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7 de febrero de 2010

LOS FUTUROLOGOS NEGROS TRAEN SUERTE

(*) Orlando Barone

 Entre las maldiciones que desde el oráculo mediático se anuncian, figura la inflación galopante. Tema que los tienta, más que la nostalgia del celo a las gatas castradas.
Quienes predecían un verano sin consumo, sin turismo, sin electricidad y sin combustible- y fallaron las varias profecías- ahora para tratar de reivindicarse empiezan a augurar el descontrol de los precios. Desde consultoras, cámaras y corporaciones, muy interesadas en que la hecatombe se cumpla, especulan que a tamaño éxito del verano -que no se bancan y los hace retorcer de impotencia- sobrevendrán consecuencias sombrías. Otra vez la cantinela de que para comer un bife de chorizo habrá que ser rico. Otra vez las predicciones acerca de que tanto consumo no se condice con no sé que tabla de la lógica de oferta y de demanda, y otra vez a consultar a los fabricantes del Viagra para que hablen mal del chancho y no les haga competencia.
Y así se suman los heraldos negros de la profecía repartiendo maldiciones. Cuentan con la colaboración estúpida de muchos (y no pocos) heralditos útiles idiotas de los medios, repitiendo el sonsonete del infortunio que se viene. Y colaboran en la difusión de vaticinios miles de Mirtha Legrand, y de Mesas de Enlace vocacionales, adiestradas en predecir vacas y cereales que se extinguen, a la par que el presente lo disfrutan a molleja y ojo de bife.
Cómo fatigan el futuro para encontrar inminentes desastres. Apenas el Gobierno legitima índices favorables, los tergiversan o los subvierten. Y no bien mejoran el empleo y la producción y la demanda, salen los augures a escupir el asado. Cuanto más lo escupen más rico sale. Que sigan augurando y equivocándose.
Cada profecía oscura que adelantan nunca se cumple. Así que hay que celebrarlas a favor y no en contra. Lo que ellos vaticinan peor, es justamente lo que mejora.
En la antigüedad, a la diosa griega Casandra, experta en profecías, la condenaron a que siguiera profetizando pero sin acertar una. Auguraba sin sentido. Al cohete. Casandra abría la boca y era como nada. Su destino fue anticipar desastres que jamás se cumplían.
Entonces los ciudadanos griegos, ya avivados de la chantada, cada vez que les auspiciaban catástrofes esperaban prosperidades. Con el tiempo se acostumbraron a oír los malos augurios como augurios felices. Igual nosotros.

LA GUERRA DE GUERRILLAS


(*)   Por : El Che Guevara

Este trabajo pretende colocarse bajo la advocación de Camilo Cienfuegos, quien debía leerlo y corregirlo pero cuyo destino le ha impedido esa tarea.
Todas estas líneas y las que siguen pueden considerarse como un homenaje del Ejército Rebelde a su gran Capitán, al más grande jefe de guerrillas que dio esta revolución, al revolucionario sin tacha y al amigo fraterno.
Camilo fue el compañero de cien batallas, el hombre de confianza de Fidel en los momentos difíciles de la guerra y el luchador abnegado que hizo siempre del sacrificio un instrumento para templar su carácter y forjar el de la tropa.
Creo que él hubiera aprobado este manual donde se sintetizan nuestras experiencias guerrilleras, porque son el producto de la vida misma, pero él le dio a la armazón de letras aquí expuesta la vitalidad esencial de su temperamento, de su inteligencia y de su audacia, que sólo se logran en tan exacta medida en ciertos personajes de la Historia.
Pero no hay que ver a Camilo como un héroe aislado realizando hazañas maravillosas al solo impulso de su genio, sino como una parte misma del pueblo que lo formó, como forma sus héroes, sus mártires o sus conductores en la selección inmensa de la lucha, con la rigidez de las condiciones bajo las cuales se efectuó.
No sé si Camilo conocía la máxima de Dantón sobre los movimientos revolucionarios, «audacia, audacia y más audacia»; de todas maneras, la practicó con su acción, dándole además el condimento de las otras condiciones necesarias al guerrillero: el análisis preciso y rápido de la situación y la meditación anticipada sobre los problemas a resolver en el futuro.
Aunque estas líneas, que sirven de homenaje personal y de todo un pueblo a nuestro héroe, no tienen el objeto de hacer su biografía o de relatar sus anécdotas, Camilo era hombre de ellas, de mil anécdotas, las creaba a su paso con naturalidad.
Es que unía a su desenvoltura y a su aprecio por el pueblo, su personalidad; eso que a veces se olvida y se desconoce, eso que imprimía el sello de Camilo a todo lo que le pertenecía: el distintivo precioso que tan pocos hombres alcanzan de dejar marcado lo suyo en cada acción.
Ya lo dijo Fidel: no tenía la cultura de los libros, tenía la inteligencia natural del pueblo, que lo había elegido entre miles para ponerlo en el lugar privilegiado a donde llegó, con golpes de audacia, con tesón, con inteligencia y devoción sin pares.
Camilo practicaba la lealtad como una religión; era devoto de ella; tanto de la lealtad personal hacia Fidel, que encarna como nadie la voluntad del pueblo, como la de ese mismo pueblo; pueblo y Fidel marchan unidos y así marchaban las devociones del guerrillero invicto.
¿Quién lo mató?
Podríamos mejor preguntarnos: ¿quién liquidó su ser físico? porque la vida de los hombres como él tiene su más allá en el pueblo; no acaba mientras éste no lo ordene.
Lo mató el enemigo, lo mató porque quería su muerte, lo mató porque no hay aviones seguros, porque los pilotos no pueden adquirir toda la experiencia necesaria, porque, sobrecargado de trabajo, quería estar en pocas horas en La Habana... y lo mató su carácter.
Camilo, no medía el peligro, lo utilizaba como una diversión, jugaba con él, lo toreaba, lo atraía y lo manejaba; en su mentalidad de guerrillero no podía una nube detener o torcer una línea trazada.
Fue allí, cuando todo un pueblo lo conocía, lo admiraba y lo quería; pudo haber sido antes y su historia sería la simple de un capitán guerrillero.
Habrá muchos Camilos, dijo Fidel; y hubo Camilos, puedo agregar, Camilos que acabaron su vida antes de completar el ciclo magnífico que él ha cerrado para entrar en la Historia, Camilo y los otros Camilos (los que no llegaron y los que vendrán), son el índice de las fuerzas del pueblo, son la expresión más alta de lo que puede llegar a dar una nación, en pie de guerra para la defensa de sus ideales más puros y con la fe puesta en la consecución de sus metas más nobles.
No vamos a encasillarlo, para aprisionarlo en moldes, es decir matarlo.
Dejémoslo así, en líneas generales, sin ponerle ribetes precisos a su ideología socio-económica que no estaba perfectamente definida; recalquemos sí, que no ha habido en esta guerra de liberación un soldado comparable a Camilo.
Revolucionario cabal, hombre del pueblo, artífice de esta revolución que hizo la nación cubana para sí, no podía pasar por su cabeza la más leve sombra del cansancio o de la decepción.
Camilo, el guerrillero, es objeto permanente de evocación cotidiana, es el que hizo esto o aquello, «una cosa de Camilo», el que puso su señal precisa e indeleble a la Revolución cubana, el que está presente en los otros que no llegaron y en aquellos que están por venir.
En su renuevo continuo e inmortal, Camilo es la imagen del pueblo.



NORBERTO GALASSO LE CONTESTA A PINO SOLANAS Y SU ADHERENTES

(*) Norberto Galasso

El 19 de enero último, desde INFOSUR, página web de Proyecto Sur, me han lanzado un agravio que me veo obligado a responder.
Desde INFOSUR me califican de “gran historiador”, autor de “un libro fabuloso”, “una obra clásica sobre la Deuda Externa”, al igual que la “maravillosa biografía San Martín” y me tratan reiteradamente de “querido compañero”, para, después, lanzarme esta baja puñalada: “¿Qué hacemos ahora con esas cuatrocientos páginas (del libro sobre la Deuda Externa)...?”, como diciendo: “nos las vamos a meter en cierta parte” pues el autor sería un traidor, se habría quebrado, estaría al servicio del gran capital financiero internacional. Todo esto con motivo de que he sostenido que “ahora es difícil desentrañar la ilicitud de parte de la deuda” y que varios gobiernos le han dado “una especie de legalización” al renegociar sobre ella aunque igualmente “hay que investigar los ilícitos”, pero que lo más importante “es unir a América Latina en el no pago y patear el tablero” porque la cuestión no es tanto tener razón “sino tener fuerza”.
Curiosamente, la nota de Infosur prueba mi coherencia. Se inicia con una frase de mi libro: “La deuda ha operado como un instrumento de saqueo y sumisión semicolonial” (2002).Y concluye con otra declaración mía, actual: “Ahora hay que favorecer la unidad latinoamericana y proponer que todos los países denuncien que fueron estafados y que no se paga”. Mayor coherencia, imposible. En “Cash”, del 24/1/2010, sostuve lo mismo: “Hay que investigar y reforzar nuestro poder para decidir en conjunto. A las finanzas internacionales no les importa cuándo (ni cómo) se contrajo la deuda. Hay que finalizar este proceso de otra manera, a partir de la unidad latinoamericana, donde todos los países puedan expresar una opinión común frente a los acreedores internacionales”.
Es decir, hay que investigar y hay que poseer suficiente fuerza para no pagar. Hoy no contamos ni con una cosa, ni con la otra, pero el objetivo final es el no pago. Disentimos, eso sí, en la táctica, como también disentimos en la táctica general que desarrolla Proyecto Sur en política.
¿En que disentimos? En primer término, en que no se trata de quien grita más fuerte ni quién se escandaliza moralmente contra los piratas internacionales, sino en tener la fuerza suficiente: un pueblo movilizado y consciente del problema, capaz -como lo han sido los cubanos- de aguantarse todas las represalias, inclusive un bloqueo. Por eso, es imprescindible una acción concertada de América Latina -que va camino a su unificación- para patear el tablero. En la discusión con los filibusteros, estábamos mucho mejor parados en 1983, como ha dicho la Presidenta, porque salíamos de una dictadura y habíamos allanado el estudio Klein Mairal y Olmos había presentado su acusación... pero también es cierto que no teníamos fuerza y Alfonsín tampoco tuvo audacia y concluyó claudicando en ésta, como en otras cuestiones. Después hubo canje de títulos que complican nuestra argumentación respecto al comprador de buena fe y sucesivos gobiernos pagaron y renegociaron y se negaron a analizar lo rescatado en el estudio Klein, así como la acusación de Olmos que el juez Ballesteros remitió al Congreso. En 1999, recuerdo que fuimos al Congreso con Olmos, Norberto Acerbi, Luis Donikian, Carlos Juliá y unos pocos más -no estaban muchos que ahora levantan su voz y celebro que ahora lo hagan-, pero, entre los diputados, solo Alfredo Bravo y Luis Zamora –más allá de mi disidencia política con ellos- se preocuparon por escuchar el alegato de Olmos. Y no pasó nada.
Después vinieron otras negociaciones, entre ellas, la quita de la época kirchnerista. Nos guste o no, implícitamente también la quita significó lo que llamé “una especie de legalización” y que tanto ha irritado a Infosur. Pero de ninguna manera digo que no hay que investigar. Tampoco propongo no pagar mientras no tengamos fuerza para desconocerla. En fin, insisto, se trata de diferentes tácticas, porque las tácticas cambian según el momento histórico y no hay por qué injuriar ni descalificar cuando coincidimos en lo central: que fue una estafa y que, cuando podamos, debemos declarar que la deuda es cero. Ahora bien, como el “querido compañero” se preocupa y no sabe en qué lugar colocarse mis 400 páginas del libro De la Banca Baring al FMI, voy a tranquilizarlo con respecto a mi supuesta traición.
Entonces, empiezo para disipar dudas: con 50 libros publicados (discúlpeme pero hay tanto soberbio suelto que por una vez puedo violar mi modestia) nunca he sido invitado al programa de Mariano Grondona, ni he almorzado con Mirtha Legrand, ni me he abrazado con gorilas como Carrió, ni he coincidido con Pinedo (ni el abuelo, ni el nieto), ni he sido cómplice de la Sociedad Rural en ninguna votación. Tampoco me reportean ni “La Nación” ni “Clarín”, así que puede estar tranquilo. Esa gente sí tiene conciencia de clase, no la que supone Pitrola que deberían tener los trabajadores. Son clasistas en serio y hay que tener cuidado porque a veces son muy amables y si pueden, lo usan a uno.
Le sigo contando para que vea que no estoy “quebrado”. Vivo en Parque Chacabuco, un barrio de clase media, en una casa con pileta... de lavar la ropa. Una sola casa (herencia familiar) no dos, porque se sabe que alguna gente tiene dos: una para vivir y otra para albergar el ego. Tampoco tengo auto. Viajo en subte (vocación de minero, como decía Unamuno). Futbolísticamente soy de San Lorenzo que ya es demasiada carga para andar por la vida. Cobro la jubilación mínima y subsistimos con mi familia con algunos derechos de autor y un modesto alquiler de un local de esa vieja casa paterna... Usted, “querido compañero”, dirá seguramente: -Aquí te pillé, ¡eres rentista! (Carlos Marx seguramente no me lo reprocharía y sabría comprenderme ya que, salvando las distancias, no tengo ningún Federico Engels a mano). No soy revisionista a secas, como usted dice, confundiéndome (por ignorancia o por picardía) con Ibarguren o Irazusta. No soy rosista, soy de la línea: Moreno, Artigas, Dorrego, los caudillos federales (en especial El Chacho y Felipe Varela), el PAN en su época antimitrista, Yrigoyen y Perón. Esta reivindicación, hecha desde una Izquierda Nacional, que apoya todo movimiento antiimperialista tratando siempre de mantener su independencia ideológica, política y organizativa, es decir, “Frente Obrero” en el 45, representada luego, por bastante tiempo por Abelardo Ramos, salvo sus últimos años. Asimismo, me siento latinoamericano de Martí, Sandino, Fidel, El Che, Evo, Chávez, Correa y tantos otros. Me considero, sobre todo un militante y por ello he sacrificado mi interés por la literatura y la cinematografía. En música, cero. Salvando también la distancia, digo, como Jauretche, que no distingo la marcha peronista de la marcha de la libertad. Desde esa perspectiva de I. N., estoy más a gusto en la CGT de Moyano o en la CMP de D’Elía, que viajando por Europa o asistiendo a fiestas de embajada. No soy kirchnerista pero apoyo a este gobierno. Lo considero lo mejor que hubo desde que murió Perón, más allá de limitaciones y carencias, que son propias de una sociedad fuertemente golpeada por la dictadura genocida, la frustración de Alfonsín, la traición de Menem, la estupidez de De la Rúa, el derechismo de Duhalde, etc.. Me defino así porque creo conocer donde está el enemigo principal, la correlación de fuerzas y el nivel de conciencia política de los trabajadores y de los sectores medios (algunos de éstos, me aterran). Por eso, jamás se me ocurriría hacerle juicio penal a Cristina por mal desempeño, porque no corresponde y porque la pondría al borde del juicio político, para solaz de Cobos y la “nueva unidad democrática” y además porque entonces eso debiera habérselo hecho a todos los presidentes anteriores (incluso legisladores) y hacerlo ahora es demasiada complicidad con los destituyentes. Este gobierno avanza todo lo que puede y si llegase a caer, no deliremos que va a venir algo mejor, sino la derecha más reaccionaria.
Algo más: integro la corriente política Enrique Santos Discépolo, dirijo el mensuario “Señales Populares”, adscribo a Carta Abierta. En lo fundamental, tengo la certeza de que el futuro es nuestro, de los trabajadores, en el camino de la liberación nacional y la unidad latinoamericana, hacia el socialismo. Sólo ocurre que, “como lechuza largamente cascoteada”, sé distinguir los enemigos y los tiempos. Creo que Trotsky era el que decía que hay gente que confunde 1905 con 1917 ó, ahora en el bicentenario, 1810 con 1816. Y para terminar, me acuerdo de Cooke. El le decía a Hernández Arregui: el intelectual se define sobre el trazo largo de la historia, pero el político tiene que definirse hoy y aquí, todos los días, teniendo presente aquellos objetivos finales, pero sin perder conciencia de en qué momento y en qué lugar está actuando. Creo que algo de esto es lo que nos aleja. Disculpen la extensión pero, en verdad, preferiría que no se ocupasen de mí y profundizasen la discusión sobre la naturaleza histórica del kirchnerismo y cuál es la mejor forma de ayudar a Argentina y al resto de América Latina en estas luchas que van hacia el 2011. Con un saludo,

DE NARVAEZ Y EL PERONISMO : EL PLAN COLOMBIA DESEMBARCA EN LA ARGENTINA

(*) JULIO PIUMATO

Uno de sus intentos pasa por desarticular la capacidad organizativa y política del partido de raigambre popular más importante del país, el peronismo, estafando su matriz ideológica con un candidato empresarial, contrario a los trabajadores. El Colorado viaja en taxi derechito a chocarse contra la pared.

En Latinoamérica, así se conoce al proyecto imperial de dominación continental que, so pretexto de combatir el narcotráfico que desangra a Colombia, comprende amplia presencia militar norteamericana, hechos de desestabilización política en toda la región, y múltiple ayuda, desde bélica hasta económica, al gobierno paramilitar de Alvaro Uribe por parte de los Estados Unidos.

Sus resultados devastadores, sin embargo, sólo se cuentan entre las fuerzas de insurgencia política y victimizan aún más a la castigada población civil, con miles de dirigentes sindicales asesinados.

Mientras el Plan Colombia se profundiza, el narcoterrorismo sigue financiando campañas políticas.

En la Argentina, el Plan Colombia es mucho más modesto. De entrecasa, digamos. Una parodia de aquél, aunque en el fondo ambos persigan el mismo objetivo político: acabar de una vez y para siempre con el proceso de integración regional, que ensaya respuestas concretas a la marginación que el neoliberalismo dejó sembrada como peste en estas tierras.

Su protagonista: Francisco de Narváez Steuer, un ridículo empresario polirrubro, de pelo colorado y enigmático tatoo en la yugular, torpe como un adoquín para las definiciones políticas y –atenti- vinculado a un sonado caso de tráfico de efedrina, un reactivo químico esencial para la producción de drogas sintéticas, además de la cocaína.

Sólo a un niño bien experto en derrochar su fortuna familiar, y que por última osadía se le ocurre actuar en política, se le puede escapar el furcio de defender abiertamente el golpe de Estado en Honduras, tan sólo 24 horas después de haber ganado una elección (aunque por escasísimo margen).

Ningún político de raza pisa el palito, y menos si es mientras disfruta las mieles del favor mediático, ambiente, el de los medios, que De Narváez debiera conocer hasta el detalle, debido a su ilegal participación en el capital accionario del multimedios América. Esa posesión lucrativa se encuentra expresamente prohibida para Diputados de la Nación, normativa que, sin embargo, El Colorado viola de modo alevoso.

Lo cierto es que aún contando con la opinión positiva de la mayoría de los opinadores masivos, entre ellos quienes lo entrevistaban aquella noche en el canal TN, propiedad del Grupo Clarín, el empresario devenido en político estrella de la oposición se dejó arrinconar por los conductores, y debió ceder una confesión políticamente incorrecta: su declaración de amor por el empresario que había derrocado ilegalmente a Manuel Zelaya, su colega Roberto Michetelli. Un típico error de principiante, incompatible para alguien que aspira a capitanear el peronismo.

Es que, aunque resulte difícil creerlo, De Narváez, argentino por opción pero colombiano de nacimiento, ha mostrado en las últimas semanas el deseo abierto de competir por la conducción del Partido Justicialista, para lanzarse, luego, a la carrera presidencial.

Seguramente se sienta entusiasmado con el triunfo electoral del candidato derechista en Chile, el acaudalado Sebastián Piñera, cuyo apego por el ridículo público lo asemeja, además de por la cantidad de bienes, a Mauricio Macri, el ex socio del colombiano.

El Colorado ha tenido el tupé de desafiar a Néstor Kirchner, y no contento con la nueva osadía, se ha declarado peronista. Caramba. El despedidor de trabajadores cuando controlaba Casa Tía, se proclama, ahora, “peronista”.

Mire usted. Hasta se anima a darle consejos a Hugo Moyano sobre sindicalismo y representación gremial. Quien alguna vez se jactó de haber echado a empleados que tenían 25 años de experiencia, liberándose de “todos, los buenos y los malos; desde los cajeros hasta las secretarias de los gerentes, personas que en el pasado habían dirigido la compañía”, declara ahora sentirse preocupado por el trabajo informal.

Peor: le reclama al jefe cegetista “modernizar” la representación sindical, justamente a quien ha logrado hitos para sus afiliados, como contar los trabajadores con el mas moderno sanatorio de America latina que contribuye a la mejor cobertura en salud, el más lujoso servicio hotelero en todo el país, mejores condiciones de trabajo y los sueldos más altos de entre toda la estructura salarial argentina.

Salvo que “modernizar” signifique “flexibilizar” es decir permitir que se arrasen con el trabajo y los demás derechos de los trabajadores.


Lo de Francisco de Narváez parece ser un nuevo intento del establishment económico por volver a usufructuar la estructura política y territorial del peronismo, clave para la representación popular y la construcción de poder real entre las bases sociales, tal como lo hicieran Carlos Menem y Eduardo Duhalde en la década del 90 y hasta 2003.

Sin el peronismo a su favor, saben, la derecha no podrá detener la profundización del modelo de país que se inició con el gobierno de Néstor Kirchner.

Ensaya, entonces, reflotar la experiencia neoliberal dentro del Justicialismo, como en las viejas épocas de oro de la UCD, cuando sus dirigentes cantaban sonrojados la Marcha Peronista, a cambio de implantar con la simbología nacional y popular el plan neoliberal, de devastación social, material y cultural más extraordinario que se tenga registro en la historia argentina, urdiendo al mismo tiempo el desfalco ideológico más brutal del que se tenga memoria, imposible de ser consumado sin el genocidio sufrido en el país durante la dictadura, que desarticuló las organizaciones sociales, sindicales y políticas más comprometidas con la defensa de los intereses populares.

No obstante, la rotunda respuesta del líder de la CGT, Hugo Moyano, indiscutiblemente el gremialista de mayor consenso entre las bases obreras, hace peligrar la intentona.

El camionero expresó que el “peronismo es de los laburantes” y se opone al “peronismo coqueto o paquete con que estos señores pretenden apoderarse”.

También, prometió “movilizar a todos los trabajadores que sean necesarios” para oponerse al empresario en caso de que decida presentarse a elecciones dentro de la interna partidaria y recordó que en el pasado “muchos sectores políticos nos arrebataron” el PJ, advirtiendo que quienes lo intentan ahora sólo se interesan por la estructura “para llegar al poder, y después hacen todo lo contrario a lo que dicen que se debería hacer desde el peronismo”.


A la oposición política de la mayoría de los miembros activos del peronismo a una eventual candidatura a un cargo Ejecutivo de De Narváez, ya sea en la gobernación bonaerense, o en la Casa Rosada, se le suma un impedimento legal: la mismísima Constitución Nacional, que en sus articulados exige que el Presidente y el Vicepresidente de la Nación hayan nacido en el territorio argentino, o, en el caso de haber nacido en el exterior, sean hijos de ciudadanos nativos, condición que no reúne el empresario, vástago natural de un colombiano y una checoslovaca.

Esa inhibición constitucional, sin embargo, puede ser revisada por la Justicia. Llegado el caso, el Máximo Tribunal del país puede declarar la inconstitucionalidad de la mismísima Constitución, y darle permiso a De Narváez de sacarse el gusto y probarse cómo le queda la banda presidencial cruzada sobre sus elegantes trajes de “alta gama”, como se dice ahora.

¿Le dará la Corte Suprema ese beneficio? ¿Observará lo que la ley máxima de la Nación reglamenta, o se rendirá ante los favores de la gruesa billetera del colombiano? Todo es posible en la Argentina del Partido de la Justicia, menos una cuestión: volver atrás en la Historia. Y, recuperación salarial mediante, la versión neoliberal del peronismo parece estar condenada a no volver a repetirse.

(*) La Comisión Política de la CNSP esta integrada por: Antonio Caló, Omar Viviani, Mario Manrique, Jorge Lobais, Domingo Moreira, Carlos Ríos, Nelson Farina, Horacio Ghillini, Omar Plaini, Juan C. Schmid y Julio Piumato

Final del formulario


CENTRO IZQUIERDA ....UN MISTERIO Y UN PROBLEMA


(*)Carlos Girotti

Uno de los secretos mejor guardados de la política en la Argentina es qué significa ser de centroizquierda. A ciencia cierta nadie sabe de qué se trata. Uno puede andar por la calle y, con amabilidad y respeto, preguntarles a los desprevenidos transeúntes pero, en el mejor de los casos, le responderán con el gesto típico de alzar los hombros y bajar la comisura de los labios al mismo tiempo. Para un país en el que los derechistas son vergonzantes –excepción hecha de los mediáticos tyranosaurios recientes– y que los izquierdistas son divisibles por sí mismos, ser de centroizquierda es tanto un misterio como un problema: nunca se sabe en qué consiste ni adónde conduce. Eso sí, es más cómoda que cualquier otra etiqueta de la topografía política, a juzgar por la cantidad de usuarios.
Es muy extraño este lugar. Allí no hay indagatorias ni interpelaciones molestas; en cambio, abunda la autocomplacencia puesto que la identificación con el lugar exime de explicaciones o comentarios o rendiciones de cuenta. Ser de centroizquierda pareciera ser un salvoconducto; está bien, es políticamente correcto, corresponde y, por ende, asegura el libre tránsito por los insondables caminos de los derechos humanos, el latinoamericanismo, el progresismo (cómo no, el progresismo que, incluso, hasta suele ser usado como sinónimo de centroizquierda o de revolucionario según pinte la ocasión) lo nacional y popular (otro tópico), el ambientalismo, la defensa de la democracia, etc. La centroizquierda es una fiscalía todoterreno que promete unidad en la diversidad pero si te he visto no me acuerdo aunque, una y otra vez, mente el ejemplo del Frente Amplio uruguayo y lamente la inexistencia de una cultura política de centroizquierda en este lado del charco. Mentar experiencias ajenas y lamentar la ausencia de una propia es un sino trágico que, inexorablemente, va a parar al territorio de las ingenierías electorales cuando las papas queman y hay que cerrar listas a como dé lugar. Eso para los centroizquierdistas no kirchneristas y para los antikirchneristas, pero para los kirchneristas de la centroizquierda no pejotista el problema no es menor y para la pejotista ni te cuento. Con todo, es muy difícil saber qué es la centroizquierda. ¿El centro es el de gravedad de toda la coalición y por eso algunos dicen el centroizquierda y no la centroizquierda? ¿Es más de centro que de izquierda o es al revés? Si el centro es la barrera infranqueable para la derecha, ¿la izquierda qué vendría a ser, el sueño eterno de la revolución pero en cómodas cuotas mensuales para no provocar al lobo feroz?
Como fuere, lo cierto es que no son pocos los hombres y mujeres que, con las mejores intenciones, reivindican para sí un compromiso militante con el ideario de centroizquierda. Por eso mismo, lejos de faltarle al respeto a nadie, pareciera haber llegado la hora de poner en cuestión esa convención del lenguaje político que designa como centroizquierda a una imposibilidad: la de transformar la política de la queja y la denuncia sistemática en la articulación de un relato del futuro que sea verosímil para millones de personas. No es que no haya empatías circunstanciales entre el ideario de centroizquierda o progresista y acciones o iniciativas protagonizadas por diversos actores y movimientos sociales. De hecho las hubo, las hay y las habrá, pero lo que nunca existió fue una estrategia de intervención política que diera cuenta de las contradicciones sociales, del espacio estatal en las que se desenvuelven y de los mecanismos de representación que paulatinamente fueron entrando en crisis hasta eclosionar en 2001. Desde entonces, o sea, desde la crisis de diciembre, la centroizquierda fue puro desconcierto ante una disputa por la hegemonía que requería reflejos distintos a los acuñados en los años de resistencia al neoliberalismo. No bastaba con reivindicar la experiencia de lucha de los movimientos sociales y su dinámica autónoma, ni con ensayar un discurso político que abandonara definitivamente la ilusión frepasista de la lucha contra la corrupción entendida como la abuela de todas las batallas. El desafío consistía en atravesar la aguda crisis orgánica asumiéndola como una oportunidad y no como una trampa del sistema, como un momento favorable a la irrupción política de amplios sectores populares y no como una celada de la institucionalidad burguesa. Con sus más y con sus menos, el espacio vacante de la centroizquierda lo cubrió el kirchnerismo y entonces ya no hubo cómo remontar la cuesta de las vaguedades estratégicas y las dudas existenciales. Todo se hizo más difícil, las alianzas, la cantidad y calidad de los apoyos versus la cantidad y calidad de las críticas, las adhesiones intempestivas de quienes antes habían abjurado de los comicios, el alejamiento de los que habían depositado esperanzas previas, la medida de la distancia de los que acompañarían pero sin protagonizar, etcétera.
Ahora la situación es distinta. Tras las últimas elecciones legislativas, el conglomerado de actores políticos que se reconoce como centroizquierda ha crecido, entusiasmándose tanto con la cosecha de votos que castigaron al gobierno por sus desaciertos y asignaturas pendientes, como por la posibilidad de librar la disputa presidencial en 2011. ¿Ha sido esto producto de una estrategia? ¿Hay allí una conducción orgánica, referenciada en una construcción política y social, a la que se rinden cuentas en un ir y venir de mandatos democráticos? ¿Se trata de un nuevo movimiento histórico, fundado en un balance autocrítico del pasado reciente y en un análisis sin concesiones de la correlación de fuerzas en la sociedad? ¿Es exactamente así o sólo se trata de un puro y duro pragmatismo, una visión de corto plazo que navega como puede en medio de una crisis de la representación que sigue sin resolverse para tirios y troyanos?
  Que conste, por las dudas: las mismas preguntas le caben al kirchnerismo como fenómeno político, toda vez que fue éste quien cubrió el bache dejado por las expresiones de centroizquierda y no son escasos los kirchneristas que se reclaman como parte de esas expresiones. Por lo tanto, habrá que animarse a formular éstos y otros interrogantes, aunque no haya demasiado tiempo para las respuestas y, sobre todo, para las correctas, que son las imprescindibles para avanzar todavía más.



25-01-1997- ASESINATO DEL PERIODISTA GRAFICO JOSE LUIS CABEZAS



En aquel verano, alguien que había hecho un culto de su anonimato -el empresario Alfredo Yabrán- es sorprendido por una foto que le sacó José Luis Cabezas en Pinamar para la revista "Noticias". Este hecho daría mucho que hablar. Yabrán, llevado al conocimiento de la opinión pública por el largo alegato hecho por el ex ministro Cavallo en el Congreso en ese invierno de 1995, sería conocido –entre otras cosas- porque manejaba los depósitos fiscales de Ezeiza. Don Alfredo, también admitía como propia la empresa Bosquemar, la inmobiliaria que tiene entre sus bienes el Hotel Arapacis de Pinamar.


En una cava próxima a la ruta entre la balnearia localidad de Pinamar y Madariaga, el 25 de enero de 1997, es hallado calcinado dentro de un automóvil el fotógrafo de la revista "Noticias" José Luis Cabezas. Estaba esposado, con dos tiros en la nuca y dentro de un auto incendiado. El hecho provoca una inusitada conmoción y la consigna "No se olviden de Cabezas" se convierte en un lema de organismos periodísticos, de derechos humanos y del público en general. No era casualidad que todo hubiera comenzado en Pinamar. José Luis Cabezas, de 35 años de edad, conocía los secretos pinamarenses a la perfección porque desde hacía cuatro años cubría gráficamente la temporada para la revista "Noticias" y estaba casado con María Cristina Robledo, una chica de la playera localidad con la que había procreado una beba, Candela, de sólo tres meses cuando lo secuestraron. Fue en aquella funesta madrugada, cuando un grupo de hombres lo acorraló justo en la puerta de su casa, tras una fiesta en lo del empresario Andreani. De allí lo llevaron a la cava de Madariaga, lo golpearon hasta partirle varios huesos, lo esposaron y lo ejecutaron sin mirarlo a los ojos, con dos tiros en la nuca, como se dijo. Le prendieron fuego al cadáver dentro del auto que usaba para trabajar, le robaron la máquina de fotos –poco menos que su alma- y luego escaparon. En el lugar quedaron un cuerpo carbonizado, el auto convertido en un grotesco fósil y un reloj-pulsera detenido, tal vez como la vida del fotógrafo, a las 5.48 horas. La síntesis del horror era la huella del crimen organizado, capaz de comprometer seriamente a toda la sociedad civil, a la libertad de prensa y a la clase dirigente. El marco del terrible asesinato aparecía claramente agravado, en el plano de su intuida significación política, por el hecho de que el fotógrafo había sido secuestrado tras una fiesta en la casa del empresario anteriormente mencionado, a menos de 100 metros de la residencia del propio gobernador Duhalde, en una zona que no podía sino estar rigurosamente vigilada. Fue claro que se había decidido convertir el lugar en una virtual "zona liberada" para el operativo.


El gobernador bonaerense, Eduardo Duhalde, ocupó un lugar decisivo en esta trama desde el primer momento. Cuatro horas después del asesinato pasaba frente a la tristemente célebre cava y se quedó pensando que alguno de sus enemigos le había "tirado un muerto" para que tropezara en sus aspiraciones a la presidencia. El cadáver había quedado al lado del camino que debía tomar esa mañana para ir a pescar y la coincidencia parecía demasiado casual. "Pensó en renunciar a la política", dirían sus íntimos. Aunque nunca lo aceptó públicamente, Duhalde se convenció de que le habían "tirado" el cuerpo de Cabezas. De que se trataba de un macabro "mensaje mafioso-político" que le estaba dirigido. Y de que o esclarecía el caso o su futuro político estaba trunco. Por eso la reacción de Duhalde pasó a ser justamente la contraria a la de su depresión inicial. Decidió ponerse al frente del caso y, ante el silencio del gobierno nacional, juró no detenerse hasta el esclarecimiento final. Ofreció recompensas, pidió que se sancionara una ley para arrepentidos y presionó a la justicia por distintos carriles.


Lástima que General Madariaga haya aparecido abruptamente en nuestra Historia Bonaerense por la fortuita situación de un crimen que conmovió y conmoverá por mucho tiempo a la opinión pública. Sino debiéramos haber dicho que a General Madariaga se la conoce como a "la Ciudad Gaucha". Madariaga es muy atractiva para el llamado Turismo Rural, ya que posee importantes Estancias que, por razones históricas, o por las bellezas de sus estilos arquitectónicos, o por las actividades que en ellas se realizan. Todo, aunado, motiva el interés y el asombro del visitante. En la antigua "Estación Divisadero", pintoresca edificación de arquitectura inglesa declarada "Monumento Histórico y Patrimonio de la Cultura e Historia Madariaguense", es donde actualmente funciona el "Museo del Tuyú" de características histórico-regionales.


El 29 de enero, estando Diego Maradona en Mar del Plata, sumó su repudio al asesinato del reportero gráfico José Luis Cabezas.
Duhalde, a partir de entonces, siempre estuvo convencido de que había que buscar a los autores del asesinato de Cabezas en una oscura asociación entre policías bonaerenses ligados con el narcotráfico (¡si lo sabría él!), la estructura de poder de Yabrán y las expresiones de ese poder cerca del gobierno nacional. Al frente de la investigación policial se puso al comisario mayor Víctor Fogelman, considerado un cientificista dentro del cuerpo.


Lo primero que hizo fue seguir una pista falsa y detuvo a cinco delincuentes comunes de Mar del Plata, entre ellos a Margarita Di Tullio, una meretriz de los cabarets del puerto conocida como "Pepita la pistolera" que, de acuerdo con la hipótesis de entonces, era extorsionada por el malogrado Cabezas. La causa judicial, radicada en Dolores, y a cargo del juez José Luis Macchi descubre la complicidad de bandas de marginales y de grupos de la Policía Bonaerense, a quienes Duhalde había calificado hacía pocos meses como "la mejor policía del mundo". Macchi, al principio, anudó algunas marchas y contramarchas y mantuvo presos a los "pepitos" durante dos meses, hasta que la pista se derrumbó sola y la Cámara Penal de Dolores los liberó con un fallo durísimo en el que reclamó a Fogelman que se dejara de hurgar en caminos erróneos y apuntara, de una vez, sobre la Policía Bonaerense.


Aunque nunca existieron pruebas concretas (por lo menos, hasta ese momento), la percepción de la gente apuntaba hacia el empresario Alfredo Yabrán. Miembros de su custodia personal aparecían involucrados en el crimen. Entre otros efectos, el asesinato de Cabezas provoca una purga en la policía de la provincia de Buenos Aires, que el gobernador ya había empezado a depurar por el compromiso de muchos de sus cuadros con el narcotráfico y otras formas de delito. Aunque parezca mentira, a pesar de los esfuerzos infructuosos del Dr. Duhalde por presentar a su gobierno como a uno de los mejores de la provincia a lo largo de la historia, el hecho anteriormente relatado sería el principio del fin para su fracaso de aspirar a la presidencia. Pues, aquel 25 de enero –siendo el detonante el cadáver de Cabezas- la pelea Menem-Duhalde entró en una dinámica mucho más dramática, que en varios momentos arañó el desborde.


En febrero, el gobernador Duhalde se entrevistó con el ex ministro Cavallo para averiguar más datos sobre la relación entre el poder económico y el poder político con eje en Yabrán.
A mediados de marzo, el juez del caso Cabezas, José Luis Macchi, comenzó a preguntarse por qué podían haber matado al periodista gráfico. Fue un crimen por encargo, seguramente se dijo, y entonces había que buscar al instigador. Los sospechados eran dos: por un lado el empresario telepostal Alfredo Yabrán, al que Cabezas había fotografiado cuando su imagen era desconocida y sobre quien se había escrito mucho y en tono crítico en la revista "Noticias"; por el otro, los ex jefes de la Policía Bonaerense, que no disimulaban su rencor porque Duhalde los había echado en una purga de agosto de 1996 y que bien podían haber elegido a un fotógrafo de "Noticias" –no olvidemos en este marco la foto de José Luis a Klodczyck, con el título en letras catástrofe "Maldita Policía"- como un símbolo para golpear al gobernador.


Mientras tanto, en La Plata, el secretario de Seguridad, Eduardo De Lázzari, llevaba adelante una investigación paralela y secreta. Duhalde, el 2 de abril, decidió jugar sus cartas y blanqueó ante el juez Macchi el resultado de ese trabajo: el asesinato, dijo, fue ejecutado por el ex subcomisario de Pinamar, Gustavo Prellezo, y cuatro ladrones de Los Hornos a las órdenes de una mafia policial de la Costa. Esta pista sí era buena, y los cinco sospechosos fueron detenidos en las dos semanas siguientes. La banda de Los Hornos confesó en parte y acusó a Prellezo de hacer los disparos asesinos, aunque el policía, extraoficialmente, decía que sólo había querido asustar a Cabezas y que a uno de los ladrones se le había ido la mano. El caso parecía cerrarse, pero no alcanzó. El gobierno bonaerense, sondeos de opinión mediante, se vio forzado a seguir indagando sobre el autor intelectual. Los ex jefes de la Policía –Pedro Klodczyck a la cabeza- comenzaron a presionar a De Lázzari para que no se los investigara. El secretario de Seguridad debió renunciar, argumentando que estaba enfermo. Fue reemplazado por Carlos Brown y entonces sí, todas las miradas apuntaron a un solo hombre: Yabrán.


Poco después de aquella reunión entre Duhalde y Cavallo, en febrero, la investigación del "caso Cabezas" sobre todo después de la detención de Prellezo como presunto autor material del crimen, profundizaba la pista Yabrán, luego de comprobarse los contactos del detenido con Gregorio Ríos, el jefe de la seguridad del empresario de OCA. Por su parte, en abril, Yabrán es citado en el Congreso, entre desórdenes y abucheos. Es que el empresario, hasta entonces casi clandestino, estaba sospechado por el "caso Cabezas", a partir de los contactos de Yabrán y su círculo con sectores menemistas. Duhalde se enganchó inmediatamente en esa trama. Inevitablemente el clímax del conflicto se hacía ostensible, cuando Duhalde señaló directamente al empresario telepostal como el sospechoso de la autoría intelectual del crimen y la estructura provincial de investigación del caso empezó a publicitar los resultados de la aplicación del sistema informático Excalibur, de seguimiento de las llamadas telefónicas, que desnudaron los estrechos contactos entre Yabrán y altos funcionarios del gobierno nacional. Es decir, el empresario pronto quedó cercado por su aparato de seguridad, formado por ex represores de la dictadura. Se encontraron indicios comprometedores, como la agenda de Prellezo repleta de teléfonos en clave del empresario y su entorno, o los sospechosos contactos entre el policía y el jefe de la seguridad de Yabrán, Gregorio Ríos.


Se acentuó el desafío al Presidente Menem por parte de, su pretendido, heredero natural: el gobernador Eduardo Duhalde. Éste pareció encerrarse en su juego de presentarse simultáneamente parecido y diferente al menemismo.
Continuando con el intrincado "caso Cabezas", digamos que ya se tenía la certeza de que el presunto asesino del reportero gráfico era uno de los policías de confianza de Yabrán en Pinamar, donde el empresario tenía casas e inversiones, y este elemento definió los movimientos del juez, que el 23 de mayo lo recibió en su despacho, junto a Ríos, para que declararan como testigos. Mientras Duhalde provocaba un temblor político cuando, en el Senado, le recomendó a Yabrán que se buscara "un buen abogado". De los 135 cuerpos de la causa, los últimos 110 están abocados a investigar al empresario y su entorno. Se incluyen listados de los llamados telefónicos hechos desde la oficina y la casa de Yabrán, procesados por el sistema Excalibur, una computadora que rápidamente se convirtió en estrella. Las revelaciones del programa Excalibur comprobaron muchos vínculos entre Yabrán y el gobierno nacional y forzaron la renuncia del entonces ministro de Justicia de la Nación, Elías Jassan, que había negado conocerlo y quedó atrapado en la lista de 103 contactos telefónicos entre su celular y la oficina del empresario telepostal.

El 18 de junio, el gobernador daba una vuelta de tuerca y caracterizaba a Yabrán directamente como "uno de los sospechosos" del crimen de Cabezas, en el mismo momento en que el empresario hacía presentaciones judiciales, con pedido de hábeas corpus incluido, con el argumento de que Duhalde pretendía utilizarlo como "chivo expiatorio".
Menem estuvo, otra vez, fuera del país (en Estados Unidos) entre el 19 y el 24 de junio, cuando debió reemplazar al más habitual de los interlocutores telefónicos de Yabrán –como ya se dijo-, el entonces ministro de Justicia Elías Jassan. Al mismo tiempo, el presidente hizo una fuerte defensa pública del empresario telepostal que contrastaba con las acusaciones de Duhalde. Más aún, el presidente ordenó al jefe de Gabinete, Jorge Rodríguez, que recibiera en audiencia especial a Yabrán para escuchar sus quejas sobre una supuesta persecución a la que lo sometía el gobernador. Cuando entró en el despacho del ministro Jefe de Gabinete, Jorge Rodríguez, en la mañana del 24 de junio, Alfredo Yabrán, el hermético empresario telepostal, a quien Domingo Cavallo le atribuía desde 1995 el carácter de "jefe" de las mafias "enquistadas en el poder" y a quien Eduardo Duhalde acababa de considerar "sospechoso" de la autoría intelectual del crimen de José Luis Cabezas, quedó consagrado como un personaje central también de la política argentina. En el momento en que se concretaba la polémica entrevista en la "Rosada", el presidente Menem en Nueva York aún, ensayaba una nueva defensa pública del empresario, víctima según él de una "campaña de prensa". Al mismo tiempo lanzaba la primicia de que el entonces embajador en Washington, Raúl Granillo Ocampo, sería el reemplazante del hasta entonces ministro de Justicia, Elías Jassan, quien fuera acusado gravemente, precisamente, por las evidencias de sus asiduos contactos telefónicos con Yabrán, detectados a través del sistema informático Excalibur por el equipo de la Policía Bonaerense dedicado a la investigación del "caso Cabezas".


En la misma circunstancia de la entrevista entre Yabrán y Rodríguez, en La Plata, el vicegobernador Rafael "Balito" Romá aseguraba que, de haber estado en Buenos Aires, hubiese participado de la manifestación con bocinazos convocada por la oposición del FrePaSo y del radicalismo para repudiar la concesión de la audiencia oficial al sospechado empresario. Luego, Romá aclaró que se trataba de una toma de posición estrictamente personal, pero a nadie le quedó duda de que, para expresar lo que había expresado, contaba con la aquiescencia del gobernador Duhalde.


Es que la centralidad política adquirida por Yabrán se había construido esencialmente en el desarrollo del creciente enfrentamiento entre el proyecto presidencial de Duhalde y las desmedidas aspiraciones de Menem y su séquito de aduladores de conseguir la posibilidad de un tercer mandato consecutivo o, por lo menos, de conservar una porción determinante de poder, dos proyectos que la realidad se empecinaba en demostrar como mutuamente excluyentes. Sólo una frágil tregua pactada por el presidente y el gobernador en la medianoche del 27 de junio, en la casa particular de Eduardo Menem, a partir del temor compartido a un desastre electoral en octubre, permitió bajar el perfil de la pelea específica, en términos imprevisiblemente precarios.
Tanto el presidente Menem como el gobernador Duhalde elogiaron la precandidatura de Alfonsín, en tanto que el Frepaso interpretó ese lanzamiento a la arena política como un intento, funcional al oficialismo, de minar la alta intención de votos que le daban las encuestas a "Graciela" en la provincia. Las estocadas de Duhalde contra Yabrán y el menemismo fueron retomadas –en reiteradas oportunidades- por la esposa del gobernador, "Chiche" Duhalde, convertida en primera candidata a diputada nacional por el Partido Justicialista bonaerense y, por lo tanto, revestida de una representación política importante. Desde el lugar del sentido común doméstico en el que se colocó permanentemente en todas sus declaraciones públicas, Chiche usó casi como un latiguillo la frase según la cual "para la gente, los principales sospechosos del caso Cabezas son Yabrán y sectores de la Policía Bonaerense". A medida que se acercaba la fecha de las elecciones, sobre todo a partir de la conformación concreta de la Alianza, el presidente y el gobernador compitieron sin concesiones por ocupar el centro de la escena. A cada gesto diferenciador de Duhalde, Menem respondía con una nueva iniciativa a favor de la "nacionalización" de la campaña.


Continuamos, y no nos olvidamos de Cabezas. Aunque no había, ni hay, indicios concretos sobre el motivo que pudo haber llevado a Yabrán a ordenar el crimen, el 1° de septiembre el juez, asesorado y, en cierto modo, presionado por el gobierno de Duhalde, decidió ordenar la detención de Gregorio Ríos, que se entregó en la Brigada de Dolores, después de escapar de la Justicia durante 60 horas. Fue el detenido número nueve, sumándose a los supuestos asesinos, el informante que aportó la pista "pepitos" y dos policías cómplices de Prellezo. El empresario telepostal y su vocero, Wenceslao Bunge, protestaron reiteradamente por la presunta intención de Duhalde de utilizar el caso del asesinato de Cabezas y la supuesta implicación de Yabrán-Ríos-Prellezo como instrumento determinante de la campaña electoral para el 26 de octubre.


El 10 de octubre, Yabrán fue llamado a declarar como imputado y sospechoso de la autoría intelectual del crimen más sórdido y con motivaciones políticas desde la última dictadura militar. Su nombre parecía quedar atado a un crimen, por el momento, impune. Desde allí, las sorpresivas apariciones públicas del empresario telepostal –quien, hasta entonces había cultivado un cuidadoso incógnito-, con largas declaraciones a distintos medios de prensa, buscaron con persistencia estratégica caracterizar las denuncias del gobernador como una jugada estrictamente política. Una serie de solicitadas firmadas por Yabrán, en distintos momentos del año, también tomaron ese argumento como línea central de defensa frente a las sospechas levantadas en su contra por la autoría intelectual del crimen de Cabezas.
El 15 de mayo de 1998, el juez de Dolores a cargo del "caso Cabezas" –José Luis Macchi-, ordenó la captura del principal sospechoso de ser el autor intelectual del homicidio calificado del fotógrafo: Alfredo Yabrán. Cinco días después, el empresario telepostal (aparentemente) se suicidaba en una de sus Estancias en Entre Ríos. Este hecho se inscribe, también, en la circunstancia que pocos días antes había declarado ante el juez la esposa del principal acusado como autor material del asesinato del periodista gráfico, el ex policía bonaerense Gustavo Prellezo, quien dijo que detrás del crimen había estado Yabrán. El testimonio de Silvia Belawsky –también perteneciente a la policía bonaerense- parece haber sido determinante para el abrupto final del empresario entrerriano. En los textos, aparentemente dejados por don Alfredo, éste insiste en su defensa política al cargar contra su máximo enemigo en las horas finales: el gobernador bonaerense Eduardo Duhalde, el hombre que siempre creyó que el crimen de Cabezas fue una operación en su contra que terminó sellando su derrota en las legislativas del ´97 y que también le impidió alcanzar la presidencia -"maldición del gobernador de la provincia de Buenos Aires"- en 1999.
Yabrán había sido el motor de la pelea Menem-Duhalde por la sucesión presidencial. Y con su muerte, el gobernador quedó privado de una herramienta de presión en su batalla quijotesca contra el menemismo. La desaparición del empresario tuvo el inmediato efecto de clausurar la causa Cabezas, que había alcanzado un punto de ebullición en el preciso momento en que se produjo su desaparición física. Quizá también llegó a impedir escarbar el crimen hasta la médula, un reclamo –por demás- de la más elemental justicia. La última palabra la diría el juicio oral, después de naufragado el proyecto presidencial de Duhalde.
El 14 de diciembre de 1999, la Fiscalía le imputó al empresario postal, ya muerto, Alfredo Yabrán, la autoría intelectual del crimen del fotógrafo de "Noticias". Gregorio Ríos está acusado de instigador. Su defensa sufrió un traspié. En la primera audiencia del juicio por el homicidio de José Luis Cabezas, la sombra de don Alfredo se convirtió en uno de los ejes centrales. Repetimos, la Fiscalía le imputa al empresario muerto la autoría intelectual del homicidio y al jefe de la custodia, Gregorio Ríos, el rol de instigador. La defensa de Ríos planteó un recurso de nulidad, pero no prosperó.
El 17, un periódico hace patente los temores del hornero Braga. "En la cárcel estoy vivo, afuera me hubieran matado", reflexionó ante los periodistas. Horacio Braga, el miembro más comprometido de la banda de Los Hornos, hizo nuevas revelaciones sobre la muerte del fotógrafo José Luis Cabezas, mientras se sustancia el juicio en Dolores. Por su parte Prellezo admitió que Yabrán quería "un verano sin ser molestado".


El 19, la defensa del ex policía Gustavo Prellezo confía en que la ronda de testigos que se iniciará en el día de mañana en los tribunales de Dolores resulta favorable al acusado de ser autor material del asesinato de José Luis Cabezas. Entre los testigos citados aparecen cuatro personas que en su momento no reconocieron al ex policía, entre los que merodeaban la casa del empresario postal Oscar Andreani.


Un testigo dijo que la banda de Los Hornos se jactaba del crimen de Cabezas. El testigo, que es un vecino de los imputados, aseguró que Retana estaba convencido de que tendría más prestigio en el hampa "platense" y que así podría convertirse en el jefe de la barra brava de Estudiantes de La Plata.


El 6 de enero de 2000 declaró, en el caso Cabezas, Horacio Braga culpando a Prellezo. Dijo que el ex policía lo hizo para vengarse de su anterior jefe, el ex comisario Alberto Gómez.
Entonces se pide perpetua para la mayoría de los acusados, mientras que Redruello quedó libre. Para los fiscales, el fallecido empresario Alfredo Yabrán fue quien ordenó el asesinato del infortunado fotógrafo. El 21, en una extraña jornada, en la que el abogado de la familia Cabezas lloró mientras estaba relatando cómo habían secuestrado al fotógrafo. Los querellantes pidieron la reclusión perpetua de los ocho acusados por el homicidio y, al igual que los fiscales, sindicaron al empresario Alfredo Yabrán como el autor intelectual del crimen. "No puedo, no puedo", dijo el abogado Alejandro Vecchi y se tomó la cara con ambas manos, ante la sorpresiva mirada de todos los asistentes en la sala de audiencias.


El 28 de enero el juicio por el caso Cabezas entraba en la recta final. Ya habían terminado los alegatos y ahora llegaba la hora de la verdad. En los próximos días el tribunal daría a conocer el veredicto tras cuarenta y siete días de juicio oral y público. Los nueve imputados en la causa se negaron a hablar ante los jueces y el presidente del tribunal, Pedro Begué, anunció que en la próxima audiencia se leerá el veredicto y en caso que así corresponda, la sentencia.
El 2 de febrero, después de tres años del horrendo crimen, la Justicia condenó a durísimas penas, de reclusión y prisión perpetua, a los asesinos de José Luis Cabezas. La Cámara Federal de Dolores sostuvo que el crimen del fotógrafo fue el producto de un "plan deliberado y frío", con tres actores principales: el empresario Alfredo Yabrán, su custodio Gregorio Ríos y el policía Gustavo Prellezo, quien deberá cumplir reclusión perpetua como autor material del crimen. Ríos cumplirá prisión perpetua como instigador. Además, fueron ocho los declarados culpables. A la banda de Los Hornos le dieron prisión perpetua, pero a dos los consideraron coautores del crimen (Braga y González), y a otros dos partícipes primarios (Retana y Auge). Los ex policías Luna y Camaratta también fueron condenados a reclusión perpetua como partícipes secundarios. La única que zafó fue Belawsky, que sólo fue condenada a cuatro años por estafa y, de todos modos, quedaba en libertad. Las penas más duras fueron por la condición de policías de los imputados. El Tribunal consideró que el plan original no era matar a cabezas, sino asustarlo. Y que todo se desató por la molestia de Yabrán ante la búsqueda del fotógrafo.

La investigación había llegado a los intersticios de las redes mafiosas en Argentina. Desnudó las conexiones de Yabrán con el poder y descifró los mensajes que lo ligaban con los asesinos de Cabezas, lo que provocó la fuga y luego el suicidio del empresario, en mayo del ‘98. Aunque la Cámara propuso que se continuara avanzando en la investigación. La familia Cabezas demandó a los herederos de Yabrán, reclamándoles 13,5 millones de dólares de indemnización. La Justicia trabó un embargo sobre los herederos y pidió que se abrieran las cuentas de Yabrán en el exterior.


Al día siguiente, el gobernador bonaerense Ruckauf descartó en forma terminante la posibilidad de conmutar las penas a los asesinos de Cabezas. Porque los defensores de la banda de Los Hornos le habrían cursado al gobernador un pedido en ese sentido. Todos los condenados preparaban sus apelaciones. Anuncian que habrá una investigación para aclarar lo que falta. El gobernador bonaerense afirmó el mismo día de la sentencia que "de ninguna manera" otorgaría una conmutación de penas a favor de los ocho condenados por el crimen del reportero gráfico José Luis Cabezas.


Conexo al caso, le pegaron un tiro a la mujer de un condenado. En un confuso episodio, un delincuente baleó en este día a Mónica Oyarbide de treinta años, esposa de Héctor Retana, uno de los integrantes de la banda conocida como "los horneros", que la justicia condenó por el crimen del fotógrafo José Luis Cabezas. El hecho ocurrió en Los Hornos y la mujer tuvo que ser internada en un hospital.
El 24 de febrero de 2005 recupera la libertad el segundo "hornero", miembro de la banda de delincuentes que asesinó a José Luis Cabezas. Había sido condenado a dieciocho años de prisión, pero Sergio González –de él se trata- cumplió apenas siete por el beneficio del dos por uno.
El 14 de abril de 2005, pagando una fianza de veinte mil pesos queda en libertad el último miembro que estaba en cautiverio de la banda de los horneros y autor material de la muerte del fotógrafo José Luis Cabezas, Horacio Braga. Una reducción de pena ordenada por la Cámara de Casación permite su libertad.
Más allá de la época de que se trate, las barras bravas de Estudiantes y de Gimnasia siempre revelaron un elevado grado de peligrosidad. Involucradas en la batalla de San Vicente y encolumnadas según quien lo denuncie detrás de la filial de la Uocra platense que lidera el duhaldista Juan Pablo "Pata" Medina, han protagonizado hechos de sangre en distintos escenarios. La banda de los horneros que participó en el crimen de José Luis Cabezas se nutrió de barrabravas de segunda línea de Estudiantes como Héctor Miguel Retana, ya fallecido. El 2 de abril de 1997, en su quinta de San Vicente, lo recibía el por entonces gobernador bonaerense, Eduardo Duhalde. Compartieron un asado, vieron un partido entre las selecciones de la Argentina y Bolivia y Retana le contó lo que sabía sobre el asesinato del reportero gráfico. En la vecina quinta de Perón y ante las cámaras de televisión, los violentos de Estudiantes reclutados por Medina, en medio de los disparos y los proyectiles que volaban, se permitieron un gesto futbolero. Con siete dedos señalaban la cantidad de goles que su equipo le había propinado a Gimnasia en el clásico de la ciudad.



La ignorancia es el peor enemigo de la civilizacion, y la ignorancia suele ser, en sus efectos y frecuentemente en sus impulsos, tan malvada como la misma maldad. Eugenio Maria de Hostos

FUENTE :

Todo taller de FORJA parece un mundo que se derrumba.
Mónica
monica@loquesomos.org