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31 de octubre de 2010

HASTA SIEMPRE, NESTOR

*Por Alberto Nadra

Lo conocí los primeros días de febrero de 2003. La actividad en la Casa de Santa Cruz era vertiginosa, con la intención de voto todavía en un dígito. Con un grupo de dirigentes políticos, estábamos por decidir el apoyo a su candidatura, convencidos de que era la mejor opción para la Argentina, aunque tal vez no la que cada uno de nosotros había soñado.

Lejos de la imagen de hombre irascible y autoreferencial que han instalado en una parte de la sociedad algunos medios y dirigentes opositores, en aquel entonces encontré en Néstor una calidez que me tocó íntimamente; algo que no suele pasar cuando uno tiene muchos años de política. Cuando nos despedíamos, me tomó del hombro, con todo el afecto que podía permitir un primer encuentro, pero que era indudablemente genuino. Me llevó con deferencia hacia un costado para recordarme a mi padre (“gran persona tu viejo, y un dirigente del que aprendimos mucho; quizás el único con el que disentíamos, pero sabíamos que no era gorila”) y mi participación en las Juventudes Políticas (“también me acuerdo perfectamente lo que vos hiciste, hasta el golpe y después del golpe; espero que los años que vienen nos encuentren juntos”). Por varios días pensé que esos datos le había sido anticipados para la ocasión por algún colaborador (como suele suceder en casos similares). Pero él se encargó de comprobarme lo contrario en los escasos, pero trascendentes encuentros que sucedieron a ese; entre ellos, cuando me pidió que acompañara a  su co-provinciano, el desarrollista José Ramón Granero, primero en el PAMI y, luego, en una Secretaría de la Presidencia.

La primera reunión no fue pacífica, debo reconocerlo (¿es que había reuniones pacíficas con ese político que defendía sus convicciones con toda la fuerza, y había cuestiones de fondo que uno discutía?). Pero el planteo de su proyecto fue firme, con absoluta seguridad; y la conclusión que nos embargó a todos fue la misma: había que apoyarlo.

“Estamos de acuerdo en la convocatoria del gobernador [de Santa Cruz] a un frente nacional y popular, con participación de fuerzas y personalidades no peronistas, para lograr un modelo de producción y trabajo contrario al neoliberal, pues nuestra propuesta económica y social es el plan Fénix y, en lo político, contribuir a la construcción de una confluencia de fuerzas nacionales y populares”, reproduce un cable de Télam, días después, las declaraciones que realicé a la salida del encuentro.

Y también, con fecha 16 de febrero, cita el despacho: “Si el compromiso (de Kirchner) se cumple, estamos ante una ineludible oportunidad para los que buscamos una alternativa en el país”.

Y vaya si fue un compromiso cumplido: terminó con el conflicto docente a horas de haber asumido; reinstaló las paritarias congeladas durante más de una década; devolvió el aporte arrebatado a los jubilados y los estatales; promovió el desarrollo del mercado interno, y que las exportaciones sólo sean consideradas útiles en tanto no se limiten a ser primarias y, en cambio, incluyan el valor del trabajo, es decir, el salario argentino;  retomó el camino que ahora transitamos en el juicio a los responsables del genocidio dictatorial, cuando ni los militantes más comprometidos soñábamos que fuera posible luego de tanto tiempo; estrechó los lazos con la Patria Grande latinoamericana.

Cristina siguió este camino y profundizó estos importantes cambios, como el mismo Néstor había anticipado al despedirse de la presidencia: dignificación de los jubilados; la incorporación de millones que tenían vedado el acceso a su pensión; recuperación de los dineros de los trabajadores regalados a las AFJP para un negocio construido sobre la  miseria y la muerte de millones de argentinos; recuperación del área estatal de la economía (Fabricaciones Militares, Astilleros, entre otros); matrimonio igualitario; Asignaciòn Universal por Hijo; impulso al UNASUR y participación decisiva contra el golpe en Honduras y el intento sedicioso en Ecuador…Los avances han sido numerosos. Aquí sólo menciono algunos, que surgen al correr de la máquina; porque no es momento de balances; sólo quiero rendir un homenaje a mi manera.

Es cierto que hay aspectos que discutimos y seguiremos discutiendo: la irreparable falta de la construcción de una fuerza nacional y popular organizada, pluralista y transversal, que permita defender y profundizar, con la mayor eficacia, estas conquistas –impedir, por ejemplo, que nos derrotara la asonada ruralista y que el apoyo de la izquierda quedara dividido por la oposción– y profundizar en todas las que, sin duda, faltan, para levantar, efectivamente, las banderas de justicia social, soberanía política e independencia económica.

Pero Néstor superó con creces todas nuestras expectativas. Quizás, como en aquel ‘73, porque las ilusiones eran moderadas y los logros fueron mayores. Algunos –que estaban desde el principio, o que se incorporaron tadíamente– no alcanzaron a comprender el momento histórico que estamos protagonizando, y se alejaron resentidos, desanimados. Tal vez porque del rechazo y el escepticismo pasaron a creer que un hombre podía tomar el cielo por asalto, conseguir lo que ellos jamás consiguieron con su propia fuerza.  Se alejaron con algunas razones, pero sin ninguna justificación. Porque la oportunidad es esta. Y lo sigue siendo, con el apoyo a Cristina: seguir la brecha abierta por Néstor, un estadista nacional y regional; pero también un hombre de carne y hueso, como lo prueba la superioridad de la muerte. Pero un hombre con arrojo y valentía política, que la despreció de frente, una y otra vez, con su indetenible actividad.

En medio de tantas infamias y acusaciones, de adjetivos calificativos y poca política, –salvo la del privilegio– Néstor dio su última lección, la definitiva: el proyecto político de “los Kirchner”, que hoy es el único viable para el campo nacional y popular, merece ser defendido hasta con la propia vida, en esta época del “fin de los grandes relatos”. Ese legado es claro e ineludible. Y, más allá de cualquier matiz, lo llevaremos adelante. Porque está en juego nuestra historia militante y nuestro futuro; el bienestar y la felicidad del pueblo.

*www.albertonadra.blogspot.com


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