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12 de septiembre de 2010

NEGRO DE MIERDA

(*) MARTA TESTA


Yo llegué jugando 
Mi última jugada 
Cargado en un furgón, 
De contrabando, 
Portando un hato 
De ropa y muchos miedos 
Hasta una mole urbana, 
Indiferente 
Que me cerró sus puertas 
Dejándome sin norte. 
En la propia entrada 
De la miseria misma. 
Deambulé en silencio 
Entre nuevas sombras 
Y entre el laterío 
Me albergó otro pobre. 
Negro de Mierda 
Comenzó a llamarme 
El que no es aluvión 
Porque no sufre. 
Casi, casi al mismo tiempo, 
No sé cómo ni de dónde 
Llegaron ellos. 
Primero él y después ella 
Y sin saber porqué 
Ya presentía 
Que mi vida 
Cambiaba para siempre. 
Comencé a trabajar 
Con la certeza 
De que no iba a morir 
Cumpliendo horario. 
De repente el techo 
Se me hizo propio 
Soñé en mi cama 
Y conocí la sidra 
Y el pan fue más dulce 
En esos años. 
Negro de Mierda 
Quiso despreciarme 
El que nunca entendió 
Que la alegría 
Era nuestra. 
De punta en blanco 
Mis retoños 
Fueron floreciendo 
En una escuela 
Pudieron jugar, 
Hacer deporte 
Y conocieron el mar 
Que yo no pude. 
Descubrí que eran nuestras 
Tantas cosas, 
Muchas más de las que 
Había imaginado. 
Después, muerta ella 
Y el desterrado 
No pudieron robarnos 
Lo ganado. 
Negro de Mierda 
Acusa desafiante 
El dedo inquisidor 
Del poderoso. 
Hoy ya estoy viejo, 
Mis hijos grandes, 
Mis nietos juegan 
En el mismo parquet, 
Que aunque gastado, 
Siempre quise conservar 
Como una prueba, 
Del primer piso propio 
Que he pisado. 
Cambió el barrio, 
Muchos se fueron, 
Yo sigo firme, cierto, 
Soy un mojón de aquellos tiempos 
Envejeciendo sin prisa, 
Sin cumplir horarios 
Sin olvidarme de él, 
Extrañándola a ella 
Profundamente agradecido 
De haberse igualado con nosotros. 
Negro de Mierda 
Y orgulloso de serlo 
Y de ser la encarnación 
De su derrota. 
Negro de Mierda 
Y feliz de saber 
Que a pesar de los golpes, 
Las traiciones y los muertos 
No nos han vencido. 
Negro de Mierda 
Pero, gracias a Él y a Ella, 
Personas y esto, la oligarquía, 
No lo perdona. 

(Claudio Rabino, abril 2010
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