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28 de febrero de 2010

JOSE PEPE MUJICA, MODELO 2010




El ex guerrillero y nuevo presidente uruguayo no dejará de lado su estilo frontal y campechano al acceder a la Casa de Gobierno.
*Por emiliano guido
eguido@miradasalsur.com

Ni “lulista”  ni “chavista”, el nuevo presidente de Uruguay José Pepe  Mujica tiene libreto propio para gobernar. Claro, ya no abraza el “socialismo habanero” por el que militó desde la guerrilla urbana MLN-Tupamaros en los setenta pero, tampoco, repetirá como un calco los trazos gruesos del gobierno del presidente saliente Tabaré Vásquez, al que considera un “moderado” en su fuero más intimo. Mujica se define personalmente a los 75 años como un “libertario”, confía en la movilización popular para llegar a los rincones donde “el Estado no puede”, anhela que el Uruguay camine junto al Mercosur y, sobre todas las cosas, apuesta a entusiasmar a sus compatriotas. “¿Cómo se entusiasma a la gente en una sociedad tan individualista?”, le exigieron definiciones desde la revista Brecha. “Necesitamos presidentes que sean capaces de hacer una huelga de hambre, de mandarte al diablo, de armar un relajo de la gran siete. Nada cambia sino se adopta una actitud francamente movilizadora y revolucionaria, de mover hasta a los milicos, de poner presos a hacer algunas cosas, mover gente de un lado para otro”, respondió y prometió el Pepe antes de ganar las elecciones y lo repitió de forma constante en las entrevistas sucesivas que otorgó en la futura residencia oficial del jefe de Estado oriental: su humilde chacra ubicada en el cerro Paso de la Arena, en la periferia oeste montevideana.
Yendo de atrás hacia adelante para entender en que estación ideológica está parado Mujica, hay que ir al año 1985 para entender el ascenso del Pepe y cómo la vieja guardia tupamara reconvertía tácticas y estrategias para estar a tono con la vuelta de la democracia. Es el momento donde el MLN muta y se refunda como Movimiento de Participación Popular (MPP, o MPepe cómo dicen los más fanáticos de Mujica): atrás quedaba la teoría del “foco urbano” para dar paso a la “reconstrucción del tejido social” y la “militancia de base” como faros programáticos. Según un reciente trabajo del politólogo uruguayo Adolfo Garcé, Mujica se catapulta como líder de la nueva izquierda uruguaya en esos años gracias a que ofició con éxito como mediador en el fuerte debate interno que se desató entre las corrientes “proletarias” y “moderadas” del MPP. Mujica comienza, entonces, a tener vuelo propio y a ganar popularidad en las mateadas casa por casa y barrio por barrio con las que los ex tupamaros deciden reconstruir su vínculo con la sociedad. Con el correr del tiempo, la citada cintura política como dirigente formador de consensos y su verba campechana y descontracturada encumbraban al ex guerrillero en un fenómeno de masas. El resto es historia conocida: Mujica diputado, Mujica ministro de Agricultura, Mujica presidente. Mientras tanto, los ex tupamaros del MPP pasaban de ser un sello marginal y marginado del Frente Amplio a convertirse en el lema más votado de la coalición oficialista.
Volviendo al Mujica 2010, más allá de toda la catarata de declaraciones del presidente uruguayo entrante que circula por los medios –la mayoría “pour la gallery”–, su manual de estilo siglo XXI fue definido con rigor en el libro El sueño del Pepe del periodista uruguayo Samuel Blixen. En esa larga entrevista, Mujica anticipó lo que será el triángulo programático de sus primeros cien días de gobierno: la puesta en marcha de lo que denomina la “agrointeligencia”, la construcción de viviendas populares –movilizando, incluso, al ejército en la tarea– y el tendido de vías férreas en el interior del país para modificar la matriz del transporte uruguayo. Además, el Pepe adelantó que el Instituto de Colonización de la Tierra donará 250 mil hectáreas en concepto de “arrendamiento” a los pequeños productores porque “si no la tierra se transforma en un bien inmobiliario y empieza otra vez el ciclo de la concentración”. En líneas generales, el nuevo presidente uruguayo entiende que su país junto al Mercosur están parados en la “última gran reserva agrícola que le queda al mundo”. “Pero nuestro papel en la región tiene que ser como el de Holanda en la Unión Europea, que es más chico que Tacuarembó. Ellos se vieron apretados en recurso tierra y tuvieron que desarrollar actividades científicas, intensamente productivas, para sacar cada vez más valor. Así se transformaron en grandes especialistas en calidad de semillas. Hoy si se quiere el trigo más productivo en el mundo hay que ir a Holanda. Eso es lo que he querido definir con la palabra agrointeligencia”, esgrimió el ex ministro de Agricultura durante la gestión de Tabaré Vásquez.
Por último, en El sueño del Pepe, Mujica advierte que “no renuncia al socialismo”. “Creo que hay desarrollar desde el gobierno un frente autogestionario. Nada de poner al Estado como patrón, porque esa película ya la vivimos. Y no es pasarse al capitalismo, es buscar al socialismo por otro camino”, advirtió y se entusiasmó un Mujica cero kilómetro a los 75 años de edad.

FUENTE : http://www.elargentino.com

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