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6 de febrero de 2011

MILAGRO

(*) ORLANDO BARONE
No es del todo cierto que a Milagro Sala la hayan discriminado por colla: no, la discriminaron por su acción política. Porque si fuera blanca y radiante y ejerciera igualmente como la líder social que es también sería execrada por ir al Conrad de Punta del Este. Y aún si ella presentara las pruebas de que fue invitada por amigos de izquierda, o afines al partido popular de Pepe Mujica, o que su marido tiene sus propios ingresos etc, no bastaría como excluso ni argumento. El de Milagro es asunto delicado y vulnerable. Lo que ella representa no cuaja con Punta; combinaría mejor con Calamuchita o un modesto balneario de la costa argentina. Ese es el límite que impone el pensamiento dominante. Y que todavía nos domina. Un rico privado va adonde se le da la gana, incluso-si se encapricha- adonde van los pobres. Podría echar su reposera de oro en la orilla de una Tosquera. En cambio un líder social y popular debe responder de dónde saca sus recursos, sobre todo si es responsable de recursos que recibe del Estado. En el primer peronismo las clases trabajadoras poblaron de chancletas la Mar del Plata patricia y refinada y los hoteles antes palaciegos fueron colmados por los más sencillos afiliados a los gremios ¡Horror oligárquico! Tanto atrevimiento les causó pánico. También al medio pelo. Como ahora. En esos tiempos y en coincidencia de militancia y de clase, Perón y Evita veraneaban en Chapadmalal no en el Caribe. Milagro Sala tocó un lugar simbólico que la dejó vulnerable. Sé que su obra y tanto pelarse el culo en Jujuy le da resistencia y curricula para no doblegarse. Pero liderazgos como el de ella exigen-según el estereotipo de la opinión pública instigada- algún tipo de armonía, aunque esto sea arbitrario. A Milagro en un balneario sin prosapia, de familia clásica y de pic nic no la hubieran manipulado y tergiversado. Ese estuche es el apropiado a su estatus. El Conrad no. Es una paradoja de su lucha; es un cotrasentido de su sentido. Por eso el emblemático verano oriental del poder económico argentino dominante rechaza esas intromisiones que lo discuten. No sé si el entorno de Milagro es consciente o inocente acerca de esto. O acaso ella asume enteramente esta aparente contradicción escénica como un acto de desplante y autoestima. Después de todo hacer caca en un sanitario del Conrad ¿no empareja las deposiciones de una colla y de una millonaria de glúteos de plástico? ¿Y además por qué una colla no puede estar ahí si se le canta? Puede. Pero la duda es si eso no traiciona su mensaje. Sé, presumo que si Milagro se resigna a los límites que le impone el criterio dominante (y que la eximiría del chusmerío mediático) cede a favor de su estereotipo; pero que si tiene el coraje de rebelarse, comete sacrilegio ideológico. Se arriesga. Contradice su credo. Para ser justos: por eso la mayor parte de los representantes del gobierno se quedan en las playas del país y nada de tirar caracolitos al techo o al mar. Saben los riesgos de exponerse si cruzan del barrio popular al exótico. Si en lugar de sombrilla al hombro disfrutan de un parador top con servicio de trago largo servido por camarera en topless en la hamaca paraguaya. Ellos saben que sus papeles actuales no les permiten el caviar aunque pudieran comerlo. Solo por ser captado en una foto descorchando una botella de champán en la playa el funcionario queda sin siquiera sunga en el umbral del escarnio. La sociedad es también proporcionalmente hipócrita. Imagino que si a cualquiera de los que hacemos 6,7,8 nos "pillaran" comiendo sushi en un restó con velas, y en la puerta del restó hay un chico de la calle rogando monedas, y nos "cazan" saliendo alegres e ignorándolo porque ya le dimos monedas al entrar, nos caerían encima como pirañas. Al atacar a Milagro Salas se trata de matar el idealismo. ¿No la ven? Trabaja de pobre y vacaciona de rica. Los pensamientos no tienen clase social: tienen sustancia o vacío.

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