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5 de septiembre de 2010

MALA LECHE

(*) JUAN PERONE



Sabrán ustedes perdonar el chiste fácil, pero lo del concejal y tambero Claudio Ersinger parece ser de "mala leche". De lo contrario, su actuación al frente de la Comisión de Derechos Humanos, impulsando una resolución acerca del tema Papel Prensa, capciosa e infame, por lo menos, podría adjudicarse a una preocupante ignorancia que lo mal asiste a la hora de revisar la historia argentina del último siglo. Y en vista de que su trayectoria en el "campo rentado" de la lechería y la abultada experiencia en la dirigencia sectorial no permite que nos quedemos con esta última (dis) valoración, la dicotomía, entonces, se reduce al primer elemento: la mala fe. Los curiosos de las frases y sus usos podrán descubrir en el origen medieval de la expresión "mala leche" esta coincidente asociación con quien se desempeña alimentado por segundas y heredadas (ordenadas) intenciones. El proyecto aprobado en la comisión que preside Ersinger (Derechos Humanos) dice "repudiar el comportamiento del Gobierno Nacional tendiente a limitar la libertad de expresión, la libertad de elección y la seguridad jurídica".Se supone que tal acusación (y el correspondiente repudio) se sustenta en evidencias de limitación de libertad de prensa argentina por parte del actual Gobierno que le constan. No es fácil coincidir con Ersinger y los suyos (sobre todo, con los que, seguramente, le han ordenado pronunciarse al respecto en Tandil) cuando tanto el diario La Nación, Clarín y otros medios se han venido mostrando críticos a las medidas políticas tomadas desde hace varios años a la fecha y no han horrado centímetros de papel, como cualquier asiduo lector de estos matutinos podrá comprobar fácilmente. Tal vez, la preocupación del concejal del PRO tenga que ver con la falta de libertad de prensa que sí ejercen tales medios entre sus periodistas. Tal vez le preocupe la unificación de criterios que estos medios poderosos ejercen bajo el concepto técnico de "línea editorial", que impide que se escuchen voces disonantes entre sus redactores, y que acuse de esta modalidad perturbadora al Gobierno Nacional. Tal vez le reproche también al Gobierno que en esta partida, que pone blanco sobre negro, los herederos de Cané, Lugones y Groussac, los mastines de siempre de los Noble y los Mitre, deban salir a mostrar sus colmillos para defender la hacienda de sus patrones que amenazan desde el cerco los rotos y los zurditos, que nunca callan.   Es deplorable ver a la clase política argentina haciendo las veces de pajes serviles de los grandes empresarios mediáticos del país que hoy se dicen independientes, pero que en realidad siempre han actuado como colaboradores u opositores. Verlos reunidos al frente de una trinchera embarrada, perdiendo de vista el honorable horizonte de su vocación, sirviendo de carne de cañón y de cebo, olvidando las lecciones de la historia, con La Nación "boicoteando" a Yrigoyen, con Clarín extorsionando a Alfonsín, con ambos canjeando con la dictadura una empresa de papel por protección editorial. Es abrumador verlos llenarse la boca con palabras como "libertad de prensa" cuando lo que quieren es "zona liberada" para las empresas con las que coyunturalmente están asociados. Es difícil no relacionar este consorcio de prensa-política a la década infame. El 6 de septiembre de 1930, el presidente radical era derrocado por José Félix Uriburu y la prensa escrita no había hecho poco para ello. Tras el golpe, Uriburu reconoce "a la prensa seria del país el servicio que ha prestado…al mantener latente por una propaganda patriótica…el espíritu cívico y provocar la reacción popular contra los desmanes de sus gobernantes". No será el primero ni el último ejemplo.  Es que en la Argentina existe una gran tradición de medios opositores a los gobiernos y no meramente independientes a su accionar, entendida la "independencia" como objetividad o despojo de segundas intenciones a la hora de investigar, evaluar y juzgar una acción de naturaleza política y de impacto público. Y como contraparte, existe una gran tradición de medios oficialistas que sirven a los gobiernos para contrarrestar la batalla simbólica en el ámbito de los medios de comunicación masiva. Y nadie se extrañará de eso.
Lo que es extraño es que todavía hoy nos quieran hacer creer que esa lucha la dan los grandes medios como Clarín y La Nación en nombre de los valores de la república y la democracia, que no siempre en este país caminaron juntos. No pocas veces los más republicanos engordaron sus sueños de libertad individual con restricciones de la participación popular. Y los grandes medios nacionales siempre hicieron las veces de caja de resonancia de esas “democracias calificadas” porque, claro está, sus propietarios y sus escribidores se creían incluidos en esa elite. Tal vez, para algunos políticos, haya llegado la hora de pagar favores. De remunerar esas editoriales que soslayaban el abuso de los cortes de ruta y los desabastecimientos que provocó la pelea del campo por las retenciones. De abonar el aporte de los grandes medios a la sensaciones de inseguridad personal y económica que tuvieron su impacto durante la última campaña electoral.  Si fuera eso, lo que persiguen quienes impulsaron y redactaron la resolución de la Comisión de Derechos Humanos en el Concejo Deliberante de Tandil, aún sería preferible.
La peor de las opciones sería el verdadero convencimiento con los valores que hoy enarbolan y las intenciones que esconden. Lo peor sería que no alienten a que la Justicia investigue las condiciones en las que dichos medios adquirieron la empresa Papel Prensa. Lo peor sería que sepan la verdad y que ya hayan optado por callarla como precio de otro negocio mucho más funesto que el perpetrado en 1977.En algo podemos coincidir con Ersinger y quienes aprobaron la resolución: "que el monopolio del manejo de la información es perjudicial hacia el pueblo sea cual sea la fuente del mismo". Claro que, seguramente, diferimos en las razones para aseverar esto. El verdadero monopolio de la información siempre se ha dado en este país bajo el yugo de las botas, época en la que los medios que hoy se dicen independientes consolidaron sus negocios y sus relaciones con el poder. Epoca en la que los que hoy se exponen como adalides de la libertad estaban arrumbados en sus miedos o haciendo todo el dinero que era posible hacer cuando los obreros ni siquiera tenían la posibilidad de una representación gremial para reaccionar ante los abusos.
El monopolio de la información no se da ahora cuando cualquier medio tiene la posibilidad de decir lo que quiera del Gobierno y sus medidas políticas y económicas (y por los intereses que se le presenten mejor pagos), ni cuando los agropiqueteros cortaron las rutas del país y fueron expuestos en los medios con asombrosa benevolencia, ni cuando el Gobierno pide que una comisión bicameral sea guardiana del negocio del papel en el país, considerándolo un bien preciado del derecho a la información. El monopolio de la información lo tuvieron en la década del 70 y bien que lo aprovecharon personal y financieramente. Una lástima para ellos, pero la época de oro, de silencio, de orden y progreso, de argentinos derechos y humanos, no volverá nunca más. "Hemos aguardado con la esperanza de una reacción salvadora, pero ante la angustiosa realidad que presenta al país al borde del caos y de la ruina, asumimos ante él la responsabilidad de evitar su derrumbe definitivo. La corrupción administrativa, la ausencia de justicia, la improvisación y el despilfarro, el favoritismo, la politiquería, el descrédito internacional logrado por la jactancia en el desprecio por las leyes y por las actitudes y las expresiones reveladoras de una incultura agresiva, el atropello y el latrocinio son apenas un pálido reflejo de lo que ha tenido que soportar el país".Esta descripción del país bien la podrían realizar hoy concejales como Ersinger y otros jefes opositores que dicen ser los voceros y profetas del caos. Sin embargo, data de 1930 y fue realizada por el primer golpista, Uriburu. Pareciera que nada ha cambiado a la hora de conquistar el poder y justificar la violencia y la mentira que precede a la conquista. "Al apelar a la fuerza para libertar a la nación de este régimen ominoso, lo hacemos inspirados en un alto y generoso ideal. Los hechos, por otra parte, demostrarán que no nos guía otro propósito que el bien de la Nación". Esto también lo dijo Uriburu, inspirado por la pluma de Lugones. Pero también lo podrían decir algunos representantes de la oposición de hoy ¿no?  ¿Será porque la leche que los alimentó y los alimenta es la misma? ¿La mala?

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