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10 de octubre de 2010

PATINANDO

(*) JUAN DISANTE 





Crecientemente, la población latinoamericana se desplaza en patines de dos ruedas.
Y los que miran, aparte de mirar, quieren intentar.
Visto desde abajo, los patinadores acometen un símbolo. Todo es forma.
Es así que los que miran, se empeñan por entender, pero no entienden.
Entonces los patinadores siguen patinando, hacen piruetas. Se ríen a carcajadas.
Por aquí, por allá, unos vientos los vienen, otros los van.
Los que no patinan quieren establecer una norma.
Los unos acometen, los otros completen.
Los patines carecen de luces de giro, entonces esto aflora preocupación. Aflora.
Lo otro desaflora.
Esa pequeñísima gente, antes de comprar un chile o un celular, prefiere ahorrar y apropiarse de patines.
Qué raro que le suena a algunos. Y resuena: “No tiene ninguna utilidad”.
Solo permite desplazarse alrededor de las verdulerías y de los gerundios con cierta vivacidad.
El pasavolante dice: “Yo estoy por el cambio”. Y produce vaivenes con su figura.
Se inclina hacia un lado… luego hacia el otro, como un vals. Yendo.
Y el grandísimo que mira no se pronuncia, dice hablar por las narices. Viniendo.
Y quiere aprender a empujar el pie derecho contra el piso. Pero le preocupa el choque.
“Las colisiones son fatales”.
De alguna manera, los patinadores desandan veredas y quieren ocupar las anchuras.
Y es sabido que con poco esfuerzo, hacen un mundo.
Conforme al uso, se comprometen con lo incierto, las traducciones y el compromiso.
"Se ci guardiamo, ci vediamo" (Si nos miramos, nos vemos).
La velocidad enloquece. Por ello el patinador circula cadencioso, desempedrando las calles.
A mediana prisa.
Y los automovilistas que pasan como una bala en dirección a sus oficinas, frenan de golpe, estiran su cuello y observan al patinador que no utiliza ninguna nafta especial, ni tiene frenos.
Fundadores al paso, sólo desenfrenos.
Y ven con preocupación que cada día son más.
Los que patinan son amantes de los errores, de los ceros y de algo opíparo.
Los que miran se hacen cruces.
Mientras, un matrimonio con sus dos hijos, compran pochoclo y entran todos a un cine
en patines de dos ruedas.


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