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9 de marzo de 2011

UN DEBATE NECESARIO



 (*) JORGE RACHID



LA CONSTRUCCION DEL PENSAMIENTO
Este desafío es una nueva oportunidad que, como movimiento nacional nos debemos proponer transitar con militancia, sin rencor, con humildad y perseverancia, en un camino de compromiso que los mayores hemos atravesado desde siempre y que nuestros jóvenes hoy lo reeditan en una nueva realidad política nacional.























Lo peor que puede plantear un debate de ideas y posiciones, es que esconda la represión como respuesta a la libre expresión de las mismas. Los peronistas hemos padecido en otras épocas ese tipo de situación y no debemos exponer al debate a situaciones de confrontación por la confrontación misma, por imágenes congeladas, por enfrentamientos ancestrales, por posicionamientos políticos y menos aún electorales. Debemos intentar una síntesis que nos contenga a nosotros con nuestra historia pero también contenga a la realidad de las nuevas generaciones, sus expectativas, sus ilusiones en función de los nuevos tiempos.
Es más aún: el adversario está sumamente interesado en que el peronismo y el movimiento nacional repitan sus errores del pasado en confrontaciones estériles que sólo favorecen los intereses que ellos representan,  protagonistas eternos del poder en nuestro país.
Así, pretender que existe un sindicalismo a domesticar o una juventud a la cual proponerle prudencia y techo a sus sueños, es casi asomarse a una situación imposible. Quienes plantean una dicotomía entre peronistas y no peronistas en el movimiento nacional, basada en posicionamientos electoralistas, sin dudas lo debilitan. Por lo contrario el debate profundo como búsqueda más que en forma de certezas imperativas, lo fortalece.
UN ANALISIS DE LA  REALIDAD
Plantear desde lo abstracto que el kirchnerismo es la superación histórica del peronismo, es colocar la discusión en un terreno pantanoso. Ahora si los nuevos tiempos han llevado a que generaciones de jóvenes se hayan sentido conducidos e interpretados por el compañero ex presidente y el actual proceso político, eso no significa menoscabo alguno para la militancia peronista, por el contrario la reivindica a partir de reconocerse en su esencia en un  nuevo tiempo histórico y en su concepción doctrinaria movimientista.
Por lo tanto, ambos términos de la ecuación peronismo- kirchnerismo, lejos de ser contradictorios, son la continuidad lógica de un proceso de recuperación de identidad nacional y popular que el peronismo había perdido en los meandros del 90 seducido por las luces de la llamada globalización y el fin de las ideologías. No debe ocultarse esta situación y debe exponerse a los fines de realizar la suficiente discusión doctrinaria que permita avanzar en la recuperación cultural del peronismo,  en el seno de la conciencia colectiva del pueblo.
Diferente es cuando desde el llamado “progresismo” se intenta como tantas veces determinar y estigmatizar quién es quien en el campo nacional y popular y más precisamente en el peronismo. El movimiento nacional contiene en sí mismo los anticuerpos necesarios para el debate ideológico profundo, sin maniqueísmos que lo condicionen. El solo hecho de ponerle nombre y apellido al debate por delante, lo inhabilita, porque empieza una competencia innecesaria de la obsecuencia y la genuflexión, terminando en discursos sobre quién es más cercano al gobierno en ese juego, clausurando el debate estratégico del modelo de construcción política a fortalecer.
LA VIGENCIA DEL PENSAMIENTO NACIONAL
Sin dudas, estos años de democracia y gobierno popular fueron los que nos reconciliaron con la vigencia doctrinaria del peronismo a partir de dos elementos centrales: el rol del Estado como ordenador social y la política como herramienta de transformación. Rescatar no sólo la memoria de nuestros fundadores, sino las epopeyas populares desde el fondo de la historia, permitieron avanzar en una nueva conciencia colectiva del derrotero de nuestro país, desde el punto de vista de la soberanía nacional entendida como el poder de decisión al servicio de las causas populares, que es nuestra razón de existir como peronistas.
Existen, sin dudas, sectores que siendo desplazados por la lógica de conducción del gobierno, aún siendo parte del movimiento nacional, toman rumbos confrontativos en lo electoral. Pero que ahora esos sectores incorporen el discurso del neoliberalismo y de los intereses concentrados para diferenciarse a cualquier costa, los coloca fuera del movimiento nacional ya que confunden lo táctico con lo estratégico, el posicionamiento de poder por sobre la estrategia nacional y lo electoral sobre lo político.
Hay nuevos actores políticos en la Argentina del nuevo siglo: así como Yrigoyen incorporó a los inmigrantes a la vida pública, Perón a los trabajadores, hoy los movimientos sociales son necesarios para construir un destino común de comunidad organizada, en el cual sus intereses y protagonismos estén garantizados. Lo mismo para las pequeñas y medianas empresas y empresarios nacionales, que fueron silenciados por décadas de las discusiones políticas.
Quienes le nieguen protagonismo a estos sectores, pierden sentido frente a la realidad, como también pierden sentido de realidad aquellos que pretenden ignorar o desplazar al movimiento obrero organizado como expresión política necesaria a lo hora de la construcción del poder. El movimiento nacional en su conducción estratégica es responsable de incorporar a todos los sectores que tienen intereses comunes con las causas populares, los que tienen visión, cultura e identidad nacional, compromiso latinoamericano y voluntad de construcción de una sociedad más justa.
DESDE EL FONDO DEL ABISMO
Después de años de inmovilismo político, discurso único neoliberal, extranjerización de la economía, concentración de la riqueza y de la decisión  política por parte del poder económico, descapitalización del Estado por endeudamiento y privatización de las empresas monopólicas de servicios, arrasamiento de los derechos laborales, marginación y diáspora social de los trabajadores arrojados del mercado del trabajo, fragmentación y privatización de la seguridad social, la salud y la educación, hacer hincapié en la responsabilidad del actual período de gobierno por las carencias y demandas pendientes, es parte de la falacia y el oportunismo político, aún más es hacerlo en nombre del peronismo.
Si partimos de los archivos personales o sectoriales, cualquier discusión se estrella en el frontón de  lo imposible ya que pocos resisten el análisis de la coherencia doctrinaria a lo largo de décadas, donde algunos por claudicación y otros por ser arrastrados por la honda globalizadora y financiera, sucumbieron en su pensamiento y acción.
Desde sectores políticos –otrora combativos– hasta sindicalistas aguerridos, fueron absorbidos por la nueva lógica algunos por no tener un marco de discusión orgánico en las estructuras del partido ni institucionales, otros por motivos inconfesables. La lógica del acatamiento fue el norte de la dirigencia, con claras excepciones como el MTA (Movimiento de Trabajadores Argentinos) , la CTA (Central de Trabajadores Argentinos), sectores desprendidos del PJ institucional y núcleos militantes resistentes a las políticas de los 90, como los movimientos sociales.
Tenemos aún pendiente la discusión de los 70, la represión golpista la postergó. No discutimos el gobierno posterior a la muerte de Perón; fuimos a las elecciones del 83 sin análisis a fondo de la situación política nacional. Recuperamos el gobierno en el 89 con esperanzas de construcción doctrinaria y fuimos defraudados por la traición a los principios y objetivos estratégicos del peronismo.
Fueron 10 años sin discusión; sólo fue el enfrentamiento al modelo neoliberal, en especial el desarrollado por el movimiento obrero y de los sectores emergentes de organizaciones sociales de desocupados y jubilados congelados, ambos sectores mancillados y conculcados en sus derechos. Nada de eso fue discutido en el movimiento nacional en forma orgánica lo cual permite hoy un abanico de certezas individuales, sin una construcción colectiva. Todo lo contrario al planteo de la comunidad organizada y las 20 verdades justicialistas.
HACIA UN N UEVO TIEMPO
Los jóvenes pertenecen a este tiempo, fueron criados en una cultura neoliberal, se desarrollaron en un marco social que fomentaba el individualismo y el éxito ahora; sin embargo, fueron hallando las formas solidarias del compromiso frente al cuadro de horror social que se encontraron, vivieron y sufrieron. Las historias de 35 años atrás los conmueven pero no forman parte de su militancia cotidiana enmarcada en la lucha por los valores, la épica, la transgresión y el compromiso. Sin embargo, se los estigmatiza asociándolos con la frivolidad, la droga y la pérdida de objetivos por quienes creen que todo tiempo pasado fue mejor, en una comparación inútil e inconducente. Cada generación construye su destino afianzando su propia historia, pero apuntando al futuro, no al pasado.
Las etiquetas de los “istmos”-peronismo, kirchnerismo, cristinismo, progresimo- crean distorsiones sobre supuestas confrontaciones que muchas veces tienen más olor a internas de gabinete que de posiciones políticas de cara a una estrategia de construcción.
Debemos desde el movimiento nacional acordar la continuidad del camino emprendido en el 2003, profundizar la correlación de fuerzas entre el campo popular y los factores de poder que pugnan por abortarlo, ya que juegan sus intereses y en algunos casos su libertad.
DESDE UN ESPACIO ORGANICO
Al Estado, más Estado, como regulador de los intereses comunes de la sociedad y a la política más política, como herramienta de transformación social plena y única en el marco de la democracia popular y participativa. En esa profundización los temas pendientes deben ser abordados sin maniqueísmos en especial las hipotecas sociales que nos debemos en salud y educación como ejes impostergables. Más aún después de los avances logrados en derechos humanos, ampliación de los márgenes de los derechos sociales individuales y colectivos, el marco solidario enorme de la AUH y la política previsional . Este nuevo escenario social nos compromete aún más con lo que falta para consolidar una sociedad más justa.
Reconstruir los marcos  orgánicos de discusión y militancia nos permitirá abonar el apotegma del viejo general: “sólo la organización vence al tiempo”. Sin ella y sin un planteo estratégico, esta situación nacional y latinoamericana tiene debilidades, si no es acompañada por la conciencia colectiva del pueblo en forma participativa, con poder de decisión por áreas, en un concepto superior de comunidad organizada.
Los foros comunitarios planteados en los últimos tiempos caminan en esa dirección, tanto en seguridad como en salud y educación, superando el concepto de cooperadora, por el de participación plena y decisión por parte del pueblo organizado. La construcción de viviendas sociales, la participación del movimiento obrero y las organizaciones sociales junto a ONGs como las Madres y las cooperativas, forman parte de lo más acabado de nuestros sueños de movilización popular, no ya en la lucha contra el poder, sino para construir un nuevo destino como sociedad.
Este desafío es una nueva oportunidad que, como movimiento nacional nos debemos proponer transitar con militancia, sin rencor, con humildad y perseverancia, en un camino de compromiso que los mayores hemos atravesado desde el siempre y que nuestros jóvenes hoy lo reeditan en una nueva realidad política nacional.


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