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19 de septiembre de 2010

PARA USTEDES, compañeras/os MAESTRAS/OS





(*)  SUSANA PUSSACQ 


Hace años aprendí que los días de paro son, ante todo, días de reflexión.
Porque cuando llegamos a ellos, ya no hay, al menos momentáneamente, lugar para las discusiones entre las partes.
Es un decir “Basta. Hasta aquí llegué”
Pero después… ¿qué?
Y sobre ese “qué hacer” o “cómo seguir” es sobre lo que cabe la reflexión de hoy.
Los docentes argentinos y en particular los de la Ciudad de Buenos Aires nos debemos, a nosotros mismos, una profunda y honesta reflexión.
Debemos preguntarnos si hemos actuado siempre y en todo momento como trabajadores comprometidos, honrando la dignidad que da el trabajo, sin esperar que padres o funcionarios nos consideren dignos ya que nadie tiene la potestad para hacerlo. Es algo inherente a la labor que desempeñamos y a nosotros mismos como personas.
Debemos contestarnos con honestidad si siempre hemos buscado mejorar la calidad educativa de nuestros alumnos, sin ponernos por ello en la condición de víctimas de la exigencia o del perfeccionamiento continuo. Somos profesionales y debemos buscar la excelencia educativa. La de nuestros alumnos y la de nosotros mismos.
Preguntarnos si nos hemos agremiado oportuna y adecuadamente. O si nos hemos dejado llevar por la tibieza y la comodidad.
Si hemos exigido, a nuestros dirigentes, el compromiso con sus ideas, comprometiéndonos primero nosotros.
Si estamos dispuestos a llevar sobre nuestros hombros la difícil carga de ser quien debe subvertir el orden establecido para abrir la puerta a nuevos paradigmas.
La labor del maestro es difícil, pesada y hasta a veces dolorosa si se lleva adelante con energía y sin renunciamientos.
No somos ni “segundos padres” ni personajes melosos de la ficción.
Somos ni más ni menos que aquellos que deben llevar con orgullo la antorcha del libre pensamiento y de la revolución de ideas.
Maestros: desempeñemos con dignidad nuestra tarea, hagamos valer nuestros derechos como trabajadores y cumplamos inclaudicables con nuestras obligaciones ante los alumnos.
Esta jornada de aulas vacías debe tener un antes y un después en el conflicto y en nuestra actitud personal. De cada uno de nosotros depende.



SERIE PLUMAS DE FACE
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