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7 de noviembre de 2010

UN TÉRMINO MUY UTILIZADO Y POCO CONOCIDO

Populismo: Un nuevo fantasma recorre el mundo

                                      *Por José Luis Muñoz Azpiri (h)

Satán – Perón es el compendio de todos los males que a sufrido el país. Así lo proclamó la Sra. Thatcher cuando vociferó: “¡La culpa la tiene Perón, que les hizo creer a los argentinos que las Falklands eran de ellos!” y lo confirma la morocha Condolezza Rice cuando acusa al General de haber ejercido un “populismo antidemocrático”. Por supuesto no faltó el corifeo de alcahuetes nativos que se hicieron eco de estas Gorgonas actuales, para recordar, de paso, el calvario sufrido bajo el gobierno de la turba demagógico-populista, con los remanidos argumentos de siempre (Nélida Baigorria, “Retorno al pensamiento único”, La Nación, 28/5/07, Marcos Aguinis, “El hipnótico modelo populista” Ibíd.26/607.)

Se ha dicho que el populismo no es una doctrina precisa, sino un “síndrome”. En efecto, al populismo no le corresponde una elaboración teórica orgánica y sistemática pues su fuente principal de inspiración y término constante de referencia es el pueblo considerado como agregado social homogéneo y como depositario exclusivo de valores positivos, específicos y permanentes. Por este motivo, el populismo ha sido objeto de desprecio por las ortodoxias decimonónicas y de principios del siglo XX, que proclamaban la fatalidad del  enfrentamiento de clases. Al basarse en el postulado de la homogeneidad de las masas populares, el populismo se diferencia radicalmente no sólo de los movimientos de clase, sino también de los movimientos interclasistas. El interclasismo, de hecho, no niega las diferencias de clase, aunque intente conciliarlas. El populismo, por el contrario, las niega. Para el populismo la división está entre el “pueblo” y el “antipueblo” Categorías, si se quiere, más emocionales que racionales, pero que surgen cada vez que se asiste a una rápida movilización de vastos sectores sociales, a una politización intensiva al margen de los canales institucionales existentes. El populismo, de este modo, renace en los movimientos de contestación y no solo en el mito de los “pueblos jóvenes” (reminiscencias de otras fórmulas anteriores como “pueblo de campesinos”, “pueblo de trabajadores”, “pueblo de combatientes, “pueblo de soldados”, etc.), sino en la reformulación, a veces extrema, de determinados elementos de tipo tradicional (la tradición revolucionaria en Francia, la tradición socialista en Italia, la tradición anárquica y libertaria en España, el folcklore guerrero en Japón, la tradición “jeffersoniana” en los Estados Unidos).

La apelación a  la fuerza regeneradora del mito – y el mito del pueblo es el más fascinante y el más oscuro al mismo tiempo, el más inmotivado y el más funcional en la lucha por el poder político – está latente incluso en las sociedades más articuladas y complejas, mas allá del equilibrio pluralista, dispuesto a materializarse súbitamente en momentos de crisis.

En los Manuales y diccionarios de Ciencia Política puede leerse sobre el populismo: “...individualizado un grupo o sistema (raza, oligarquía, establishment, etc) en enemigo nacional, es posible pensar en alguien capaz de representar de un modo total al Pueblo en una unidad política contrapuesta, que posibilite la derrota o rendición de aquel enemigo”. Para Peter Worley, el populismo es “la ideología de la gente del campo amenazada por la alianza entre el capital industrial y el capital financiero”, para Edward Shils el populismo “se basa en dos principios fundamentales: la supremacía de la voluntad del pueblo y la relación directa entre pueblo y liderazgo.”

Hay quienes lo confunden con los llamados “rebeldes primitivos”, curiosa definición de sociólogos extraviados del Hemisferio Norte sobre los piqueteros o con una especie de democracia directa y romántica. Es que en realidad esta definición es una suerte de pastiche que tiene tantos significados como autores la proclaman. Pero lo cierto es que no es una ideología preestablecida de reproducción uniforme desde el gobierno, como pretenden hacer creer ciertos comunicadores funcionales al poder corporativo Es preciso tener presente que el concepto de pueblo en el populismo no está razonado sino más bien intuido o apocadípticamente postulado como la frase de Evita: “Un día sabiamente dijo Perón que el país, tras haber pasado de un jefe a otro y habiendo conocido todas las bellezas y maravillas, al fin termina por encontrarse con su más grande y alta belleza: el pueblo” Es decir el mito, mas allá de una exacta definición terminológica, a nivel lírico y emotivo. El populismo, en gran parte, tiene una matriz más literaria que política o filosófica, y en general, como plantea Ludovico Incisa di Camera, sus manifestaciones históricas vienen acompañadas o precedidas por iluminaciones poéticas, de un reconocimiento y de una transfiguración literaria de cualidades y de supuestos valores populares: la poesía de Walt Whitman en los Estados Unidos, los eslavófilos en Rusia, la Generación del 98 en España, etc.

Dado que es un modelo de organización, y no un modelo ideológico, el populismo puede ser de variado signo o, como plantea Antonio Cafiero, como el colesterol: bueno, malo o regular.

De la experiencia histórica surge que hay populismo de derecha, de centro o de izquierda, populismos totalitarios, populismos demócratas populares y hasta populismos social- demócratas. Lucio Garzón Macera enumera algunos: narodnichensko rusos, campesinos norteamericanos, ambos a fines del siglo XIX;  Napoleón III en 1851 en Francia, el general Boulanger en ese mismo país en 1884, y siguiendo Francia el Movimiento Poujadista a favor de justicia impositiva y el de Le Pen y la inmigración, los jóvenes turcos, con Kemal Ataturk, Alemania e Italia, Hungría y Rumania en los años 20, las recientes experiencias italianas de la Liga del Norte y algunos caracteres de la Forza Italiana de Berlusconi, el Partido Popular Noruego y el Partido del Pueblo de Dinamarca. En nuestro continente: el APRA en su primera etapa, el MNR Boliviano, el Varguismo en Brasil, Ibáñez del Campo en Chile y los nuestros, el Yrigoyenismo en el primer gobierno y el Peronismo del 45, éste último con la característica particular de haber integrado la fuerza inicial con instituciones sociales pre-existentes, como lo fueron los sindicatos.

Pero como representación, como expresión genuina del pueblo, siempre se evocó al sector social aparentemente menos contaminado por influencias externas y éste no era otro que el sector rural: el Mujik ruso, el campesino-soldado alemán exaltado por Jünger y Walter Darré, el farmer-pionner norteamericano y otros. Aunque el sector rural, aún siendo en general privilegiado por esta corriente de opinión, no es excluyente: en un país con un fuerte índice de concentración urbana, el pueblo puede estar formado por masas de trabajadores. Como prototipo, como síntesis simbólicas de las virtudes populares, puede ser escogido un elemento social marginal como el chulo madrileño para algunos teóricos de la Falange o simplemente el combatiente para varios movimientos populistas de la primera posguerra europea, o bien el joven como tal en ciertos movimientos de los años 30. En nuestro caso, al proponer como modelo del pueblo argentino aldescamisado, el peón del suburbio, Eva Perón afirmó: “Descamisado es el que se siente pueblo... Esto es importante – añadía – sentirse pueblo, amar, sufrir, gozar como lo hace el pueblo, aunque no se vista como el pueblo, circunstancia puramente accidental”.

Destaca Incisa di Camerana que el arquetipo del campesino castellano o rumano incluye al jornalero, al pequeño propietario, a la burguesía intelectual de provincias y también a elementos aristocráticos. El populismo excluye la lucha de clases, afirma Willis que “es fundamentalmente conciliador y espera transformar el sistema, raramente es revolucionario”.

Sin embargo, quienes agitan el parche del populismo como peligroso factor de desestabilización de las frágiles democracias del subcontinente, siempre omitieron referirse al bloqueo cubano, la desembozada intervención en la mayoría de las países de Centroamérica, la responsabilidad del gobierno norteamericano en la instalación de las sangrientas dictaduras de la década del 70, el endeudamiento crónico, la más fabulosa transferencia de ingresos y la pauperización de la totalidad de nuestros países.

Tal, el caso de Marcos Aguinis, quien, en el artículo citado al comienzo, asevera que “Ningún régimen populista ha logrado (o ha querido seriamente) acabar a fondo con la pobreza, estimular una educación abierta ni desmontar el fanatismo. Sus programas no responden a un desarrollo sostenido y firme. No le interesan los derechos individuales ni la majestad de las instituciones republicanas. Por el contrario, exageran el asistencialismo mendicante, imponen doctrinas tendenciosas y exaltan diversos tipos de animosidad para conseguir la adhesión de multitudes carenciadas, explotadas, resentidas o enturbiadas por la confusión”. A continuación, para apuntalar su homilíada moralista, cita a un curioso personaje, Armando Ribas, natural de la isla de Cuba, quién, en el momento de abordar el avión del exilio, cometió el error de subir al que venía a Buenos Aires y no el que salía para Miami. Este “orientado” analista también se despacha con argumento similares a
los de los “Cuatro idiotas latinoamericanos” que Juan Gabriel Labaqué destazó impiadosamente.

         Si ha habido históricamente un peligro para las democracias latinoamericanas en los últimos treinta años y un pavoroso avance de la indigencia, no ha venido del populismo sino del neoliberalismo. José Alfredo Martínez de Hoz, hubiera sido imposible sin Videla y los Chicago Boys en Chile necesitaron de la dictadura de Pinochet para aplicar sus recetas. Lo que ocurre, como destaca Ernesto Laclau, es que todo régimen cuya vocación democrática lo lleva a incrementar la participación popular, necesita ensayar formas institucionales nuevas que socavan los moldes del liberalismo oligárquico. Distintos contextos nacionales combinarán de modo diverso la dimensión institucionalista y la popular-participativa, pero ambas estarán siempre presentes en cierta medida.

         Y concluye, “Existe populismo siempre que se interpela a las masas para que se constituyan en actores colectivos por fuera del aparato institucional. No hay que olvidar que los aparatos institucionales de los países latinoamericanos fueron seriamente quebrantados por dos experiencias sucesivas y desastrosas en los últimos cuarenta años: las dictaduras militares y el auge del neoliberalismo. En tales condiciones los sistemas políticos de la región sólo podían reconstituirse en dos direcciones diferentes: o bien consolidando el consenso de Washington, lo que hubiera conducido a regímenes tecnocráticos, con base social débil y, aunque formalmente liberales, altamente represivos en sus prácticas o bien avanzando en la dirección de democracias populistas”.

         Hoy, mal que le pese a los talibanes de la economía que desahogan sus fobias en el suplemento dominical de La Nación, la economía argentina se ha recuperado de la crisis más dramática de su historia, resistiéndose a las recetas del FMI, fortaleciendo el MERCOSUR y no dejándose embaucar por los cantos de sirena del ALCA. Acertadamente, afirma Carlos Campolongo, que los intercambios lingüísticos nunca son inocentes, son el principio de la acción.

Publicado en “Movimiento” Nº 3 Primavera de 2007. Pero mantiene vigencia teniendo en cuenta la reiteración de inexactitudes y desatinos respecto al término “populismo” que se siguen proclamando y publicando.

QUE MEREZCAN PARECERSE A NUESTROS PUEBLOS

*Por Alberto Nadra

Nuevamente el invalorable aporte de Oscar 
Hay una sentencia que viene atravesando los siglos, infaltablemente en boca de políticos conservadores: “Los pueblos tienen los gobiernos que se merecen”. En el siglo diecinueve la escribió Joseph de Maistre (quien, paradójicamente, proponía como mejor forma de gobierno la monarquía hereditaria); a principios del siglo veinte, poco después de mandar a reprimir a sangre y fuego un levantamiento anarquista en Barcelona, la pronunció Antonio Maura, ministro de la monarquía borbónica; en octubre de este año, durante una entrevista concedida en Caracas, la volvió a echar al aire el flamante premio Nobel de Literatura Mario Vargas Llosa.
A nuestro juicio, la frase contiene un prejuicio elitista y antidemocrático. Es la idea de que los pueblos -o las mayorías electorales- a menudo “se equivocan” y que hay intelectos privilegiados llamados a hacer “revoluciones desde arriba” (así las llamaba el citado Maura) para que luego desciendan cual maná celestial, cambiando el estado de las cosas.

André Malraux, ex comunista francés que llegó a ser ministro de De Gaulle en los ’50 y ‘60, supo darle un giro elegante a la frase y escribió que “los pueblos tienen gobiernos que se les parecen”.Cristina Fernández de Kirchner citó implícitamente a Malraux cuando dijo en su discurso ante la asamblea de la ONU en Nueva York (22/9/2008) que “en América del Sur comienzan a surgir gobiernos donde sus gobernantes se parecen cada vez más a sus pueblos".

Compartimos el concepto de Malraux y también la cita de Cristina, aunque aclaramos que lo importante no es el parecido físico que Cristina, Lula, Evo Morales, Rafael Correa, Fernando Lugo y Hugo Chávez -por nombrar algunos- tengan con sus pueblos y con las respectivas historias de sus pueblos, sino el parecido moral y espiritual.


Importancia del día después

Hechos esperados y otros inesperados, en la política de los países americanos, dieron especial intensidad a las últimas semanas. Entre los esperados se cuentan la derrota del presidente Obama en las legislativas de mitad de mandato y el arrollador triunfo de Vilma Rousseff, una mujer, en las presidenciales brasileñas. Entre los inesperados, elegimos el accidente y rescate de los mineros de Copiapó en Chile y el fallecimiento del ex presidente Néstor Kirchner, que enlutó a nuestro país. En todos estos hechos hubo un día después, y creemos que es allí donde deben encontrarse los signos, visibles o invisibles, de los cambios.

La Presidenta de la Nación, en su primer mensaje al país después de los funerales de su esposo, habló del dolor, del profundo dolor, como una sensación nueva instalada en su vida; agradeció las condolencias y mensajes de apoyo recibidos y anunció la voluntad de continuar en el rumbo político que hasta el pasado miércoles 27 de octubre compartía con su marido y compañero. En ese compromiso y ese gesto -para usar la metáfora- Cristina se parece a su pueblo.

El rescate exitoso de los mineros atrapados en Copiapó, televisado y relatado en directo a todo el mundo en septiembre y octubre pasados, fue la coyuntura inesperada que le reveló al pueblo chileno la capacidad de gestión y los buenos reflejos del flamante presidente neocon, Sebastián Piñera. Y aunque después del carnaval de fotos y abrazos Chile haya vuelto a su realidad de fragmentación y lucha de clases, podría decirse que en la coyuntura hubo un puñado de “héroes” (empezando por los mismos mineros) que se parecieron a su pueblo.

En Brasil, un presidente que se parecía muchísimo a su pueblo (ya que de tornero mecánico y delegado sindical en el cordón industrial de San Pablo llegó hasta la primera magistratura y se mantuvo con altísima popularidad a lo largo de ocho años) delegará este primero de enero de 2011 el mando en una mujer militante, de bajo perfil y de su mismo partido, que obtuvo el domingo pasado la mayor cantidad de votos que haya tenido presidente alguno del Brasil, en toda su historia.

Hija de un comunista exiliado y militante de izquierda ella misma, encarcelada y torturada en tiempos dictatoriales, Dilma Roussef es un exponente de los nuevos cuadros políticos de la región sudamericana y un anuncio de la nueva dirigencia que se está formando, tanto dentro como fuera del Estado. A su modo, Dilma también se parece a su pueblo.

Finalmente, el gobierno de Barack Obama -primer presidente negro de los Estados Unidos- enfrentó este martes la dura prueba de las elecciones legislativas de mitad de mandato y su partido, el Demócrata, debió conceder al Republicano más de 60 bancas que antes tenía en la Cámara de Representantes (equivalente a Diputados), lo mismo que algunas gobernaciones de distritos netamente industriales.

El Partido Republicano usó con astucia la emergencia de un movimiento nostálgico y racista denominado Tea Society, que agitó los fantasmas de “pérdida de la identidad” en el pueblo norteamericano a causa de la inmigración masiva y descontrolada. Este revés electoral impulsó al presidente Obama a renovar su oferta de trabajo conjunto a las bancadas opositoras (ya que las diferencias, como todos sabemos, son sólo de matices).

No importa el color o el acento de sus presidentes, un hecho innegable del último medio siglo norteamericano es el ascenso social y político de las minorías negras e hispanas, ocupando lugares de creciente responsabilidad en la administración federal y en la de los Estados. No es aventurado decir que también en los Estados Unidos, centro generador del capitalismo mundial, los gobernantes son cada vez más parecidos a su pueblo.


La justicia, en lista de espera

Sugerimos al comenzar esta nota que los gobernantes de nuestra región -como los del resto del mundo contemporáneo- se parecen cada vez más a sus pueblos. Lo reiteramos aquí: se parecen. Pero la semejanza no es coincidencia. Y acaso no haya nunca coincidencia, puesto que las formas republicanas aceptadas para el gobierno de una sociedad de masas exigen delegación yrepresentación de la voluntad popular. Y puesto que el capitalismo y el poder económico concentrado, en los distintos países, ha desarrollado distintas formas de burlar el mandato de las bases (y por eso hay travestismo político, y cooptación de dirigentes, y corrupción). A la vez, el ascenso de las organizaciones sociales y de las nuevas organizaciones sindicales y políticas, nos habla de la aparición de un auténtico cuarto poder, que balancea la influencia de los lobbies mediáticos y que impulsa y sostiene el proceso de reforma de las viejas instituciones.

En el “día después” que debe afrontar Cristina, como en el de Sebastián Piñera, el de Dilma y el de Barack Obama, aparece la gran deuda de justicia, una deuda que no ha sido debidamente escrita ni formulada en los programas. Es la deuda con los niños y los viejos. Con los postergados de los sucesivos modelos. Con los indocumentados, los tercerizados, los inmigrantes esclavizados. Con todos aquellos que permanecen relegados en la cara oscura, invisible salvo excepciones, del sistema. En el compromiso real para cambiar y para seguir cambiando el estado de las cosas, hacia un renovado horizonte de justicia e igualdad, veremos si los actuales gobernantes se parecen más, se parecen menos o siquiera son dignos de parecerse, moral y espiritualmente, a nuestros pueblos.

LA MODA DE DARSE CUENTA

*Por Orlando Barone


Nunca es tarde para darse cuenta de que se llega tarde. De pronto aparecen confesiones personales públicas que reconocen haber desconfiado y descreído de las políticas de Kirchner, pero que ahora las aceptan o las reivindican. Arrastrados por la fuerza del intenso colectivo que rindió tributo al muerto, referentes y comunicadores de la izquierda más arisca y siempre rumiante, declaran que nunca le habían creído a este Gobierno pero que ahora sí. Muchos de ellos le habían creído en cambio a los sojeros y hasta le creyeron más a Redrado que a Marcó del Pont. Eso no lo entiendo. Tampoco que creyeran desde la izquierda que Menem y Kirchner eran un solo corazón. Erraron todo, todo el tiempo. Le creyeron más a la derecha que a Néstor Kirchner. Ya ahitos de sus propios narcisismos indómitos y ante el riesgo de perder definitivamente el colectivo popular y quedarse solos criticando en las reuniones o en las cuevas de las sectas, se animan al fin a subirse al colectivo. Nadie los va a hacer bajar. Todavía hay lugar aunque no deberían ilusionarse con asientos. Lo que sí me llama la atención es que sus arrepentimientos y corregimientos los hagan en el escenario y exigiendo focos de luz, en lugar de arrepentirse modestamente y sin bambolla. El que descubre que pecó no debe ser arrogante si decide reconocer su culpa. No se puede ser estrella en el teatro de la discordia y querer seguir siendo estrella en el de la concordia y llegar lo más campante como si hubiera que esperarlos. Lo digo porque veo que ahora que el colectivo va pasando y circula con la cinta del luto todavía tibia, hay más demandas de pasajes. Y pasajeros que antes no lo tomaban porque soñaban un colectivo más izquierdo y perfecto y selectivo, ahora empiezan a tomarlo. Solo les pido más humildad: haberse equivocado tanto- cuando más se requería apoyar al gobierno y confiar en que los sapos eran parte de la naturaleza de la fauna- requiere un más largo proceso de desintoxicación. Está bien el corregimiento. Pero no con ditirambo. No es fácil confiar en quienes desde la izquierda o desde lo popular se subieron por la derecha al palco del campo. Y anduvieron diciendo que Kirchner no era auténtico cuando se decidió a luchar por reivindicar a las madres, a las abuelas y a los hijos apropiados. Rezar un rosario de culpas tardío no produce la súbita santidad. Pero el colectivo es grande. Hay espacio. Suban, pero no empujen.

PULSO SINDICAL DEL 23 AL 02 DE NOVIEMBRE DE 2010




Comienzan a aparecer las primeras propuestas para mejorar la seguridad laboral. Moros y cristianos coinciden en que es necesario “hacer cambios a la institucionalidad vigente, los procesos de fiscalización, el trabajo dentro de las empresas y también en el rol de las mutuales de trabajadores”. Todos los actores - bueno esos actores con los que se construye opinión pública y que no necesariamente representan al pueblo - coinciden en anunciar su disposición para que casos como el de la mina San José no se vuelvan a repetir.
Nosotros decimos que eso es imposible. Mientras subsista el actual sistema de explotación y abuso hacía los trabajadores, es imposible que mejoren las condiciones de trabajo y así evitar accidentes, heridos graves y victimas fatales.
Como sucede con cada comisión o grupo de trabajo que se generan cada vez que la ambición desborda el saco o nos golpea una catástrofe natural, las propuestas seguramente morirán victimas de la burocracia en alguna dependencia gubernamental, o en el mejor de los casos se aplicará una cuota extra de maquillaje a la actual normativa, que es la que conviene a los intereses del capital. Que es lo que falta entonces?.
Simple y compleja es la respuesta a esta interrogante. Lo que falta, en nuestra opinión, es que los directos afectados sean capaces de elaborar de una buena vez una propuesta, que ponga término a los abusos y las consecuencias de estos, por la vía de cambios profundos a la legalidad. Pero también, y por ser lo anterior una tarea de largo aliento, se debe promover cambios inmediatos que debiliten las causas de los accidentes.
Para esto no nos servirá la disposición – para la galería – de las autoridades de gobierno y los parlamentarios. Ellos solo buscan sacar resultados que sirvan a sus proyectos y carreras y no tienen interés en terminar con el estado actual de cosas. Bastante tiempo han tenido para hacer los cambios que se necesitan y no han dado ni darán pasos en esa dirección. No cambiaran el modelo que les permite las granjerías de las que disfrutan.


Desde hace bastante tiempo que venimos fijando la atención sobre lo que llamamos modificaciones básicas. Hay que exigir por la vía de la unidad en la acción con movilización activa, una reforma al Código del Trabajo que permita el pago inmediato y total de los finiquitos (ver caso de los mineros de San José que estuvieron enterrados) así como el pago cada 30 días de las remuneraciones y el termino de la declaración y no pago del descuento de AFP y Seguro de Cesantía (ver caso de los trabajadores de Transaraucarias).
Lo mismo queda para los contratos de tiempo parcial. No es un secreto que miles de trabajadores están cumpliendo con 2 y hasta 3 empleos por día, ahí tenemos muchas potenciales victimas de accidentes laborales.
No ayuda en esta exigencia de pedir reformas, que siga siendo considerado como elemento de modificación al Código del Trabajo, la llamada adaptabilidad laboral. Aumentar la carga de horas de trabajo diarias, provocará mas cansancio, mas agotamiento y por supuesto que traerá aparejado mas y mas accidentes laborales.
Son comunes los accidente carreteros, la amputaciones de dedos, esguinces y todo tipo de lesiones musculares. Detrás de cada lesión o accidente esta la explotación como elemento principal.
Con eso es lo que hay que terminar. La propuesta y la respuesta debe venir del sindicalismo, de ese sindicalismo que se define de clase.


Uno de los objetivos del Pulso es promover y saludar iniciativas de gestión sindical, Por eso queremos destacar la labor desarrollada en el colegio Alma Mater.
Ellos en parte de su comunicado entregado a mediados de esta semana, al termino de su huelga, expresan:
“El esfuerzo mancomunado de estudiantes, apoderados y trabajadores de nuestro Colegio ha permitido poner término en forma exitosa a la huelga y paro activo de nuestro establecimiento educacional. La pretensión, por parte del sostenedor, de convertir nuestro Colegio en un “Mall Educacional” y a nuestros alumnos(as) en “clientes”, chocó, desde el primer momento, con la actitud firme y unitaria de la Comunidad Educativa en defensa de una EDUCACIÓN de CALIDAD y DIGNA.
…Estimados amigos, compañeros de lucha, a todos y cada uno de ustedes todo nuestro agradecimiento. Logramos con UNIDAD y MOVILIZACIÓN romper el cerco comunicacional hacia los trabajadores.
…En nuestras reivindicaciones económico-laborales, hemos logrado importantes avances, que si bien consideramos insuficientes, la realidad nacional nos indica como una huelga de importantes logros.
Se ha logrado una importante batalla, pero la defensa de una Educación digna para nuestros niños(as) exige aún mucho más y tal vez nuestra experiencia sirva para iluminar, en parte, el camino hacia ello.


Seguimos entonces invitando a los trabajadores, sus organizaciones y a todo aquel que tiene claro que solo la lucha nos ira abriendo el camino, a no descuidar la huelga de Farmacias Ahumada ni la huelga de hambre de los trabajadores de Transaraucarias ( de la que sigue careciéndose de noticias en forma periódica). No puede pasar desapercibo el término de contrato de 126 trabajadores en la Casas de Moneda. Muchos socios de los Sindicatos son victimas claras de la vendetta que se ha producido una vez concluida la huelga en esa dependencia del Estado.
También aprovechamos de invitarles a leer, en nuestra web y otros medios alternativos de información, sobre la grave situación que vive la comunidad de Caimanes, en la provincia del Choapa. Allí “once de sus habitantes se encuentran en una huelga de hambre por ya 29 días en el Colegio de Profesores de la Provincia del Choapa, defendiendo su derecho a vivir en un ambiente seguro y hace 5 días que cuatro de ellos, Juan Villalobos, Jermán Calderón, Claudio Villalobos y Juan Ruiz se encuentran en huelga seca, declarando que van a entregar su vida si es necesario para ser escuchados.


Aprovechamos también para saludar la lucha que en la octava región está dando el Sindicato LER, quienes demandan la continuidad de los programas de emergencia para el 2011. Han entregado cartas a diversas autoridades , viajaron a Santiago buscando sensibilizar y aún no consiguen respuestas. Por eso hay que apoyar y promover la movilización que tienen planificada para los primeros días de Noviembre.


Despedimos este Pulso saludando a todos y cada uno de los integrantes de la CGT por su cumpleaños Nº 29. Se la están jugando y se les agradece. Perseveren, no se desanimen, sigan dándolo todo por la clase, ya que es la opción que han asumido.
La mejor forma de celebrar es recordando, por eso este domingo 31 nos juntamos en la Plaza Estación en San Bernardo para conmemorar el “Día de la memoria y el compromiso sindical”, iniciativa resuelta por nuestro XI Congreso Nacional, que apunta a mantener vivo el recuerdo y la memoria de nuestros lideres y compañeros de lucha.






MANUEL AHUMADA LILLO
Presidente C.G.T.


Visite nuestro sitio: httphttp://www.cgtmosicam.cl/


Gentileza: Luis Tapia

DILMA y CRISTINA

Las dos mujeres que dirigen o se aprestan a dirigir a Argentina y Brasil provienen en línea recta de una de las etapas más difíciles y aleccionadoras de nuestra historia contemporánea y acopian una experiencia de gran riqueza política.


*Por Enrique Lacolla


Las coincidencias y los paralelos en una perspectiva panorámica de la política pueden a veces no ser más que eso: coincidencias y paralelos buenos para jugar a la retórica editorial. O para impregnarla de veneno, deformando las referencias y asimilando cosas incompatibles entre sí. Como hacía las otras noches el Dr. Mariano Grondona cuando comparaba a los jóvenes de “La Cámpora” con los matones de las SA o los Camisas Negras. Pero, aparte de estas estupideces buenas para seducir incautos, la comparación y puesta en relación de personajes y situaciones históricas puede ser iluminante si se la ejerce con responsabilidad y atendiendo a la verdad de los hechos. La presencia de dos mujeres al frente de los dos países que más cuentan en Sudamérica y la noticia de sus orígenes, permiten tal vez hablar de “vidas paralelas” y apreciar mejor la naturaleza de las luchas que han informado a las décadas turbulentas que nos ha tocado recorrer.

Dilma Rousseff acaba de ser elegida presidente del Brasil. Y la presidente en ejercicio de Argentina, Cristina Fernández de Kirchner, se encuentra abocada casi con seguridad a sostener su candidatura para un segundo mandato, como consecuencia de la muerte de su esposo Néstor, en principio el candidato natural para reemplazarla al frente de un Ejecutivo cuya dirección venían ejerciendo casi en tándem desde 2003.

El hecho de que sean dos mujeres las que se encuentren en la cúspide del poder en Brasil y Argentina no puede ser reducida, evidentemente, a una curiosidad relativa a una cuestión de género; aunque sin duda es indicativa del avance revolucionario de las mujeres en la ocupación de espacios en la cosa pública, síntoma a su vez de una transformación profunda y en progreso de las coordenadas que rigen la vida familiar en las sociedades modernas. Pero el dato fundamental es el de que ambas pertenecen a una generación que conformó la vanguardia juvenil que pretendió hacer una revolución utópica en las décadas de los ’60 y ’70, que pagó un precio atroz por hacerlo y que generó también, sin quererlo, un desastre mayúsculo al cortarse sola en una aventura “foquista” que no se asentaba sobre bases sólidas y en algunos casos ni siquiera existentes. En Argentina ese proceder supuso el naufragio de un movimiento popular en ascenso que no compartía los criterios militaristas de esa supuesta vanguardia y terminó sumergido por la brutal ola represiva que encontró su pretexto en la supresión de la guerrilla.

La derecha recalcitrante intenta echarles en cara ese pasado turbulento a las dos figuras a que nos referimos. No nos guía ese propósito, naturalmente. La militancia de Cristina Fernández y de su esposo fue, por otra parte, marginal a las organizaciones armadas. No cabe decir lo mismo de Dilma Rousseff, que aparentemente se encontró más imbricada en sus mecanismos. La presidente brasileña en ciernes pasó dos años en prisión y fue torturada por los represores, ganándose el mote de Juana de Arco por su resistencia y su negativa a revelar datos que pudieran comprometer a sus compañeros.

Pero lo de veras valioso de este paralelo es que resulta indicativo de una evolución generacional que a su vez implica una maduración psicológica afín con una verdad sociológica e histórica que por fin se está abriendo paso: la imposibilidad práctica de lograr el progreso y la soberanía sin la unificación de América latina y sin procurar ese objetivo a través de una metodología flexible, que tenga al Estado como ordenador del desarrollo y a las masas populares como principales protagonistas y beneficiarias de este.

Tanto Cristina como Dilma y los hombres a los que se encuentran o han encontrado más ligadas afectiva y/o políticamente, Néstor Kirchner y Lula da Silva, se corresponden a este propósito, arrancan del mismo venero generacional y resultan maestros en esa tarea de gestión dedicada a controlar con mucha muñeca pero con mano firme un decurso difícil pero inexorable: el que debe acercar a una colaboración regional que prefigure una unidad confederal que acabe con el factor clave de la dominación imperialista en el subcontinente, la balcanización.

Proseguir esta tarea supone llevar adelante una ofensiva contra el establishment que vaya royendo los instrumentos de los que este siempre se ha servido para controlar los avances populares. La tarea informativa y la formación histórica e ideológica son esenciales para ir logrando ese cometido. Desde luego que acompañando siempre el discurso con realizaciones prácticas que confirmen su validez. Dada la presencia de un aparato cultural, comunicacional y político de raíz cipaya, que tiene fuerte impacto por su masividad en un gran sector del público, no se trata de una tarea fácil. Pero está en curso y hay que sostenerla con vigor.

Muchos de los factores que en el pasado jugaron en contra de este propósito en Argentina y en Brasil han perdido su peso o, afortunadamente, han modificado su composición. La compleja y con frecuencia funesta gravitación que las Fuerzas Armadas han tenido en nuestros países se ha alterado a partir de las tremendas experiencias de los años ’70. En Argentina no sólo la masa del pueblo percibe a los procedimientos de esa época como una aberración, sino que las mismas Fuerzas Armadas ya no se conciben a sí mismas con el criterio arrogante y despótico que las deslegitimó cuando insurgieron contra gobiernos populares o cuando se convirtieron en el martillo que aplastó, de manera inmisericorde y sin tomar en cuenta el objetivo que realmente servían, a las formaciones armadas de la ultraizquierda. El imperialismo y la burguesía rural y comercial que siempre se ha sentido mancomunada con él y le ha servido de agente activo, se valieron de ese martillo y de los errores de sus enemigos para desarticular a las fuerzas populares. Luego arrojaron a los que habían fungido de verdugos como a un limón exprimido y prosiguieron esa acción de acuerdo a su propia lógica, fundada en el recurso a instrumentos constitucionales vaciados de contenido y dirigidos a devastar un campo nacional que había quedado tan traumatizado como indefenso.

El punto de inflexión

Este proceso terminó después de la quiebra del experimento neoliberal. Durante el mismo las fuerzas políticas se deslegitimaron tanto (aunque de otra manera) como lo habían sido las fuerzas armadas. El campo quedó en barbecho para entonces, pero si había sido arrasado estaba listo para sembrar de nuevo en él. Aunque transidas y vacilantes, varias sociedades latinoamericanas encontraron el camino hacia su reconstrucción, que por fuerza debía pasar por la reconstrucción del sentido nacional del Estado. La emergencia de los Chávez, Lula, los Kirchner, Evo, Correa o Lugo no es comprensible sin ese terrible aprendizaje. De allí emergieron estos nuevos protagonistas, con diferencias entre sí, con virtudes y debilidades, pero unidos por su sentido de la responsabilidad frente a sus pueblos y por una percepción común, aunque en distintas gradaciones, de la necesidad de afrontar la cuestión nacional latinoamericana.

Esto es lo que se ha venido cumpliendo en Sudamérica desde fines de los ’90 para acá. Y el proceso ha cobrado velocidad. ¿Alguien podía suponer en el 2000 que en el 2005 el Alca, el Acuerdo del Libre Comercio para las Américas que prohijaba Bush junior, iba a ser rechazado de la manera categórica en que lo fue durante la Cumbre de Mar del Plata? ¿Se podía imaginar por entonces que Venezuela, Argentina y Brasil habían de estrechar lazos de la manera en que lo han hecho y que incluso existiesen proyectos de desarrollo de sistemas de armas conjuntos entre Argentina y Brasil? ¿Se podía concebir que el instrumento de concertación surgido de las nuevas circunstancias, la Unasur, iba a reemplazar a todos los efectos prácticos a la OEA y a actuar como bombero capaz de circunscribir el fuego atizado por el imperio en el diferendo entre Ecuador y Colombia, así como a impedir el estallido y fragmentación de Bolivia, azuzados también por Estados Unidos?

Frente a este importante desarrollo tenemos alineada a una coalición heteróclita. En la Argentina encontramos en ella, como sucediera tantas veces en el pasado, a la ultraizquierda que se dice marxista -pero que objetivamente sirve a los intereses del establishment-; a un pulular de personalidades que se agita por motivaciones egotistas o por la procuración de prebendas de corto alcance, y más allá, en el fondo, a la presencia tentacular del núcleo del sistema organizado en la banca, los pool de la siembra y los medios de comunicación monopólicos. Esta amalgama es fuerte, aunque no cuenta de momento con el instrumento armado del que se valió en el pasado para procurarse la victoria después de haber desorganizado y desestabilizado lo suficiente al escenario social.

La fuerza del sistema oligopólico que nos ha oprimido está en la inercia. Hay que romperla. El sistema quiere que nada cambie. No dispone de otra idea. Quiere mantener cueste lo que cueste la relación simbiótica con el imperialismo, que le ha dado hasta ahora enormes ganancias recolectadas sin mayor esfuerzo, aunque la persistencia en esta postura debería evidenciársele imposible, pues las dimensiones de las sociedades sobre las que esa ecuación operaba con éxito (con éxito para quienes la formulaban, desde luego), se han modificado y se modifican continuamente.

Es por esto que aun hoy persisten en el diseño de esquemas económicos que se fundan en el ajuste. En Argentina el ajuste no es para ellos tan sólo un expediente administrativo; es un símbolo que los explica. Desearían constreñir a esta sociedad a acomodarse a sus propias necesidades; querrían –en la línea de los próceres que creían que el mal que aquejaba a la Argentina era su extensión- regir para un país de unos pocos millones de habitantes, sin tener que lidiar con las necesidades y exigencias de las decenas de millones que se concentran hoy en las ciudades y que requieren de soluciones sociales que no caben en el esquema del monocultivo en el que se formó la mentalidad de la clase dominante.

Estamos pasando por una coyuntura económica internacional que nos es favorable. El dato de la prosperidad económica que distingue al período Kirchner no se debe sólo a esto, por supuesto; hubo y hay una gestión inteligente de los parámetros monetarios que impidió que se siguieran dilapidando recursos y que devolvió al Estado la potestad de la Caja (esa Caja mítica que desvela a la oposición pero que no es otra cosa que la posibilidad de gestionar con un determinado sentido social el capital de los argentinos). De momento hay una valorización de las commodities que debe ser aprovechada para educar, industrializar, diversificar, tecnificar y fomentar el transporte (aéreo, vial y ferroviario) de acuerdo a un plan maestro que tenga en cuenta la integración regional y el bienestar de las masas que deben acompañar al proyecto.

La generación de Cristina Kirchner y Dilma Rousseff, que ha pasado por el fuego de la prueba y el error, está en condiciones de comprender muy bien de lo que se trata. Los que eran jóvenes en los ’70 saben o deberían saber cuáles son los límites del voluntarismo, pero también cuáles son los expedientes con los que es factible reducir al enemigo a la dimensión real de su fuerza social. Debajo de ellos está pujando una juventud nueva, que está descubriendo el país y a su historia. Es tremendamente importante que los jóvenes lleguen a la experiencia política sin explicaciones de compromiso respecto al pasado, sino con una comprensión clara de cuáles son los hechos que los antecedieron y cuál es la perspectiva que se abre ante ellos. De hecho, ellos mismos están procurándosela con el descubrimiento de una militancia que no pasa tanto por la pertenencia a una bandería, sino por la identificación con la causa de la patria.

Tanto Dilma Rousseff como Cristina Kirchner, en países de distinto calado poblacional, deben enfrentar a fuerzas duchas en las emboscadas aleves. La única forma de contrarrestarlas es manteniéndolas contra las cuerdas a través de políticas que refuercen el papel del Estado y, sobre todo en Argentina, de una dinámica desarrollista que las reduzca a sus auténticas proporciones. Para sobreponerse a las presiones originadas desde adentro y desde afuera deberán apelar a la movilización popular cuando ello sea necesario. Y si el Dr. Grondona se estremece y define a esa presencia en la calle –así sea conmovedora y generosa como la de los otros días- como una premonición del fascismo, convendrá sugerirle que mire hacia el Norte y observe el inquietante auge de los candidatos del Tea Party, conglomerado populista de derecha que, ese sí, convoca no pocas reminiscencias de los orígenes del nazismo.



*Perspectivas

LA POLÍTICA SIN NESTOR KIRCHNER

*Por Eduardo Anguita


No se puede soslayar que la sintonía entre Lula y Néstor y Cristina es el resultado de que, por primera vez entre las dos naciones, la relación empezó por la política y no por los aranceles o el tipo de cambio.

Ayer por la mañana, desde la Residencia de Olivos, apenas cinco días después de la desaparición física de Néstor Kirchner, Cristina Fernández, ahora viuda de Kirchner, retomó el timón de todas las actividades presidenciales. Muchos de los ministros y secretarios de Estado escucharon su voz a través del teléfono no bien retomaba sus tareas. Básicamente para decirles, brevemente, que siguieran con todas las actividades tal cual los lineamientos previos al conmocionante fallecimiento del ex presidente. También se hizo tiempo para llamar a Dilma Rousseff, tras su contundente triunfo por más de 12% sobre su oponente José Serra. “Bienvenida al club de compañeras de género”, le dijo Cristina, recuperando el tono coloquial. Cristina, que viajará seguramente a Brasilia el 1º de enero para asistir al traspaso de mando entre Lula y Dilma, recibió a su vez una cordial respuesta: “Te envío un fuerte abrazo por lo que Néstor implicaba para la región, por el esfuerzo que había puesto y por lo que significó para el crecimiento de toda la región.”

Cristina ya está de nuevo en su trabajo. Es tan difícil de dimensionar lo que implicará la ausencia de su marido. Tan difícil como Dilma al frente del Planalto. Dilma es mujer, hija de un inmigrante judío, fue calificada como la Juana de Arco de la guerrilla a fines de los sesentas, conoció la cárcel y la tortura y hoy es la sucesora del presidente operario, hijo de la pobreza y fundador del Partido de los Trabajadores. Ese partido joven va por cuatro años más de gobierno en el país más importante de la región. Por su parte, la presidenta argentina –seis años menor que la brasileña– emergió a la vida política en el peronismo como parte de una generación audaz, que fue diezmada y que desde 2003 es parte insoslayable de la dirigencia argentina.

Brasil y la Argentina habían vivido procesos muy distintos desde sus orígenes. El historiador revisionista José Rosa decía que la transición de Imperio a República en Brasil se había dado gracias a que había una aristocracia capaz de conducir los cambios mientras que en la Argentina, la oligarquía terrateniente era el freno para poder sortear la transición hacia una Nación, pese a haber triunfado en la lucha anticolonial.

Escribió Rosa en Rivadavia y el imperialismo financiero: “Como la clase privilegiada de una colonia se entiende a sí misma como la patria y gobierna en exclusivo beneficio de sus intereses de clase y de sus mandantes de ultramar, no puede ser llamada aristocracia. Carece de la ‘virtud política’, que quería Aristóteles, de interpretar a la comunidad íntegra. No es una clase dirigente porque nada dirige; simplemente medra. Por eso la he llamado privilegiada y no dirigente. No es una aristocracia, sino una oligarquía dentro de la clasificación aristotélica de los gobiernos.”

Rosa, pese a su mirada conservadora, tuvo en común con otros pensadores nacionales su fervor por el rol del peronismo como el fenómeno social y político que podía sacar a la Argentina del atraso.

Nunca la relación entre estos dos países fue sencilla. Más bien compleja y de desconfianza mutua en la mayoría de los gobiernos. Incluso cuando estaban al frente del gobierno de ambos países Getulio Vargas y Juan Perón, los dos presidentes que dejaron una huella indeleble en su identidad política. Vargas estuvo cuatro veces al frente del Ejecutivo, mientras que Perón estuvo tres veces. El primero dejó una huella importante y es una prenda de unidad en ese país, de hecho la fundación que lleva su nombre es el instituto en el cual se forma la clase dirigente brasileña. Por su parte, dadas las características facciosas de esa oligarquía a la que hacía mención Rosa, Perón pasó a la Historia argentina como el líder popular que permitió el protagonismo de los trabajadores. La realidad de estos días muestra que la vigencia del peronismo es mucho más que la inclusión de los derechos sociales. Fue quien sentó las bases del movimiento político que estos días se revitaliza y se rejuvenece. La estatura de Néstor Kirchner como líder político y promotor activo de un Estado de bienestar fue posible gracias al justicialismo, partido del que fue presidente hasta el último minuto de su vida.

No se puede soslayar que la sintonía entre Lula y Néstor y Cristina es el resultado de que, por primera vez entre las dos naciones, la relación empezó por la política y no por los aranceles o el tipo de cambio. El PT y el kirchnerismo fueron las fuerzas políticas de la inclusión de los desposeídos y de la afirmación de los derechos laborales. Pero son, en este momento del mundo, mucho más que eso. Basta reparar en el lugar que ocupan Brasil y la Argentina en un mundo donde los países centrales atraviesan problemas similares a los que vivían décadas atrás los países periféricos. Tanto las naciones europeas como los Estados Unidos, pese al desarrollo industrial y a su liderazgo tecnológico, hoy no pueden dominar a regiones como América Latina. Por el contrario, en esta región se vive una afirmación de la soberanía y solidez en las relaciones entre gobiernos. Lula, que ahora empieza a preparar su retirada del gobierno y Néstor, que se despidió de esta Tierra, fueron dos protagonistas centrales de esta historia. Tanto Cristina –afianzada en el Ejecutivo y con el desafío de liderar el movimiento popular– como Dilma –que en dos meses comenzará a escribir una página trascendental en Brasil– son otras dos figuras centrales del cambio.

BUENOS AIRES. Con el correr de los días, se irá teniendo algo de certezas acerca de cómo es la Argentina sin Kirchner. Ayer, en La Plata, hubo un gesto contundente de apoyo a la presidenta. La provincia más poblada del país, la que más sufrió los efectos de la desindustrialización y de la expansión de villas miserias y asentamientos precarios, mostró un grado importante de madurez política. El gobernador Daniel Scioli, vicepresidente del justicialismo y objeto de demasiadas especulaciones periodísticas, concitó la presencia de 91 intendentes (sobre un total de 134 distritos), entre los cuales estuvieron, por ejemplo, Sergio Massa (Tigre) y Pablo Bruera (La Plata) que no tenían precisamente una relación fluida con Néstor Kirchner. Cabe aclarar que su fallecimiento abrió para cualquier analista serio una cantidad de interrogantes concretos acerca de cómo será el comportamiento de esos dirigentes de cara a posibles reacomodamientos. No faltaron quienes se ilusionaron con un papel descollante de Eduardo Duhalde y Francisco de Narváez en el peronismo bonaerense y que el ariete para ese papel sería el grupo de intendentes que, supuestamente, se encolumnan con Bruera y Massa. El artículo más descarado en ese sentido fue una operación de prensa firmada por la corresponsal del diario El País de Madrid en Buenos Aires, Soledad Gallego Díaz, que apenas murió Kirchner se animó a dar seis nombres claves para entender la Argentina del día después. Además de Duhalde y De Narváez, la periodista española nombraba a Mauricio Macri y a Scioli. Claro, a este lo ponía en primer lugar como la figura emergente, capaz de producir un viraje.

Pues bien, ojalá esta mujer lea las declaraciones del gobernador y pueda dimensionar el acto en La Plata. “El camino iniciado en 2003 no puede tener vuelta atrás de ninguna manera” dijo, y reseñó los logros de Kirchner. Hablaron una docena de intendentes y, dato significativo, lo hicieron ante los canales de noticias que pudieron pasar en vivo el encuentro. Así cada cual puede sacar sus impresiones sobre lo que piensan y dicen los referentes de cada distrito. Muy importante fue la intervención de Fernando Espinoza, intendente de La Matanza, el distrito más poblado de la provincia y que tiene a su referente político, el vicegobernador Alberto Balestrini, incapacitado de ejercer por el ACV que sufrió en abril pasado. Espinoza dijo ayer: “El mejor apóstol de Néstor es Cristina Kirchner. Hay que firmarlo para que quede claro. Claramente tenemos que dejarle las manos libres, absolutamente libres a Cristina. No puede haber condicionamiento. Y esto tenemos que dejarlo expreso claramente. Que no haya ningún lugar a dudas. Todos apoyamos a la presidenta y que ella tenga las manos libres para decidir cómo seguimos. Perón decía que para hacer tortillas, había que romper algunos huevos. Debemos seguir rompiendo los huevos.

*Director de Miradas al Sur.
Tiempo Argentino 02/11/10
 
FUENTE: El Ortiba