Seguidores

7 de noviembre de 2010

LA POLÍTICA SIN NESTOR KIRCHNER

*Por Eduardo Anguita


No se puede soslayar que la sintonía entre Lula y Néstor y Cristina es el resultado de que, por primera vez entre las dos naciones, la relación empezó por la política y no por los aranceles o el tipo de cambio.

Ayer por la mañana, desde la Residencia de Olivos, apenas cinco días después de la desaparición física de Néstor Kirchner, Cristina Fernández, ahora viuda de Kirchner, retomó el timón de todas las actividades presidenciales. Muchos de los ministros y secretarios de Estado escucharon su voz a través del teléfono no bien retomaba sus tareas. Básicamente para decirles, brevemente, que siguieran con todas las actividades tal cual los lineamientos previos al conmocionante fallecimiento del ex presidente. También se hizo tiempo para llamar a Dilma Rousseff, tras su contundente triunfo por más de 12% sobre su oponente José Serra. “Bienvenida al club de compañeras de género”, le dijo Cristina, recuperando el tono coloquial. Cristina, que viajará seguramente a Brasilia el 1º de enero para asistir al traspaso de mando entre Lula y Dilma, recibió a su vez una cordial respuesta: “Te envío un fuerte abrazo por lo que Néstor implicaba para la región, por el esfuerzo que había puesto y por lo que significó para el crecimiento de toda la región.”

Cristina ya está de nuevo en su trabajo. Es tan difícil de dimensionar lo que implicará la ausencia de su marido. Tan difícil como Dilma al frente del Planalto. Dilma es mujer, hija de un inmigrante judío, fue calificada como la Juana de Arco de la guerrilla a fines de los sesentas, conoció la cárcel y la tortura y hoy es la sucesora del presidente operario, hijo de la pobreza y fundador del Partido de los Trabajadores. Ese partido joven va por cuatro años más de gobierno en el país más importante de la región. Por su parte, la presidenta argentina –seis años menor que la brasileña– emergió a la vida política en el peronismo como parte de una generación audaz, que fue diezmada y que desde 2003 es parte insoslayable de la dirigencia argentina.

Brasil y la Argentina habían vivido procesos muy distintos desde sus orígenes. El historiador revisionista José Rosa decía que la transición de Imperio a República en Brasil se había dado gracias a que había una aristocracia capaz de conducir los cambios mientras que en la Argentina, la oligarquía terrateniente era el freno para poder sortear la transición hacia una Nación, pese a haber triunfado en la lucha anticolonial.

Escribió Rosa en Rivadavia y el imperialismo financiero: “Como la clase privilegiada de una colonia se entiende a sí misma como la patria y gobierna en exclusivo beneficio de sus intereses de clase y de sus mandantes de ultramar, no puede ser llamada aristocracia. Carece de la ‘virtud política’, que quería Aristóteles, de interpretar a la comunidad íntegra. No es una clase dirigente porque nada dirige; simplemente medra. Por eso la he llamado privilegiada y no dirigente. No es una aristocracia, sino una oligarquía dentro de la clasificación aristotélica de los gobiernos.”

Rosa, pese a su mirada conservadora, tuvo en común con otros pensadores nacionales su fervor por el rol del peronismo como el fenómeno social y político que podía sacar a la Argentina del atraso.

Nunca la relación entre estos dos países fue sencilla. Más bien compleja y de desconfianza mutua en la mayoría de los gobiernos. Incluso cuando estaban al frente del gobierno de ambos países Getulio Vargas y Juan Perón, los dos presidentes que dejaron una huella indeleble en su identidad política. Vargas estuvo cuatro veces al frente del Ejecutivo, mientras que Perón estuvo tres veces. El primero dejó una huella importante y es una prenda de unidad en ese país, de hecho la fundación que lleva su nombre es el instituto en el cual se forma la clase dirigente brasileña. Por su parte, dadas las características facciosas de esa oligarquía a la que hacía mención Rosa, Perón pasó a la Historia argentina como el líder popular que permitió el protagonismo de los trabajadores. La realidad de estos días muestra que la vigencia del peronismo es mucho más que la inclusión de los derechos sociales. Fue quien sentó las bases del movimiento político que estos días se revitaliza y se rejuvenece. La estatura de Néstor Kirchner como líder político y promotor activo de un Estado de bienestar fue posible gracias al justicialismo, partido del que fue presidente hasta el último minuto de su vida.

No se puede soslayar que la sintonía entre Lula y Néstor y Cristina es el resultado de que, por primera vez entre las dos naciones, la relación empezó por la política y no por los aranceles o el tipo de cambio. El PT y el kirchnerismo fueron las fuerzas políticas de la inclusión de los desposeídos y de la afirmación de los derechos laborales. Pero son, en este momento del mundo, mucho más que eso. Basta reparar en el lugar que ocupan Brasil y la Argentina en un mundo donde los países centrales atraviesan problemas similares a los que vivían décadas atrás los países periféricos. Tanto las naciones europeas como los Estados Unidos, pese al desarrollo industrial y a su liderazgo tecnológico, hoy no pueden dominar a regiones como América Latina. Por el contrario, en esta región se vive una afirmación de la soberanía y solidez en las relaciones entre gobiernos. Lula, que ahora empieza a preparar su retirada del gobierno y Néstor, que se despidió de esta Tierra, fueron dos protagonistas centrales de esta historia. Tanto Cristina –afianzada en el Ejecutivo y con el desafío de liderar el movimiento popular– como Dilma –que en dos meses comenzará a escribir una página trascendental en Brasil– son otras dos figuras centrales del cambio.

BUENOS AIRES. Con el correr de los días, se irá teniendo algo de certezas acerca de cómo es la Argentina sin Kirchner. Ayer, en La Plata, hubo un gesto contundente de apoyo a la presidenta. La provincia más poblada del país, la que más sufrió los efectos de la desindustrialización y de la expansión de villas miserias y asentamientos precarios, mostró un grado importante de madurez política. El gobernador Daniel Scioli, vicepresidente del justicialismo y objeto de demasiadas especulaciones periodísticas, concitó la presencia de 91 intendentes (sobre un total de 134 distritos), entre los cuales estuvieron, por ejemplo, Sergio Massa (Tigre) y Pablo Bruera (La Plata) que no tenían precisamente una relación fluida con Néstor Kirchner. Cabe aclarar que su fallecimiento abrió para cualquier analista serio una cantidad de interrogantes concretos acerca de cómo será el comportamiento de esos dirigentes de cara a posibles reacomodamientos. No faltaron quienes se ilusionaron con un papel descollante de Eduardo Duhalde y Francisco de Narváez en el peronismo bonaerense y que el ariete para ese papel sería el grupo de intendentes que, supuestamente, se encolumnan con Bruera y Massa. El artículo más descarado en ese sentido fue una operación de prensa firmada por la corresponsal del diario El País de Madrid en Buenos Aires, Soledad Gallego Díaz, que apenas murió Kirchner se animó a dar seis nombres claves para entender la Argentina del día después. Además de Duhalde y De Narváez, la periodista española nombraba a Mauricio Macri y a Scioli. Claro, a este lo ponía en primer lugar como la figura emergente, capaz de producir un viraje.

Pues bien, ojalá esta mujer lea las declaraciones del gobernador y pueda dimensionar el acto en La Plata. “El camino iniciado en 2003 no puede tener vuelta atrás de ninguna manera” dijo, y reseñó los logros de Kirchner. Hablaron una docena de intendentes y, dato significativo, lo hicieron ante los canales de noticias que pudieron pasar en vivo el encuentro. Así cada cual puede sacar sus impresiones sobre lo que piensan y dicen los referentes de cada distrito. Muy importante fue la intervención de Fernando Espinoza, intendente de La Matanza, el distrito más poblado de la provincia y que tiene a su referente político, el vicegobernador Alberto Balestrini, incapacitado de ejercer por el ACV que sufrió en abril pasado. Espinoza dijo ayer: “El mejor apóstol de Néstor es Cristina Kirchner. Hay que firmarlo para que quede claro. Claramente tenemos que dejarle las manos libres, absolutamente libres a Cristina. No puede haber condicionamiento. Y esto tenemos que dejarlo expreso claramente. Que no haya ningún lugar a dudas. Todos apoyamos a la presidenta y que ella tenga las manos libres para decidir cómo seguimos. Perón decía que para hacer tortillas, había que romper algunos huevos. Debemos seguir rompiendo los huevos.

*Director de Miradas al Sur.
Tiempo Argentino 02/11/10
 
FUENTE: El Ortiba
Publicar un comentario