propia historia, como la hicimos nosotros, ustedes son la Generación del Bicentenario”!

Sarlo puede sentirse extrañada por este fenómeno que pareció tener pantalla durante los funerales del ex Presidente. Quienes estamos en la arena política cercanos a la militancia popular sabemos que esto es un proceso de años que hoy es acompañado por las políticas estatales que dan marco al desarrollo político cultural actual.

 Pero no es hegemónico ya que hay pluralidad de voces que desde los medios de comunicación hasta en la calle señalan sus diferencias con el actual modelo.

Guillermo O'Donnell desestimó, en recientes declaraciones, aplicar tal categoría al fenómeno político actual. A la vez que otras voces como la de Ernesto Laclau y Chantal Mouffe replantean la utilización tanto de dicho término como de “populismo”.

Las imágenes del Eternauta, en blogs, pintadas y frases ingeniosas exteriorizan un basamento cultural enraizado en las tradiciones propias del federalismo, del radicalismo yrigoyenista y del peronismo. Ya que cuando hay una revolución cultural es porque se acompaña a una revolución política donde el pueblo es protagonista.

Y del otro lado quizás la ficción de Canal 13 El Puntero nos aporte alguna cuota de creatividad de mensaje “contrahegemónicos” de un grupo monopólico en retirada en cuanto a  su pérdida en credibilidad popular y pérdida en sus ventas.

Palabras valiosas, sin ironía, como las de Beatriz Sarlo nos alumbran los hechos políticos actuales y generan debate entre la militancia. Aunque como peronistas que adherimos al proyecto de Néstor y Cristina lo vemos cotidianamente, al estar en permanente contacto con el pueblo, con aquellos que tienen luz propia y nos marcan la senda para profundizar el modelo.

*Académico del Instituto Eva Perón

y Juan Manuel de Rosas


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