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22 de febrero de 2011

¡ MIRA QUIEN HABLA !



(*) JORGE GILES


El ex gobernador Eduardo Duhalde, siguiendo disciplinadamente la línea bajada por el Grupo Clarín, espera y desespera por ganarse el apoyo de Daniel Scioli. 


Ya no sabe qué hacer para conquistarlo. 


Lo provoca, lo adula, lo critica, lo condena, todo junto y por el mismo precio. 


Ayer fue el colmo, cuando en un reportaje radial, Duhalde dijo que el actual gobernador bonaerense se tendría que dar cuenta que “no se puede vivir de rodillas. 


Y declaraba su admiración por Mauricio Macri alentando la posibilidad de unir fuerzas en este año electoral. 


La difusión periodística de los cables de Wikileaks poniendo al descubierto las confesiones tan sumisas y cipayas de algunos dirigentes políticos argentinos, como Duhalde y Macri, nos provocan un primer sentimiento de indignación, traducido en la inocente frase: "¡Mirá quien habla…!" 


Porque vivir de rodillas es ponerse del lado del extranjero, como ellos lo hicieron, en contra de su propio país. ¿O ya no son argentinos? 


Vivir de rodillas es saber que Duhalde abogó a favor del ALCA, aquel "tratado de libre comercio" que nos condenaba a la miseria total, defendido por George Bush y rechazado patrióticamente por Néstor Kirchner, Lula y Chávez. 


Vivir de rodillas es lo que hizo Macri ante "la embajada", rogando que los EE.UU. critiquen más duramente al gobierno nacional y ofreciendo sus dotes de ser el único candidato “pro mercado y pro negocios”. 


Vivir de rodillas es lo que se dice públicamente de Duhalde por encubrir, dudar, defender y/o participar, directa o indirectamente, del trabajo esclavo denunciado en distintos lugares del interior del país. 


Vivir de rodillas es gobernar sobre el sufrimiento de los ciudadanos, como en la ciudad de Buenos Aires, donde caen cuatro gotas y se provocan inundaciones de calles, casas y pérdidas millonarias a decenas de pequeños comerciantes. 


Algunos personajes de la política y de los grandes medios de comunicación, se la pasaron años bajando línea a los argentinos desde una pretendida estatura moral que, hoy se comprueba, no es más alta que el cordón de la vereda. 


Deben tener, seguramente, la rodilla pelada de tanto hincarse ante los poderosos de adentro y de afuera. 


Allí está Joaquín Morales Solá, por ejemplo, con ese señorío admonitorio de cardenal vitalicio arengando en defensa de “la moral pública”, cuando no denunció el terror que imperaba en los campos de concentración de la última dictadura en Tucumán. 


Por supuesto, él no estaba del lado de las víctimas, sino sirviendo “periodísticamente” al lado de los genocidas. 


Hay que descubrirles las rodillas antes de escucharlos, para saber lo que verdaderamente fueron y siguen siendo.



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