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18 de abril de 2010

EL ABOGADO DEL DIABLO



*Por Eliana Valci

La semana pasada, nos encontrábamos algunos de los estudiantes de abogacía de la de la Universidad Nacional de Mar del Plata, en un aula de la Facultad de Derecho, pintada con sugerentes colores rojo y blanco, aguardando al profesor adjunto que dicta las clases de Derecho Procesal Civil y Comercial, quien en la clase anterior nos había pedido que leyéramos la entrevista que Laura Zommer le había realizado a Ricardo Recondo, presidente de la Asociación de Magistrados y Funcionarios de la Justicia Nacional, para el diario La Nación, titulada: “Se silencia a la prensa y después se aniquila al Poder Judicial”.

Desde mi banco me limite a ser una oyente y observadora, cual si estuviese de safari en una jungla, expectante, aunque no deslumbrada porque sabía con lo que me iba a topar.

El profesor comienza la clase, diciendo con sorna: “dejando de lado, la disputa contra el gobierno…qué es lo que dice Recondo?...como loros parlanchines todos recitaron al pie de la letra, lo trascripto en la entrevista. Muy bien!, dijo el profesor, esto es para que vean como funciona la acción procesal y el derecho a la jurisdicción.

Con este criterio es con el que se des-forma a los/as futuros/as abogados/as de la Nación, insertando una única idea en sus mentes: cobrar honorarios a costa de lo que sea y de quien sea, en nombre de la independencia del poder judicial, salvando su buen nombre y honor, echando su propia mugre, debajo de la alfombra ajena.

Continuando desde la óptica de quien observa y escucha, reflexiono…no debería haberse generado entre los alumnos y el docente un debate real?, es decir, que cada uno de nosotros pudiera emitir una opinión al respecto;…o lo que vale es la uniformidad de pensamiento?

Si para Recondo y quienes lo citan, es una obviedad que una relación razonable entre los poderes es el diálogo, es obvio que no les es tan evidente que para dialogar se debe escuchar a la otra parte, que por supuesto no va a opinar de la misma forma, ni se va a “des-informar” con Clarín y la Nación.

Y volviendo al derecho de acceder a la justicia y peticionar frente a sus autoridades, si Recondo y (según él y sus seguidores), la “no peyorativa” corporación judicial, sostienen ser presionados por el Poder Ejecutivo, y que éste a su vez, cercena a la prensa y encima utiliza las causas por violación a los derechos humanos para obtener rédito político…por que no hacen como ciudadanos la correspondiente presentación judicial, al verse afectados sus derechos?...

No debería haber sido más trascendente para el docente hablar del esclarecimiento de los delitos de lesa humanidad cometidos, que justificar a los jueces porque la litigiosidad creció en los últimos 20 años un 500%?

Evidentemente ni para el profesor, ni para los primates con aspiración a gorila (con perdón de la fauna) fue de mucha importancia, ni siquiera se asomaron por sus pensamientos todos estos cuestionamientos, que solo puede hacer quien se abstrae del fenómeno para poder dilucidarlo.

La descripción de esta no tan curiosa situación, es la que se refleja en la realidad de nuestro país, cuyo problema no es la educación, sino cómo y a quiénes se imparte; lo cual rompe con el mito de la independencia, la imparcialidad y la objetividad, de la que todos se llenan la boca, ya que tales preceptos no existen, desde que no existe una única verdad, y mucho menos absoluta.

*Directora Revista Ida & Vuelta


LOS INTOCABLES

(*) Ernesto Laserna 

Para no causar una mala interpretación de esta nota, debo decir como todos y todas las voces han dicho que la marcha en defensa de la Ley de Medios, ha sido un hecho que ha galvanizado la militancia, conformando un arco plural pocas veces visto, y inusualmente sin incidentes entre las organizaciones y sin desmanes, hecho también auspicioso, que seguramente algún día se va a reconocer el grado de tolerancia que han tenido todas las personas que han participado.
Ahora bien, a mi en estas ocasiones me gusta ser un observador de la masa, y me corro hacia un costado para verla y escucharla, lamento decir que esta marcha  NO  dijo ni manifestó por la cuestión de fondo, como siempre se ve el árbol y no se ve el bosque, esta manifestación es el producto de la inoperancia de unos de los poderes, mejor diría del atentado de unos de los poderes a la DEMOCRACIA.-
El poder “intocable” judicial, cuantos fallos absurdos y en contra de los más desposeídos han ejecutado estos jueces, acá seguramente mis compañeros de redacción, van a seguir diciendo: no son  todos los jueces, y en realidad el silencio es complicidad.
Me pregunto  ¿dónde estaban los jueces en la Dictadura? ¿Siguen las cortes de la Dictadura funcionando? …. 32.000 desapariciones dicen y afirman que era un poder genuflexo y que no  actuó, mas actual la pelea que lleva un jubilado por su reconocimiento del 82%, que después que lo pasean asquerosamente, a las tantas sacan una sentencia que cobra su viuda, claro era un  pasivo, lo violaron. No conforme exigen no sea aplicado de oficio a todos.
O sin ir muy lejos la Jueza que habiendo recibido la denuncia de que el Presidente de un Partido Político, era afiliado a otro y no podía ocupar su cargo, lo premia nombrándolo interventor, también es cierto que basta con recorrer los tribunales para ver la montaña burocrática y la mugre en la que se desempeñan sus trabajadores, que también no dicen lo que pasa con la señoría ciega, que en realidad no es ciega….es turra, haragana, maula, ociosa, etc.etc.
Ningún argentino sabe nada de este poder, porque miren se han encargado de decir que se manifiestan únicamente a través de sus escritos, escritos que han sido y son  a favor de la clase dominante, y esto se comprueba fácilmente con ir a los juzgados laborales, podría enumeran cientos de estos atentados a los ciudadanos.
Por la misma razón el presidente del Senado viola la Constitución y el silencio judicial lo premia, no he visto hasta hoy un Juez que se anime a intervenir.
Por eso y volviendo, la cuestión de fondo es este “poder” que nadie revisa y que son la verdad absoluta, los que actúan desde sus despachos en detrimento de la sociedad, en este caso su brutalidad fue extrema, pero me pregunto ¿a los ciudadanos comunes cuantas cosas nos hacen y nadie hace nada?....adonde va después de que lo manosearon en esa montaña burocrática; para decirle tiene razón marche preso.
Asumen cargos vitales, para administrar JUSTICIA, no …..es para ser impunes, ¿quien revisa todos los años que hicieron y como lo hicieron’….NADIE,  los muertos que generaron amparando a la patria financiera con sus fallos, por decir algo, los argumentos que ponen para salvar a los dictadores genocidas de la cárcel, etc, etc.
Buen acto, buena marcha, emblemática justamente en Tribunales, pero acá nos comimos el bosque, como dijo una madre….”pudimos nosotras, que no va a poder el Pueblo”. Es evidente que estamos ante una Casta, que su misión es proteger a los poderosos, es evidente hasta en los sueldos que perciben sin aportar los impuestos que aporta el común de los ciudadanos, es evidente que llegaron al máximo de su brutalidad con esta Ley de Medios, y que la manifestación debería ser porque se revise y se reforme este Poder, ya que, aunque seguramente va a ser así, saquen otro papelito y la Ley se ponga en marcha, para el resto de la ciudadanía NO HAY JUSTICIA……y yo no voy hacer como Martin Fierro , no me voy hacer amigo del Juez.

LO NACIONAL Y POPULAR COMO INSTRUMENTO DE LIBERACION



(*) Norberto Galasso

En un país semicolonial, como la Argentina, entender la cuestión nacional evitará posicionamientos políticos desacertados. La batalla cultural e ideológica, algo postergado por muchos, es central para entender la correlación de fuerzas.

El empleo de categorías liberales para calificar a personajes y partidos políticos, deformación que, en general, acepta la mayoría de la dirigencia, es parte de la discusión ideológica que debemos darnos. Así, se habla en la Argentina de “centroderecha” y “centroizquierda”. Últimamente, un político mediático señalaba que “el centroderecha tiene problemas porque se halla dividido: allí están el PRO, la Coalición Cívica, el Radicalismo, el PJ disidente, el peronismo federal, el PJ, partidos provinciales, el Frente para la Victoria, los radicales K”, más un sector del Partido Socialista y diversas fuerzas prokirchneristas entre las cuales, supongo, incluye a los movimientos sociales, a la CGT y sectores de la CTA prokirchneristas, mientras él se asume como “la centroizquierda” que sería, parece, el SI, el grupo de Martín Sabbatella, Diálogo por Buenos Aires, Proyecto Sur, Libres del Sur y otro sector de la CTA y del Partido Socialista.

Utilizando las categorías del liberalismo conservador oligárquico no habría entonces “movimiento nacional”, ni fuerzas “nacionales y populares”, ni “nacionalismo revolucionario”, ni posición “nacional-democrática”, ni Izquierda Nacional. De este modo resulta que no existe en la Argentina una cuestión nacional y así retrocedemos a la alienación de las viejas izquierdas -Partido Socialista, Partido Comunista y el trotskismo autodenominado “clasista”- convertidas en alas izquierdas del régimen (1945, 1955, Mesa de Enlace Agropecuaria).

Ocurre, sin embargo, que la cuestión nacional recorre toda nuestra historia. Desde 1816, año en que nos declaramos independientes como “Provincias Unidas en Sudamérica”, nuestro país se dividió en dos sectores claramente identificables: por un lado, el bando colonial, que quería hacer Europa en América (libreimportación, endeudamiento externo, política antilatinoamericana, cultura europeizada) y que tuvo a Bernardino Rivadavia y Bartolomé Mitre por principales exponentes, y por otro, las fuerzas populares cuyo proyecto era crecer hacia adentro, mantener la soberanía e integrar la nación latinoamericana (José de San Martín, Manuel Dorrego, los caudillos federales, parcialmente Juan Manuel de Rosas -en la Vuelta de Obligado-, Ángel Vicente “El Chacho” Peñaloza y Felipe Varela). La cuestión nacional deslindaba las aguas, como las deslindó en el siglo XX entre el yrigoyenismo y “el contubernio regiminoso”, y luego el peronismo respecto a la Unión Democrática.

Esa cuestión nacional tenía -y tiene- un doble carácter: la defensa de la soberanía, que implica independencia económica y la consiguiente justicia social, y además, la comprensión de que la verdadera nación despedazada y a reconstruir es América Latina, segunda razón fundamental para ser antiimperialista frente al imperialismo -inglés o yanqui- cuya política balcanizadora significa “dividir para reinar” creando países dependientes, monoproductores, que mirasen hacia los océanos y no hacia adentro, “los veinte hermanos que vivían de espaldas”, como los calificó Methol Ferré o “la veintena de sardinas víctimas de la ferocidad del tiburón”, según el guatemalteco Juan José Arévalo.

Hoy está en el tapete de la historia latinoamericana, con mayor vigor que nunca, esa cuestión nacional en sus dos aspectos: autonomía frente a los imperios, unificación en la Patria Grande. Lo señalan tanto Hugo Chávez como Evo Morales, Rafael Correa, Fidel y Raúl Castro, Daniel Ortega, Ignacio Lula da Silva, Fernando Lugo, José “Pepe” Mujica y los que van a sumarse. Lo señala nuestro Gobierno cuando liquida las cuentas con el Fondo Monetario Internacional para que sus funcionarios no controlen oficinas en el Ministerio de Economía como en otros tiempos, ni nos impongan planes económicos, ni nos “monitoreen”, como ellos amablemente denominan a sus consejos mortíferos. Y lo expresa asimismo el UNASUR, como también el Banco del Sur más allá de las dificultades en su consolidación (no podía ser de otra manera porque el enemigo está al acecho en la IV Flota y desde sus bases en varios países).

Por esto creemos que una forma sin equívocos residiría en llamar a las cosas por su nombre: si hay algún sector, dirigente o partido que se considera “nacionalista revolucionario”, o “nacional y popular”, o de “izquierda nacional”, que rechace abiertamente la categoría de centroizquierda y que ponga las cartas sobre la mesa: el Consenso de Washington y los traidores nativos han destruido el Estado, nos han endeudado, nos han sumergido en la pobreza y la indigencia, han extranjerizado el aparato productivo a punto tal que entre las 500 empresas más vendedoras el 73 % son extranjeras, han oligopolizado los mercados y avanzado en el terreno financiero, al tiempo que han intentado vaciarnos culturalmente de nuestro pasado, nuestra historia. Además, nos han robado las palabras para que todo se confunda y en esa maniobra se complican quienes aceptan discutir en base a las categorías del enemigo.

Es necesario decir -y decirlo en alta voz- que en la América Latina despedazada y dependiente se asiste hoy, en la mayor parte de sus países, a un proceso de liberación y unificación, y que por ese camino hay que andar, aunque la correlación de fuerzas obligue en cada país, a darle a ese proceso un ritmo distinto, según las posibilidades del campo popular. Porque hay un campo popular y un campo antipopular (en este caso la palabra campo cumple dos funciones, como es obvio). Porque hay fuertes intereses contrapuestos y hay proyectos antagónicos y hay enemigos, como los hubo siempre, por eso nuestra historia está escrita con sangre.

Aquí están los pueblos buscando trabajosamente su camino. Y allá están los amigos del imperio, es decir de Monsanto, de la banca JP Morgan, del gran capital financiero aliados a las oligarquías vernáculas y a los grandes poderes mediáticos coloniales. Es preciso definir intereses, clases sociales, proyectos contrapuestos y no es posible sustentar una posición de inmaculada prescindencia en esa lucha. Por eso las palabras deben ser claras y contundentes. Porque de otro modo, uno se pregunta: si unos son centro izquierda y otros son centro derecha, ¿eso significa que sustantivamente son centro y adjetivamente son izquierda o derecha? Ello explicaría que se junten todos contra la propuesta nacional y popular del actual gobierno que resulta apoyada por los movimientos sociales y lo mejor de los gremios. ¿Ello explica que el 3 de diciembre se hayan abrazado dirigentes de “centroizquierda” con dirigentes gorilas de la Coalición Cívica para dar nacimiento al “Grupo A”, o que supuestos revolucionarios hayan favorecido el triunfo del “centroderecha” en la discusión de la resolución 125?

Llegado este punto, nos preguntamos, entonces, con grave preocupación, si no se trata solamente del uso de categorías sino de la vieja entente entre derechas e izquierdas que derrumbó a Hipólito Yrigoyen en el ’30 y a Juan Domingo Perón en el ’55.

Otra fábula que viene también desde la derecha: la política es una cuestión de gestión. Es decir, la política no dirimiría intereses contrapuestos en la sociedad sino que sólo administra, gestiona.

Sobre esta cuestión podríamos decir mucho, pero Mauricio Macri ya lo ha dicho todo. “Está bueno Buenos Aires” gestionado por un empresario, decían en la campaña, pero el proyecto verdadero ha quedado al desnudo: para ellos, está bueno con el Jorge “Fino” Palacios, con Abel Posse, con Ciro James, con los grupos de choque expulsando a los pobres de las villas y las calles, o la gran revolución macrista: la enseñanza del inglés en los colegios primarios a chicos que todavía no saben castellano… ¡Qué mejor lección de política para quienes cometieron el error de votarlo!

Claro que así se aprende sufriendo demasiado, cuando se habrían evitado tantos dolores si los periodistas en serio y los políticos en serio, hubieran forzado la definición de los proyectos ocultos, polemizando sobre las grandes cuestiones y no sobre un bache más o menos. Y para eso hay que obligarlos a definirse claramente sobre el pasado y el presente, que es definirse sobre el futuro.

Hoy, las medidas adoptadas por el Gobierno de Cristina Fernández -inclusive los intentos frustrados como el de la 125- señalan un camino de vocación nacional y popular -especialmente en los últimos meses- que deslinda claramente las aguas respecto a una oposición virulenta que intenta la desestabilización para volver al pasado, apelando a políticos que son la reencarnación de Fernando De la Rúa y de Carlos Saúl Menem -que se ha convertido en la gran estrella del Senado y los legisladores de la oposición lo invitan contentos- con las banderas gastadas de la defensa de las instituciones y la moralina chiquita que denuncia una coima al precio de ocultar el robo grande de la entrega del país (la Banelco del 2000 es el mejor ejemplo). En este terreno nos paramos y lo hacemos con las palabras que corresponden: liberación nacional, unión latinoamericana, antiimperialismo, socialismo del siglo XXI.

Fuente: Revista Zoom

LA OPCIÓN POR EL SOCIALISMO

(*) Liliana Daunes
(*) Claudia Korol 

En marzo del 2002, Liliana Daunes y Claudia Korol realizaron una entrevista con Miguel Ramondetti, quien fue uno de los pioneros de la Teología de la Liberación, en la Argentina, y fundador del Movimiento de Sacerdotes del Tercer Mundo, MSTM. 

Miguel Ramondetti falleció a los 80 años el 28 de febrero de 2003.

Liliana y Claudia (L y C): "Quisiéramos que nos cuente los orígenes en la Argentina del Movimiento de Sacerdotes por el Tercer Mundo." 

Miguel Ramondetti (MR): La clave de la cuestión históricamente comienza a fines de la Segunda Guerra Mundial. Varios sacerdotes franceses, algunos alemanes, belgas, les tocó ser sobrevivientes de los campos de concentración nazi. A la vuelta vienen transformados. Fue un brutal contacto con la realidad del mundo del que estaban lejos, por la forma en que vivían su ministerio. De golpe se encuentran en un campo de concentración, como concentrados, no como capellanes de los nazis. 

A la vuelta, un grupo de gente más inquieta, se plantea su relación con el mundo del trabajo. Ahí surgen sacerdotes obreros, sobre todo en París. Sacerdotes trabajando y que vivían en condiciones obreras reales. 

Vuelvo al país en el 52 (en el 47 me mandaron a completar estudios a Roma adonde fue ordenado sacerdote ) y me incorporo como cura a una parroquia de Chacarita. 

Yo me embarqué mucho con la problemática de los sacerdotes obreros. En mi caso era una especie de fidelidad de clase, porque yo había salido de una fábrica para entrar al seminario, entonces sentía que ése era mi camino.

Cuando el Concilio estaba por terminar, llegamos al conocimiento de que se había publicado un documento en las márgenes del Concilio. No era un documento conciliar, sino de un grupo de 18 Obispos, la mayoría brasileños, liderados por Helder Cámara. 

Este documento nos impactó mucho, porque venía a confirmar algo que nosotros empujábamos desde nuestros grupos dentro del clero en la Argentina. Hacen lo que llamamos acá con un término a la moda entonces, la opción por el socialismo. Cuando nosotros leímos ese documento dijimos "es la nuestra". Lo que sosteníamos tímidamente estaba respaldado por la firma de 18 obispos a nivel mundial.

Así llegamos a fines del 67, que es cuando comienza esta problemática que va a ser después la organización de los sacerdotes por el Tercer Mundo. 

L y C: ¿Fue el Obispo Devoto[1] quien le entregó el documento de los 18 Obispos? 

MR: Sí, él entregó el documento. En el 67, decido irme al interior a ejercer el sacerdocio. Tenía que ir con alguien que me conociera para poder trabajar como obrero y trabajar en un barrio. Yo pensé entonces "Devoto, ¿quién otro va a ser que me aguante de esa manera?" Voy a verlo y durante la conversación él me entrega ese folleto, que era el documento de los 18 Obispos.

Entre los Obispos firmantes no había ningún argentino...

Yo vengo con el texto del documento a Buenos Aires. Yo venía loco. Nunca me hubiera imaginado. Al primer sacerdote que encontré fue a Rodolfo Ricciardelli. Eufóricos empezamos con el operativo de conseguir adhesiones de sacerdotes argentinos. Mandamos cartas, recibimos respuestas rápidas, positivas, empujadoras, porque nos decían "tenemos que reunirnos".

L y C: ¿Cómo se llegó a la idea de constituir un Movimiento? 

MR: Publicamos el documento y empezamos a preparar una reunión. En mayo del 68 ya estábamos reunidos en Córdoba. Éramos 23, 24 curas, pero representativos de grupos de firmantes. En esa reunión, la resolución más importante fue elaborar una carta a los Obispos latinoamericanos que estaban por reunirse en Medellín, en la Asamblea de Obispos latinoamericanos. 

Nosotros teníamos una inquietud: el tema de la violencia era "el tema" entre la militancia. Empezaban los movimientos guerrilleros. Estaba en pleno auge la experiencia cubana, la muerte del Che. Se aprobó la redacción de un documento dirigido a los Obispos: insistíamos en que la violencia era preexistente a toda reacción del pueblo frente a su situación. 

El documento fue firmado por 500 sacerdotes argentinos y más de 400 del resto de América. Bueno, el documento llegó y dio su resultado. En los documentos que emitió la Conferencia de Medellín veíamos muy reflejado nuestro documento. 

L y C: ¿Cuál fue la actitud de los Obispos argentinos en Medellín? 

MR: Había una minoría de Obispos más abiertos, entre los que estaba Alberto Devoto, y cinco o seis que hacían punta. Eran minoría. Habría 10, entre 80 o 90. 

L y C: ¿Cuáles son las características a su entender específicas del Episcopado argentino? 

MR: Siempre fue el más retrógrado, junto con el colombiano en América Latina. 

L y C: Ustedes analizaron las causas de esto? 

MR: Yo creo que tiene que ver con lo que es el pueblo argentino. No hay que olvidarse de nuestra inmigración, estamos más arraigados a la estructura eclesiástica europea. 

L y C: ¿Cómo continuó el movimiento? 

MR: Bueno, el grupo inicial se fue depurando. Algunos adherían en el momento de euforia. Pero el núcleo que quedó era relativamente grande -grande por ser curas-: un grupo de 300 personas y teníamos acceso a la opinión pública. 

El grupo guardaba una diversidad en cuanto a práctica de vida. Había gente que trabajaba en fábrica, otros que estaban en parroquias o en colegios. Otros buscaron esa forma de inserción mucho más directa con la realidad de la pobreza o de la problemática social, y eso era lo que nos hacía vibrar. 

En el primer encuentro cada uno fue aportar un informe de la situación dentro de cada lugar. Había una gran riqueza, porque veníamos de formas representativas de lo que era el problema social de la época. Todo eso nos daba pie a ilustrarnos a nosotros mismos, a tomar conciencia del país. 

Hubo campañas desde nuestra vivencia y situación de vida dentro de la misma Iglesia. Aquella campaña de Navidad donde adhirieron varios obispos que no celebraron la misa de Navidad como protesta. Fue unos días después del Cordobazo[2]: nos reunimos con los curas cordobeses que habían participado e inmediatamente publicamos un documento que tenía bastante trascendencia porque los medios lo tomaban. 

L y C: ¿Qué Obispos apoyaron al Movimiento? 

MR: Devoto era uno. Angelelli[3] nos apoyaba totalmente. Yo siempre cuento una anécdota: La primera vez que fui a La Rioja para hablar con Angelelli el me dice así: "Mirá, acá hay movimiento de curas del Tercer Mundo, pero yo te tengo que avisar de entrada que el Movimiento de curas del Tercer Mundo en La Rioja es riojano". Me pareció genial, porque nadie pretendía otra cosa, además. No queríamos que fuese porteño. 

L y C: ¿Toda la gente que estaba con él estuvo vinculada al movimiento? 

MR: No. Tenía su grupito. No hubo ninguna Diócesis donde los curas del Tercer Mundo fueran mayoría, no pasábamos del diez por ciento.

Con De Nevares también estábamos bien. Los curas de Neuquén podían obrar mucho más libremente que los de Rosario donde estaba Tortolo, que era además capellán militar y jugó un papel siniestro durante la dictadura militar. 

L y C: ¿Qué relación tuvieron con los movimientos sociales y políticos de su tiempo? 

En cada lugar, en cada situación fue de manera diferente. Las Ligas Agrarias, por ejemplo, surgen del movimiento rural que era oficialmente católico, mas después fue un movimiento reivindicativo, de tipo sindical en el campo. Yo estaba en un barrio marginal de Goya adonde la inmensa mayoría de los habitantes eran tabacaleros. Hubo épocas en que ellos hacían movimiento, paros, manifestaciones, etc y recibían todo nuestro apoyo. 

L y C: Cuando se forman las organizaciones de movimientos armados, ¿Eso genera diversidad de posicionamientos? 

MR: Hubo una minoría de compañeros que se integraron en algunas de esas organizaciones. No sé hasta qué punto. Yo nunca averigüé si empuñaron armas o no. A nadie se le ocultó que Rafael Yacuzzi formó parte directa de Montoneros. Había también algunos en el ERP pero dentro de la organización no sé qué niveles tenían. 

L y C: Aquel tiempo histórico estuvo atravesado por el debate sobre el peronismo. ¿Cómo los afectó? 

MR: Esa fue una problemática interna seria, que tiene que ver con la desaparición del movimiento. Nosotros habíamos surgido como opción por el socialismo. Cuando se euforiza el país, con la posible vuelta de Perón, esa conmoción repercute directamente en el movimiento. Los que solicitaban un cambio argumentaban que el socialismo para la Argentina de ese momento se llamaba peronismo. Pero el peronismo implicaba muchas cosas. No era lo mismo decir peronismo en la Argentina, que decir socialismo. 

L y C: ¿Cómo fue el debate interno? 

MR: Se plantea el Encuentro de Santa Fe. Hubo un debate bastante a fondo de todo eso. No se llegó a consenso, hubo que apelar al voto. En la votación quedamos en minoría los de la negativa al cambio de opción. A partir de ahí todos sentimos que ya no éramos los mismos. Para mí empezó a debilitarse en la práctica. Esto fue en el 71, si no me equivoco. 

L y C: ¿Cómo vivió usted las posiciones de la jerarquía de la Iglesia durante la dictadura? ¿Cómo fue su situación en la dictadura? 

MR: Estuve 8 años exiliado, me fui en el 77 y volví en el 85. En Francia estuve dos años y medio, en México donde estuve uno, y en Nicaragua casi cinco. Cuando volví resolví no presentarme a filas, por la sencilla razón de que conocía la historia de la Iglesia argentina con respecto a la dictadura. De 100 obispos calculaba que 3 podrían haberme recibido a mi vuelta: De Nevares que ya tenía la edad de renunciar, 75 años. Hesayne por ahí andaba, y Novak, se enferma y estaba por morirse. 

Encontré una institución en la cual el 95% está ausente de todo un proceso de masacre en el país, de genocidio, sólo un 5% se las juega y un porcentaje de ese 95% no sólo está ausente sino que está perversamente presente; yo no encuentro racionalidad para integrarme a esta institución. Si quieren sintetizarlo en una sola palabra, yo diría que la actitud de la jerarquía fue una gran traición. 

L y C: ¿Cómo vivió el asesinato de Angelelli? 

Sobre todo en los sectores de la cúpula de la iglesia, creo que ahí también, ¡hay una enorme traición! Yo creo que a Angelelli lo mata la dictadura, pero hay una connivencia, una especie de traición a él de parte del Episcopado, que no lo acompañó, eso todo el mundo lo reconoce. Lo dejaron solo. Él dijo en una oportunidad eso mismo: "me han dejado solo". Eso para mí es lamentable. 

L y C: ¿Cómo está viviendo hoy esta nueva realidad, en que hay otros niveles de participación de la gente, tanto en las provincias como en Capital, con gente totalmente movilizada? 

MR: Lo más intensamente posible. Yo creo lo que sucedió el 19 y 20 de diciembre de 2002, es un fenómeno importantísimo a tener en cuenta. No está bien enfocado por muchos, en el sentido de que no es un fenómeno para enfervorizarse, sino un fenómeno para analizar, para profundizar. Lo importante es qué deja al desaparecer. Yo pongo el ejemplo de las aguas del Nilo que inundan el valle, lo fertilizan y después se van. Es una obligación del militante ir viendo cómo reflexionamos el hecho y qué disposiciones vamos tomando para sembrar en ese limo que va a quedar después. Creo que una de las cosas a desear y a impulsar, es que estos sectores que se empiezan a movilizar, logren una cierta cohesión. 

[1] Obispo Alberto Devoto, fue uno de los Obispos que desde Goya impulsó las transformaciones de la Iglesia, promoviendo la opción por los pobres. Estuvo ligado al MSTM y tuvo una valiente actitud de denuncia de la dictadura. 
[2] El Cordobazo fue una jornada de rebelión popular contra la dictadura militar, producida en mayo de 1969 en la provincia de Cordoba. 
[3] El Obispo de La Rioja, Enrique Angelelli fue asesinado durante la dictadura el 4 de agosto de 1976. Se intentó presentar su asesinato como accidente automovilístico. 
[4] El padre Carlos Mugica, cura villero, fue asesinado en 1975 por la Triple Alianza.
Fuente: www.adital.org

A LOS INTELECTUALES URUGUAYOS

(*) Jose Mujica




Queridos amigos, la vida ha sido extraordinariamente generosa conmigo. Me ha dado un sinfín de satisfacciones más allá de lo que nunca me hubiera atrevido a soñar. Casi todas son inmerecidas. Pero ninguna más que la de hoy: encontrarme ahora aquí, en el corazón de la democracia uruguaya, rodeado de cientos de cabezas pensantes. ¡Cabezas pensantes! A diestra y siniestra. Cabezas pensantes a troche y moche, cabezas pensantes pa’ tirar p’arriba.
¿Se acuerdan de Rico Mac Pato, aquel tío millonario del pato Donald que nadaba en una piscina llena de billetes? El tipo había desarrollado una sensualidad física por el dinero. Me gusta pensarme como alguien que le gusta darse baños en piscinas llenas de inteligencia ajena, de cultura ajena, de sabiduría ajena. Cuanto más ajena, mejor. Cuanto menos coincide con mis pequeños saberes, mejor. El semanario Búsqueda tiene una hermosa frase que usa como insignia: “Lo que digo no lo digo como hombre sabedor, sino buscando junto con vosotros”. Por una vez estamos de acuerdo. ¡Si estaremos de acuerdo!
Lo que digo, no lo digo como chacarero sabihondo ni como payador leído, lo digo buscando con ustedes. Lo digo buscando, porque sólo los ignorantes creen que la verdad es definitiva y maciza, cuando apenas es provisoria y gelatinosa. Hay que buscarla porque anda corriendo de escondite en escondite. Y pobre del que emprenda en soledad esta cacería. Hay que hacerlo con ustedes, con los que han hecho del trabajo intelectual la razón de su vida. Con los que están aquí y con los muchos más que no están. 
De todas las disciplinas 
Si miran para el costado van a encontrar seguramente algunas caras conocidas porque se trata de gente que se desempeña en espacios de trabajo afines. Pero van a encontrar mucho más caras que les son desconocidas, porque la regla de esta convocatoria ha sido la heterogeneidad. Aquí están los que se dedican a trabajar con átomos y moléculas y los que se dedican a estudiar las reglas de la producción y el intercambio en la sociedad. Hay gente de las ciencias básicas y de su casi antípoda, las ciencias sociales; gente de la biología y del teatro, y de la música, de la educación, del derecho y del carnaval.

Y en tren de que no falte nada, hay gente de la economía, de la macroeconomía, de la microeconomía, de la economía comparada y hasta alguno de la economía doméstica. Todas cabezas pensantes, pero que piensan en distintas cosas y pueden contribuir desde sus distintas disciplinas a mejorar este país. Y mejorar este país significa muchas cosas, pero desde los acentos que queremos para esta jornada, mejorar el país significa empujar los complejos procesos que multipliquen por mil el poderío intelectual que aquí está reunido. Mejorar el país significa que dentro de veinte años, para un acto como éste no alcance el Estadio Centenario, porque al Uruguay le salen ingenieros, filósofos y artistas hasta por las orejas. No es que queramos un país que bata los récords mundiales por el puro placer de hacerlo. Es porque está demostrado que, una vez que la inteligencia adquiere un cierto grado de concentración en una sociedad, se hace contagiosa.

Inteligencia distribuida
Si un día llenamos estadios de gente formada va a ser porque afuera, en la sociedad, hay cientos de miles de uruguayos que han cultivado su capacidad de pensar. La inteligencia que le rinde a un país es la inteligencia distribuida. Es la que no está sólo guardada en los laboratorios o las universidades, sino la que anda por la calle. La inteligencia que se usa para sembrar, para tornear, para manejar un autoelevador o para programar una computadora. Para cocinar, para atender bien a un turista, es la misma inteligencia. Unos subirán más escalones que otros, pero es la misma escalera. Y los peldaños de abajo son los mismos para la física nuclear que para el manejo de un campo. Para todo se precisa la misma mirada curiosa, hambrienta de conocimiento y muy inconformista. Se termina sabiendo, porque antes supimos estar incómodos por no saber. Aprendemos porque tenemos picazón y eso se adquiere por contagio cultural, casi cuando abrimos los ojos al mundo. Sueño con un país en el que los padres le muestren el pasto a los hijos chicos y le digan: “¿Sabés qué es eso?, es una planta procesadora de la energía del sol y de los minerales de la tierra”. Y no se preocupen, que esos uruguayos chicos igual van a seguir jugando al fútbol.
 Capacidad de interrogarse
 Había un dicho: “No le des pescado a un niño, enséñale a pescar”. Hoy deberíamos decir: “No le des un dato al niño, enséñale a pensar”. Tal como vamos, los depósitos de conocimiento no van a estar más dentro de nuestras cabezas, sino ahí afuera, disponibles para buscarlos por Internet. Ahí va a estar toda la información, todos los datos, todo lo que ya se sabe. En otras palabras, van a estar todas las respuestas. Lo que no van a estar son todas las preguntas. 
En la capacidad de interrogarse va a estar la cosa. En la capacidad de formular preguntas fecundas, que disparen nuevos esfuerzos de investigación y aprendizaje. Esa curiosidad se adquiere temprano y nos acompaña toda la vida. Y sobre todo, queridos amigos, se contagia. 
En todos los tiempos, han sido ustedes los que se dedican a la actividad intelectual, los encargados de desparramar la semilla. Por favor, vayan y contagien. ¡No perdonen a nadie! Necesitamos un tipo de cultura que se propague en el aire, que entre en los hogares y se cuele en las cocinas. Cuando se consigue eso, se ganó el partido casi para siempre. Porque se quiebra la ignorancia esencial que hace débiles a muchos, una generación tras otra.

El conocimiento es placer
 Necesitamos masificar la inteligencia, primero que nada para hacernos productores más potentes. Y eso es casi una cuestión de supervivencia. Pero en esta vida no se trata sólo de producir: también hay que disfrutar. Ustedes saben mejor que nadie que en el conocimiento y la cultura no sólo hay esfuerzo sino también placer. Dicen que la gente que trota por la rambla, llega un punto en el que entra en una especie de éxtasis donde ya no existe el cansancio y sólo queda el placer. Creo que con el conocimiento y la cultura pasa lo mismo. Llega un punto donde estudiar, o investigar o aprender, ya no es un esfuerzo y es puro disfrute.
 ¡No hay una lista obligatoria de las cosas que nos hacen felices! Algunos pueden pensar que el mundo ideal es un lugar repleto de shopping centers. En ese mundo la gente es feliz porque todos pueden salir llenos de bolsas de ropa nueva y de cajas de electrodomésticos… no tengo nada contra esa visión, sólo digo que no es la única posible. Digo que también podemos pensar en un país donde la gente elige arreglar las cosas en lugar de tirarlas, elige un auto chico en lugar de un auto grande, elige abrigarse en lugar de subir la calefacción. Despilfarrar no es lo que hacen las sociedades más maduras. Vayan a Holanda y vean las ciudades repletas de bicicletas. Allí se van a dar cuenta de que el consumismo no es la elección de la verdadera aristocracia de la humanidad. Es la elección de los noveleros y los frívolos. Los holandeses andan en bicicleta, las usan para ir a trabajar pero también para ir a los conciertos o a los parques. Porque han llegado a un nivel en el que su felicidad cotidiana se alimenta tanto de consumos materiales como intelectuales.

Inconformismo
Les pedía antes que contagien la mirada curiosa del mundo, que está en el ADN del trabajo intelectual. Y ahora agrando el pedido y les ruego que contagien inconformismo. Estoy convencido de que este país necesita una nueva epidemia de inconformismo como la que los intelectuales generaron décadas atrás. En Uruguay, los que estamos en el espacio político de la izquierda, somos hijos o sobrinos de aquel semanario Marcha del gran Carlos Quijano. Aquella generación de intelectuales se había impuesto a sí misma la tarea de ser la conciencia crítica de la nación. Anduvieron con alfileres en la mano pinchando globos y desinflando mitos. Sobre todo el mito del Uruguay multicampeón. Campeón de la cultura, de la educación, del desarrollo social y de la democracia. ¡Qué íbamos a ser campeones de nada! Y menos en esos años, en las décadas de los cincuenta y sesenta, donde el único récord que supimos conseguir fue la del país de Latinoamérica que menos creció en veinte años. Sólo nos superó Haití.
Esos intelectuales ayudaron a demoler aquel Uruguay de la siesta conformista. Con todos sus defectos, preferimos esta etapa, donde estamos más humildes y ubicados en la real estatura que tenemos en el mundo. Pero tenemos que recuperar aquel inconformismo y tratar de metérselo debajo de la piel al Uruguay entero.

Antes les decía que la inteligencia que le sirve a un país es la inteligencia distribuida. Ahora les digo que el inconformismo que le sirve a un país es el inconformismo distribuido. El que ha invadido la vida de todos los días y nos empuja a preguntarnos si lo que estoy haciendo no se puede hacer mejor. El inconformismo está en la naturaleza misma del trabajo que ustedes hacen. Se precisa que se nos haga a todos una segunda naturaleza.
Una cultura del inconformismo es la que no nos deja parar hasta conseguir más kilos por hectárea de trigo o más litros por vaca lechera. Todo, absolutamente todo, se puede hacer hoy un poco mejor que ayer. Desde tender la cama de un hotel a matrizar un circuito integrado. Necesitamos una epidemia de inconformismo. 
Ahí andan los suizos, cuatro gatos locos como nosotros, que se dan el lujo de andar por ahí vendiendo calidad suiza o precisión suiza. Yo diría que lo que de verdad venden es inteligencia e inconformismo suizos, ese que tienen desparramado por toda la sociedad.

La educación es el camino 
Y amigos, el puente entre este hoy y ese mañana que queremos tiene un nombre y se llama educación. Y mire que es un puente largo y difícil de cruzar. Porque una cosa es la retórica de la educación y otra cosa es que nos decidamos a hacer los sacrificios que implica lanzar un gran esfuerzo educativo y sostenerlo en el tiempo.

Las inversiones en educación son de rendimiento lento, no le lucen a ningún gobierno, movilizan resistencias y obligan a postergar otras demandas. Pero hay que hacerlo. Se lo debemos a nuestros hijos y nietos.
 
Y hay que hacerlo ahora, cuando todavía está fresco el milagro tecnológico de Internet y se abren oportunidades nunca vistas de acceso al conocimiento. Yo me crié con la radio, vi nacer la televisión, después la televisión en colores, después las transmisiones por satélite. Después los celulares y después la computadora. Cada una de esas veces, me quedé con la boca abierta. Pero ahora con Internet se me agotó la capacidad de sorpresa. Me siento como aquellos humanos que vieron el fuego por primera vez. Uno siente que le tocó en suerte vivir un hito en la historia.
Se están abriendo las puertas de todas las bibliotecas y de todos los museos; van a estar a disposición todas las revistas científicas y todos los libros del mundo. Es abrumador. Por eso necesitamos que todos los uruguayos, y sobre todo los uruguayitos, sepan nadar en ese torrente. Hay que subirse a esa corriente y navegar en ella como pez en el agua. Lo conseguiremos si está sólida esa matriz intelectual de la que hablábamos antes. Si nuestros chiquilines saben razonar en orden y saben hacerse las preguntas que valen la pena.
Escuelas de tiempo completo, facultades en el interior, enseñanza terciaria masificada. Y probablemente, inglés desde el preescolar en la enseñanza pública. Porque el inglés no es el idioma que hablan los yanquis, es el idioma con el que los chinos se entienden con el mundo. No podemos estar afuera. No podemos dejar afuera a nuestros chiquilines. Esas son las herramientas que nos habilitan a interactuar con la explosión universal del conocimiento. Este mundo nuevo no nos simplifica la vida, nos la complica. Nos obliga a ir más lejos y más hondo en la educación. No hay tarea más grande delante de nosotros.

El idealismo, al servicio del Estado 
Queridos amigos, estamos en tiempos electorales. En benditos y malditos tiempos electorales. Malditos, porque nos ponen a pelear y a correr carreras entre nosotros. Benditos, porque nos permiten la convivencia civilizada. Y otra vez benditos, porque con todas sus imperfecciones, nos hacen dueños de nuestro destino. Aquí todos aprendimos que es preferible la peor democracia a la mejor dictadura.
Cuando terminan, alguien gana y alguien pierde. Y eso no debería ser un drama. Con unos o con otros, la democracia uruguaya seguirá su camino e irá encontrando las fórmulas hacia el bienestar. Nos toque el lugar que nos toque, allí vamos a estar tratando de poner el hombro. 
La sociedad, el Estado y el gobierno precisan de sus muchos talentos. Y precisan aún más de su actitud idealista. Los que estamos aquí, nos acercamos a la política para servir, no para servirnos del Estado. La buena fe es nuestra única intransigencia. Casi todo lo demás es negociable.
 Gracias por acompañarme.

José Mujica
Presidente de la República Oriental del Uruguay

Gentileza: Luis Tapia

LOS MEDIOS Y LAS CONCENTRACIONES



(*)Eduardo Anguita


El insumo básico de los medios es la palabra. Tanto para ponerle nombre a las cosas como para ironizar, darle doble sentido o reparar en las paradojas. Concentración de medios fue utilizado, por años, en un único sentido: la voracidad de algunos grupos económicos por hacerse de cuanto canal de televisión, radio comunitaria o periódico de finanzas anduviera por ahí. Ahora, inesperadamente, concentración de medios es ir a la calle a protestar o a defender algunos medios con los cuales uno se identifica o que considera como enemigos de la democracia, no sólo informativa sino institucional.

Vamos primero a un ejemplo –no argentino– de concentración de poder. Es muy reciente y preocupante. El diario Le Monde, creado bajo la épica de la liberación de París del yugo nazi, pasó más de seis décadas bajo un protocolo tomado como la excelencia para evitar las interferencias patronales en el trabajo informativo. Los periodistas tuvieron la mayoría de las acciones de la empresa. Además, ante la fusión de medios, la dirección periodística se negó a integrar esa prestigiosa y codiciada marca a otros emprendimientos gráficos o audiovisuales. Su línea editorial siempre fue centroizquierdista, pero siempre aceptó la diversidad de opinión. Le Monde es sinónimo –en el mundo– de seriedad, rigor profesional y compromiso.

La intoxicación mediática, la derechización europea y, seguramente, muchas otras cosas más llevaron a que ese vespertino cayera notablemente en las ventas: no menos de un 30 por ciento en los últimos cinco años. Los pasivos financieros empezaron a complicar la gestión de Le Monde y el grupo español Prisa (editor de El País entre otras cosas) compró una buena parte de Le Monde. Bueno, uno puede pensar que El País y Le Monde son primos hermanos, que en definitiva expresan el socialismo en España y Francia. La gauche caviar diría Tom Wolf y la ironía no ofende a los seguidores de Francois Mitterand o de Felipe González, que se alternan en la gestión de gobierno con las derechas sin poder o no querer cambiar un escenario donde el peso de las corporaciones transnacionales es tan grande que lo toman como un dato a consignar y no a cambiar. Curiosa ironía porque los socialistas, en algún momento, fueron devotos de aquel alemán de barba que decía que el materialismo dialéctico es una mirada que no se conforma con contemplar sino que se orienta a transformar.

Así las cosas, la familia Polanco, ya muy transnacionalizada, le dio buena parte de sus acciones al grupo norteamericano Liberty Acquisition, un fondo de inversión manejado por personas que pueden comprar o vender bancos, hospitales, latas de arvejas o periódicos en función de una ecuación exclusivamente financiera. Es decir, los periodistas de Le Monde, a partir de ahora, tendrán que aceptar que su ADN irá cambiando con estos nuevos dueños de la empresa que durante años fue una especie de cooperativa sofisticada. Y ni qué hablar de los 300.000 lectores diarios de ese periódico a los que de manera sutil o desembozada –habrá que ver– les irán filtrando la información que les sirve a los muchachos de Liberty Acquisition y no al punto de vista de sus periodistas.

Volvamos abruptamente a la Argentina. Hace tres años, en la Feria del Libro, fui invitado a un debate sobre la ley de radiodifusión de la dictadura. Estaban Norma Morandini, Luis Lázzaro, Gustavo López, Guillermo Mastrini, Martín Becerra y quien escribe estas líneas. Un panel interesante en un lugar donde la gente circula como en los supermercados el día del niño. Sin embargo, no había casi nadie. La sala estaba más que semivacía. La mayoría de las voces proclamábamos la necesidad de terminar con esa norma aberrante y la necesidad de democratizar los medios.

Una mujer de anteojos y tono académico con claro acento español nos advirtió: “Vosotros debéis tener en cuenta que esto que propiciáis está a contramano del mundo. Queréis remar contra la corriente”. Confieso que el escenario tan despoblado –y la cantidad de informaciones que conocíamos sobre lo que decía la señora– no era el propicio para augurar una nueva era en la comunicación. No era fácil proclamar aquella máxima del Informe McBride que decía “un solo mundo, voces múltiples”, porque la hegemonía norteamericana mostraba más bien cuatro o cinco mundos y unas poquitas voces mediáticas.

La otra concentración. Orlando Barone, en un par de mesas redondas que compartimos, decía con lógica imbatible que en su larga vida había visto concentraciones por salarios o por derechos humanos pero nunca había visto una manifestación popular contra los monopolios de medios. Es cierto, parecía demasiado sofisticado que una parte de la sociedad se pronunciara, en la calle, contra la intoxicación informativa. Pues bien, Orlando debe estar festejando que es hora de cambiar de latiguillo en los debates.

Ayer me tocó hacer mi programa de Radio Nacional desde la trastienda del palco montado en la Plaza Lavalle por donde desfilaron Estela de Carlotto, Milagros Sala, Julio Piumatto, Hugo Yasky y Hebe de Bonafini entre otros. Miles y miles de personas (se habló de entre 50 y 60 mil) llegaron de todos lados. Insistían quienes daban vueltas por la zona la cantidad de jóvenes y de gente sin organización previa que había decidido concentrarse contra la concentración, valga la paradoja. Antes de que empezara el acto, mientras los manifestantes se acercaban desde el Congreso, salí por la calle Tucumán para ver el panorama. Había de todo. Lo vi llegar al actor Federico Luppi y me acerqué a saludarlo. Quería participar como uno más, desde el llano (pero el auténtico llano, no el de TN), pero no contaba con demasiado tiempo porque tenía que ir al teatro (“Por tu padre”, junto a Adrián Navarro).

Al rato, cuando empezábamos a transmitir, se sentía el clima masivo y festivo. En un momento, dejé el improvisado estudio de la radio para subir al escenario. Hablaba la presidenta de Abuelas de Plaza de Mayo y convocaba a la lucha para que se termine el avasallamiento de ciertos jueces en alianza con el monopolio Clarín para evitar la plena vigencia de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual. Miraba la diversidad de dirigentes y personalidades que la rodeaban, desde artistas populares hasta dirigentes gremiales, madres de pañuelo blanco, intelectuales y líderes de organizaciones sociales. No había farándula, no había flashes, no había chismosos del espectáculo. Otros medios, otras voces, se habían dado cita.

El zócalo del noticiero de TN hablaba de “marcha K contra la Justicia”. Dos universos distintos conviven en esta disputa por cómo ordenar un servicio vital como el de los medios audiovisuales. Uno pretende llevarse puesta una ley del Congreso para permitir que su negocio multimillonario continúe. El otro, muy diverso, quiere la vigencia de la ley, el respeto a la democracia informativa. Los dos quieren la concentración de medios: unos la de la propiedad de las radios y canales; los otros, la de la pelea hasta que se restablezca la pluralidad.


FUENTE : http://www.elargentino.com/