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8 de febrero de 2009

UN MUNDO INFELIZ



*Por Claudio Diaz



                   (Una nueva religión: la del consumo)
                   (Una sola historia: la de los ganadores)
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Abierta todos los días del año las 24 horas (y con la comodidad de tenerla en casa), hoy la televisión es la gran iglesia universal desde donde nos llega la “palabra divina”. Nunca como en estos tiempos ha sido tan despiadada la adoración al consumo que se nos inyecta desde la pantalla.  

En las últimas temporadas fuimos televidentes de una publicidad en la que un padre que va de compras a un centro comercial (“salió de shopping”, diría la tilinguería), adquiere tantas cosas que los paquetes con regalos lo terminan transformando en una suerte de arbolito de Navidad. En ese momento, una criatura de 5 ó 6 años llega corriendo a su encuentro pero, claro, no sabe si esa figura impersonal que perdió su cara y hasta los brazos es realmente el padre. Porque el tema es que en esa galería comercial todos los hombres están comprando artículos de manera desenfrenada, o dicho de otra manera: están consumiendo. Y ningún pibe puede reconocer quién es quién. Corolario: a esos padres no le importa un cuerno sus hijos, esos seres mágicos que trajeron a la vida, sino que lo único que parece darles placer es la lujuria, la gula, la locura desenfrenada de comprar por comprar y tener. No importa qué; pero tener, poseer, acumular… Todo como símbolo de realización individual del nuevo orden moral de estos tiempos.  

Otras publicidades inolvidables de estos tiempos son las del Banco Francés. ¿Recuerdan aquella de la pareja joven que discutía acerca de si convenía gastarse un dinero ahora, para un viaje de placer o el cambio de casa por un “cantry”? “Sí, vamos con todo para adelante” (terminan decidiendo), porque ambos “se ven” dentro de 30 años como viejos chotos que ya no pueden disfrutar de la vida. Porque allí se esconde el otro “mensaje”: después de los 60 ya no hay posibilidad de ser feliz en esta sociedad de consumo. La vida (lo materialista de la vida) es ahora y nunca más. No hay futuro, el éxito es hoy, con los cuerpos torneados del presente. Porque las arrugas, la panza y las canas o la calvicie son hijas de la derrota (este discurso es descendiente directo del poco delicado “coj… hoy que mañana se acaba el mundo”).  

Una última muestra: la de unos tipos que están en situaciones límite (se salvan de morir ahogados o atropellados por un coche) y tras el susto lo primero y único que piden es ir al Banco Francés… ¡para sacar un préstamo! Mensaje: después de rozar la muerte, la vida merece vivirse nada más que para tener dinero y consumir. ¡Dios nos libre de esta religión!   

Aunque nos lo quieren presentar con otro envoltorio, el de este nuevo siglo es un imperialismo integral, “entero”, que ya no sólo avanza para expoliar a pueblos de todo el planeta sino que ahora también pretende abarcar la totalidad de la vida humana, desde la concepción hasta la muerte. No es un imperialismo predominantemente militar, como entre los romanos; o económico, como el de Gran Bretaña en el siglo XIX. La conquista ya no pasa tanto por la posesión u ocupación de territorios sino por el control de las ideas, el pensamiento de los pueblos y sus voluntades. Sin tantas armas, ahora se trata de ejercer el control de las almas.  

Este nuevo imperialismo ya no es un Estado que somete a otro, o para decirlo con más precisión: una potencia que arrasa a un país “secundario”, ubicado en los arrabales del centro mundial. No, la pretendida dueña de todas las cosas es una elite casi anónima que no tiene nacionalidad (o sí: la de la “patria” del dinero). Esto le permite pasar por la calle relativamente tranquila, porque nadie conoce su rostro. En ausencia de un Estado (Gran Bretaña o Estados Unidos) de contornos visibles, nadie sabe quién es el responsable del sometimiento. Es multinacional el dominio. El poder, entonces, es anónimo, secreto. No lo fue Bush, quien en todo caso apenas actuó como uno de los comisarios del nuevo orden que llevó adelante la razzia que esa elite necesita seguir aplicando en algunos barrios del planeta, para ajustar el correcto funcionamiento de su sistema.    
 
Alienados los pueblos por el veneno protestante y liberal, el nuevo orden necesita, por supuesto, “nuevos hombres”. Lavados de sus creencias tradicionales y de su moral sexual, familiar, social. Se busca hallar “consenso” para alcanzar un “equilibrio” terrorífico: mientras se descarta la vida para cientos de millones de seres humanos, se exalta y fomenta el culto al mercado, al hedonismo y al consumismo vacío entre los que todavía no se cayeron del mapa.  

Un adelantado, Aldous Huxley, lo vio venir hacia 1930, cuando describió una democracia que era, al mismo tiempo, una dictadura perfecta; una cárcel sin muros en la cual los prisioneros no soñarían con evadirse. Un sistema de esclavitud donde, gracias al sistema de consumo y el entretenimiento, los esclavos amarían su servidumbre: Un mundo feliz, tal como tituló a su obra el extraordinario novelista inglés.  

Una sociedad (la que describía el autor) de tremenda actualidad, que utiliza todos los medios de la ciencia y la técnica –incluidas las drogas- para el condicionamiento y el control de las personas. En ese mundo, todos los chicos se fabrican en serie (son concebidos en probetas) sin tener que pasar por el vientre de su madre. Y están genéticamente condicionados para pertenecer a una de las cinco categorías de población. De la más inteligente a la más estúpida: los Alpha (la elite), los Betas (los ejecutantes, los gerentes), los Gammas (los empleados subalternos), los Deltas y los Epsilones (destinados a trabajos arduos). A los Alpha se los dota de genes perfectos, mientras que los de la clase Epsilon reciben menos oxígeno del debido con el propósito de obtener personas semi idiotas, infradotadas. Su fin: asegurar la estabilidad social.  

La familia, como institución, ha sido abolida. La historia, el arte y la literatura han dejado de existir en ese mundo, dando lugar a la aparición de la música sintética y la televisión. La ciencia ha triunfado sobre la espiritualidad, de tal manera que el deterioro físico de los seres humanos, que ya hemos visto que son fabricados en laboratorios, puede detenerse artificialmente. Es esta una sociedad feliz, superficialmente feliz, en la que la gente está condicionada por los genes, el lavado de cerebro y las drogas. Los descontentos con el sistema son apartados de la “sociedad ideal” y confinados en colonias especiales donde se rodean de otras personas con similares “desviaciones”.  

Los habitantes de ese mundo ideal dependen casi servilmente de una droga sintética, el Soma, que el propio Estado prescribe para poder manipular sus emociones y garantizarle la felicidad. La sociedad de consumo en su más crudo realismo. Pero en la novela no todo el mundo vive así. En algunas zonas del planeta han quedado reservas donde los “salvajes” siguen teniendo sus dioses y ritos espirituales, donde las familias continúan existiendo y donde los niños nacen de mujeres. Para odiar ese mundo y condenarlo como algo de la prehistoria (tal como hoy hacen los grandes medios de comunicación en manos del liberalismo), la elite de ese nuevo orden imaginado por Huxley crea el sistema de la hipnopedia, esto es: un proceso de aprendizaje ejercitado durante el sueño que consiste en la repetición constante de frases, de frases propagandísticas, que quedarán grabadas por el resto de la vida en cada habitante de ese “mundo feliz”.  

¿No es la de Huxley la profecía de lo que vivimos a diario, cuando desde los artículos de diarios y revistas y sobre todo desde los medios masivos como la televisión y la radio escuchamos repetir los mismos conceptos, una y otra vez, para que al cabo de un brevísimo tiempo la gente que consume esos discursos los incorpore a su dieta y los repita, cual loros amaestrados, como verdades de Biblia?     

Obsérvese además el mensaje-modelo de los veranos que se le hace llegar al público consumidor, con la televisión y la publicidad como sus centros de irradiación, que indican cómo adquirir la perfección estética y social desde una bebida o producto de venta. Como en la semblanza de Huxley, esa felicidad termina siendo el soma de los nuevos tiempos. La zanahoria cotidiana que permita mantenernos alejados de los interrogantes esenciales de la vida, de querer saber qué hay, realmente, detrás de toda esa pompa de jabón que nos hace creer que en verdad somos libres porque podemos elegir a qué playa ir y con qué cerveza invitar a la chica que queremos enamorar. Mientras jugamos a esas elecciones, la policía del pensamiento sigue desarrollando sus aparatitos de control remoto para saber qué sentimos, qué pensamos, qué buscamos, qué estamos dispuestos a hacer. George Orwell debe haber soñado con un tal Bill Gates cuando antes de 1950 escribió su certeramente profético Gran hermano. 

Uno de los derviches del Gobierno Mundial proyectado, como ya tantas veces hemos contado, por la Comisión Trilateral de Rockefeller y Kissinger, le dio “forma” a los mínimos consensos que habría que obtener de cada país del planeta para que ese gobierno único, el del supracapitalismo, funcione más o menos bien. Estamos hablando del recientemente fallecido Samuel Hungtinton, quien en el capítulo 12 de su obra El choque de civilizaciones dice que “hay que tratar de inculcar y promover las características universales  de la civilización”. Esto es: no respetar las idiosincrasias de cada civilización distinta sino buscar formas comunes para que en lugar de diversidad haya una uniformidad absoluta. Uniformidad en las creencias (y para eso se necesita de una nueva religión); en el pensamiento (para lo cual hace falta una sola historia); en los valores morales (para lo que se necesita el consumo y la posesión de cosas materiales como único camino de realización individual). Así se puede llegar a conformar la “nueva humanidad” que quiere el capitalismo neoimperial de las corporaciones sin rostro. Un mundo feliz… ¿Un mundo feliz?    
 

LA CARTA CRITICADA


*Por Eliana Valci

La siguiente, es una reflexión acerca de la polémica planteada por Alcira Argumedo en el artículo publicado el 27/01/09 en Pág. 12, y por Jorge Altamira  en la nota emitida por Lucharte el 28/01/09.

 


“Una critica política abierta a todas las corrientes ideológicas, sin censuras ni conveniencias, puede ser un factor de garantía de reformas progresistas, de evolución conveniente, sin choques tempestuosos ni irresponsables vehemencias. Alcanzar esa función es la más noble aspiración del periodismo político.”

Francisco Martínez De La Vega

 

Una misiva que no contiene sobre y que no indica a un individuo como su único receptor, pretende ser leída por un universo infinito de destinatarios, y más aún cuando el contenido de la misma tiene por objeto despertar la conciencia de aquellos y lograr así un compromiso irrefutable con la realidad circundante.

Podríamos decir entonces, que esta carta plantea una antítesis para llegar a una síntesis y lograr que ésta sea analizada, con el fin de aportar soluciones a las circunstancias a que deben enfrentarse los eventuales lectores/as. Por tanto, de esta manera se da inicio a un debate, donde todas las opiniones son válidas, sin llegar a ser verdades de rigor, lo que derivaría en un excesivo formalismo, que si va más allá podría traducirse en autoritarismo.

Sin embargo, hay quienes se han quedado en la primer fase, en la antítesis, por lo que no han comprendido el fenómeno en su conjunto, sea por no saber observarlo o mejor dicho leerlo e interpretarlo; lo que conlleva a ver fantasmas donde no los hay.

Hete aquí, que los obreros de la supina ignorancia y los estadistas analistas del comportamiento humano, creen tener una verdad más allá de la evidente coyuntura, actitud que los induce a cuestionar en forma desmedida algo tan simple como un papel escrito; considerando a sus creadores una “raza” diferente a la de los receptores. Es así como hablan en términos de milicianos y hasta mundanos, respecto de aquellos que piensan diferente, como si fuesen una especie de secta diabólica.

Por el contrario, podemos decir, evocando a la compañera Evita “que solamente con fanáticos triunfan los ideales, con fanáticos que piensen y que tengan la voluntad de hablar en cualquier momento y en cualquier circunstancia que se presente, porque el ideal vale más que la vida, y mientras no se ha dado todo por un ideal, no se ha dado nada (…) Demasiado intrascendente y mediocre sería vivir la vida si no se la diese por un ideal”. Es por ello, que les preocupa el razonamiento de quienes están convencidos de sus acciones.

No asimilan que las personas no actúen del modo en que quieren que actúen, y mucho menos que desarrollen su conducta en base al libre albedrío;  entonces se transforman en decidores de lo que  es “políticamente correcto o incorrecto”, convirtiéndose en meros juglares, alcahuetes de sus mandantes. O dicho en los términos de José Ingenieros: “Juzgan las palabras sin advertir que ellas se refieren a cosas; se convencen de lo que ya tiene un sitio marcado en su mollera y muéstrense esquivos a lo que no encaja en su espíritu. Son feligreses de la palabra; no ascienden a la idea ni conciben el ideal. Su mayor ingenio es siempre verbal y sólo llegan al chascarrillo, que es una prestidigitación de palabras; tiemblan ante los que pueden jugar con las ideas y producir esa gracia del espíritu que es la paradoja. Mediante ésta se descubren los puntos de vista que permiten conciliar los contrarios y se enseña que toda creencia es relativa a la que la cree pudiendo sus contrarias ser creídas por otros al mismo tiempo.”

Como corolario, recuerdo que un Maestro me dijo alguna vez,  “si no tienes que decir algo más bello que el silencio, mejor no digas nada”, de lo que se infiere que si no somos capaces de procesar la diversidad de visiones existentes, para que de los disensos se puedan lograr los consensos necesarios, es preferible callar a ser tenido por un nematócero.

 

*Directora Revista Ida & Vuelta

LOS ALIADOS POSIBLES Y EL ENEMIGO PRINCIPAL



Por Norberto Galasso *
 
Días atrás, se publicaron en este diario notas de opinión de Hugo Barcia y Alcira Argumedo referidas a declaraciones de Pino Solanas donde responsabilizaba por la mortalidad infantil no sólo al Gobierno, sino también a “cómplices, mentores intelectuales, etc.”, entre los cuales se hallaría el grupo Carta Abierta. Alcira no refutó las apreciaciones correctas de Barcia sobre la mortalidad infantil, sino que fundamentó el furibundo antikirchnerismo de Proyecto Sur en siete puntos, entre los cuales los puntos 2, 3, 4 y 6 corresponden a uno solo: la política del Gobierno respecto a los recursos naturales; el punto 1 se refiere al Tren Bala, proyecto que puede considerarse frustrado, el 4 al blanqueo de capitales y el 7 a la prórroga de las licencias a los medios de comunicación. Además, ratificó las críticas de Pino a Carta Abierta. Estas posiciones no son nuevas en Proyecto Sur: en La Nación, Pino ha señalado que “Kirchner es un traidor a la patria e hipotecó el futuro” (29/9/2007), en Perfil sostuvo que “Kirchner continúa a Menem” (20/5/2007) y últimamente calificó a este gobierno de “antinacional y antipopular”. Si esto lo pregonasen Altamira, Ripoll o Alderete, no escribiría estas líneas pues la izquierda abstracta, liberal o antinacional, como se la quiera llamar, se ha especializado, desde Yrigoyen hasta hoy, en ser funcional a la reacción, en nombre del socialismo y sólo la izquierda nacional ha sabido comprender a los movimientos nacionales cabalgando a su lado mientras intentaba mantener su independencia política, ideológica y organizativa, aunque también allí hubo claudicaciones como la de Ramos frente al menemismo. Pero como estas críticas (confundiendo al posible aliado con el enemigo principal) provienen de compañeros con los cuales hemos transitado caminos de lucha, como en el frustrado Proyecto Sur de 2002/03, alguien que pertenece a las bases de Carta Abierta, orienta la Corriente Política E. S. Discépolo y dirige el periódico Señales Populares, se ve obligado, con el dolor que provoca criticar a antiguos compañeros, a intervenir en la polémica.
A las críticas de Alcira, podemos oponer:
1) La avanzada política de derechos humanos del kirchnerismo.
2) La avanzada política latinoamericana que contribuyó a hundir el proyecto del ALCA, que desde el Unasur contribuyó a evitar el golpe de Estado en Bolivia y que ha logrado la simpatía y apoyo de Chávez y Fidel, quienes, según parece, saben algo de imperialismo y cuestión nacional.
3) La depuración de la Corte Suprema de Justicia con la incorporación de figuras de capacidad y conducta incontrovertible.
4) El recupero de los aportes previsionales al tomar las AFJP, dando un fuerte golpe al poder financiero.
5) La reconversión de una economía de especulación por un modelo productivo que permitió una importante disminución de la desocupación y la pobreza.
6) El intento de redistribuir el ingreso a través de la Resolución 125, afectando la renta agraria diferencial, en el mismo sentido que lo hizo Perón en el ‘46 a través de los tipos de cambio selectivos. (En este caso, no vale el argumento de Alcira acerca de la votación de Lozano, pues la AFIP (resolución 1898/2008) inició acción contra las grandes exportadoras por los 1700 millones de pesos evadidos (El Cronista, 22/1/2009). Y aun cuando no lo hubiera hecho, esto obligaba, por lo menos a la abstención y no a ser cobertura de izquierda de la nueva Unidad Democrática que están conformando Carrió, Morales, López Murphy y otros.)
7) El recupero del rol del Estado: en Correos, Aguas, transporte aéreo, astilleros, algunos ramales ferroviarios, proyecto de tomar la fábrica de aviones de Córdoba y el canal Encuentro.
El kirchnerismo es pues todo esto y es también buena parte de lo que dice Alcira, como ocurre normalmente con los movimientos nacionales en gestación, policlasistas, contradictorios, clientelistas, pragmáticos, conciliadores, con “amigos del poder” que hacen negocios. ¿Se lo tenemos que decir nosotros, desde la izquierda nacional, justamente a los peronistas? Diría Jauretche, ¿dónde se ha visto que los hijos enseñen a los padres cómo se hacen los hijos? ¿Qué hubiera hecho Pino cuando Perón se negó a expropiar a la corrupta y recorrupta CADE? ¿Hubiera dicho que era “un gobierno antinacional y antipopular”? Claro, desde la izquierda abstracta es fácil decir, ¿por qué Perón no desarrolló fuertemente la minería?, ¿por qué apenas dio el puntapié inicial con Somisa cuya primera colada es de la época de Frondizi? ¿Y el contrato petrolero con la California? ¿Habría dicho acaso: “¡Qué antinacional y antipopular es este Perón!”? Pino dice en otro artículo: “Perón no estaría hoy en el PJ”. Yo pregunto: ¿era mucho mejor el PJ del ‘54? ¿No había entonces “amigos del poder” que hacían negocios? ¿Quiénes eran Jorge Antonio y Silvio Tricerri? ¿O entonces resulta que Codovilla tenía razón siendo funcional al imperialismo para que sanease a la Argentina emporcada por los “negros peronistas” del ‘45?
Por otra parte, somos ya lechuzas demasiado cascoteadas para entrar en la moralina boba de la Carrió: la corrupción es intrínseca al capitalismo y cuando está la reacción en el poder disimula sus negocios con leyes a su conveniencia; cuando estamos los del pueblo algunos violan esas leyes y hacen sus negocitos. Pregúntenle a Chávez, que sabe de esto, como también de la clase media de Caracas escandalizada moralmente, aunque, igual que la nuestra, evade impuestos con toda naturalidad.
Por momentos me asombro, porque parece que hay que enseñarles peronismo a los peronistas. Ningún gobierno, decía Perón, cumple el 100 por ciento de los objetivos nacionales y populares, porque está el enemigo que también es fuerte. Cuando cumple el 50 por ciento o más ya el balance es favorable. Jauretche le decía a Jorge Del Río cuando se deslizaba a la oposición porque Perón no expropiaba la CADE: “Es importante, sí, pero usted no puede ver la historia por el agujerito de la cerradura de la CADE”.
El balance general es el que interesa. Escuchen esto mis viejos y queridos amigos: “Hay muchos actos, y no de los menos trascendentales por cierto, de la política interna y externa del general Perón que no serían aprobados por el tribunal de las ideas matrices que animaron a mi generación. Pero de allí no tenemos derecho a deducir que la intención fuese menos pura y generosa. En el dinamómetro de la política, esas transigencias miden los grados de coacción de todo orden con que actúan las fuerzas extranjeras en el amparo de sus intereses y de su conveniencia. No debemos olvidar en ningún momento –cualesquiera sean las diferencias de apreciación– que las opciones que nos ofrece la vida política argentina son limitadas. No se trata de optar entre el general Perón y el arcángel San Miguel. Se trata de optar entre el general Perón y Federico Pinedo. Todo lo que socava a Perón, fortalece a Pinedo, en cuanto él simboliza un régimen político y económico de oprobio y un modo de pensar ajeno y opuesto al pensamiento del país” (1947). No hace falta que te diga a vos, Pino, que hiciste recientemente una película sobre “los hombres que están solos y esperan”, que el autor es Raúl Scalabrini Ortiz. Por eso, como decía Jacques Prevert, es muy peligroso dejar que los intelectuales jueguen con fósforos porque, retomando a Jauretche, combatir lo bueno (“desgastando” , creando “clima destituyente” ) puede significar que en vez de lograr lo mejor, sirvamos para que vuelva lo malo.
En esta Argentina de hoy hay que luchar para profundizar este proceso, cabalgándole al lado, marcando críticas, proponiendo soluciones superadoras, empujando, pero no atacando desde enfrente, presionando para que fracase, porque la única opción que hay hoy la conocemos y viene de lejos: Bullrich Luro Pueyrredón, Pinedo, Estensoro, López Murphy, Grondona, Anchorena, los grandes pulpos mediáticos... y el Tío Sam.
Por esta razón, Proyecto Sur debería sumarse a Carta Abierta en vez de arrojarle críticas y trabajar desde allí, para incorporar a la lucha a los sectores populares, para movilizar, exigiendo al Gobierno que profundice lo realizado, porque –y vuelvo a decir, me da vergüenza explicarlo a compañeros de larga militancia– aquí hay una cuestión nacional argentina y latinoamericana por resolver. Y estamos frente a una oportunidad como nunca tuvimos antes. Lo saben Fidel, Chávez, Evo, Correa y muchos otros y lo intuyen los pueblos. Quienes socaven este proceso –con planteos que desconocen la correlación de fuerzas existente– asumen una grave responsabilidad si se frustra esta gran oportunidad para ir dando pasos hacia una América latina unida y soberana, marchando en el camino del socialismo del siglo XXI.

* Historiador y ensayista.

REFLEXIONES SOBRE ALCIRA ARGUMEDO

(Reflexión ante la nota de A.Argumedo en el grupo yahoo de C.A.  Sta.fe)

 
*Por Horacio Baster



Estimados  todos.
 
Este envío, como otros similares anteriores son parte de la polémica que iniciada por Lapolla al irse de P.Sur  se entabla en torno a la visión  de un proyecto político (P.Sur) pretenciosamente enfrentado a la  "creación azarosa"  que vino a cubrir una "vacancia de ideas que afiancen un rumbo fáctico propicio a una renovación de la vida colectiva"  como Carta Abierta.
Así recomiendo ver lo de E. Vior, Forster en "Impostura", y otros que ya ni me acuerdo, pero que se fueron recibiendo en el yahoo.    O de lectura en Página.

Pino con muy mala leche pincha para que se le conteste como cuerpo, pero CA ha tomado -evidentemente- la decisión, como en todo, de ir tratándolo en forma individual.
Que es indudablemente la entidad que hay que darle.
Por eso Argumedo va más a fondo en este artículo y puntualiza todos.    Objetivamente,  son puntos contra el gobierno no contra  Carta Abierta.
Y presionan para que CA  se haga cargo.    Fijan la agenda.
 
Y ahí vamos al punto.
Cada cosa que pasa, o que se dice nos produce el íntimo impulso de salir a contestar y fijar posición.
Así lo hacemos, cuando es pertinente , en nuestras agrupaciones políticas; o individualmente tanto en el grupo como en el blog que está habilitado para eso; o hacia afuera en publicaciones que nos den bola.  
Como hace unos dias lo hizo Visconti. Gianni, siempre.  Otros en sus páginas, etc.etc.
Pero  CA   no es un puchinball   dónde:  pegue que ahora le contesto.
Tampoco somos el gobierno, ni la pata justificatoria de los avances, permanentes retrocesos o del laberinto de su aparato de lecturas de la realidad     (aconsejo releer  H.González /Página 19-11/"...las corrientes profundas").
Sí somos un espacio de re-unión,  de reflexión, contención, búsqueda, "en aras de un anhelo común, por la reinstalación del debate propositivo"
 
"Coalición de lenguajes en la lucha política. Buena parte de los conflictos que vivimos están encapsulados en lenguajes que presuponen la certeza de que no es necesario escuchar más a nadie.  CA, en ese sentido, es un sistema de escuchas.  Y por lo tanto no precisa tener previsiones temporales, ni un optimismo profesional, ni esperar que la historia se conduela de nosotros y benevolentemente cumpla con nuestras expectativas"  (H.Gonz.  14/9)
 
A los que tienen complejo de ser un ala intelectual kirchnerista, les digo algo de forster:  es caer en un reduccionismo , parte de una lógica discursiva interesada, la brutalización de las ideas, de la derrota intelectual que es la más grave de las derrotas.  Desde  CA  pensamos cómo desatar un nudo que mantiene improductiva a la vida nacional y que se expresa en la pobre trabazón de los conflictos entre oficialistas y opositores.
 
Esa es la trabazón, por ej. de Argumedo.
La agenda que marca es parcial y parte de ese nudo, que ellos no pueden resolver. 
O: sí lo hacen  como justificatoria de las posiciones que asumieron ante el embate destituyente que provocara un repliegue estratégico -que hoy sufrimos-.   
Ellos fueron parte del andamiaje que posibilitó el resurgimiento de larvadas formas de retroceso en la vida colectiva, cuando se avanzaba en las transformaciones que se adeudan al pueblo.  
Vivimos un momento faccioso, de trastocamiento general de los significados.    Alcira, aunque no lo admitan, es parte del barniz con que la nueva derecha se cubrió y "al sumarse al cobertizo reaccionario hizo abandono de su propia historia para acrecentar lógicas de oportunidad y error histórico.  Confunden las alizanzas del nuevo poder conservador con una red social transformadora" (Laberinto)
Rosario

DECLARACIÓN DE CARTA ABIERTA SOBRE GAZA


Esta Declaración fue aprobada en la asamblea del 31 de enero de 2009.

GAZA: UNA REFLEXIÓN Y UNA POSTURA INELUDIBLES.  

Al inicio de los acontecimientos bélicos en Gaza, la rica y multicultural voz de la conciencia universal pareció haberse sumido en un estupor generalizado. Sin embargo, con el correr de los días, fueron aflorando las denuncias y las condenas en una búsqueda afanosa de detener el horror. No siempre las palabras y los hechos tuvieron la densidad que la situación reclamaba. Precisamente por ello, la gravedad de los sucesos continúa imponiendo una reflexión y una postura ineludibles, que al mismo tiempo que se afirme en la idea de que no existen ideales políticos, ni razones de Estado, que se eximan del respeto a la condición humana, evite los estereotipos a los que se recurre para juzgar una situación cuya trama histórica compleja exige palabras justas y meditadas.

Sometida durante dieciocho meses a un bloqueo de suministros esenciales, la Franja de Gaza –que ya entonces era en el planeta la porción más pequeña de territorio con la mayor densidad poblacional- fue brutalmente invadida por tierra, mar y aire. La masacre cometida contra la población civil indefensa y los crímenes de guerra y de lesa humanidad profusamente documentados, ponen a las fuerzas armadas y al gobierno de Israel en el lugar de los principales responsables de esta barbarie y pasibles de ser juzgados por la comisión de estos delitos.

Pero el desaprensivo ensañamiento contra el pueblo palestino no sólo es privativo de los ejecutores directos. Los intereses norteamericanos en la región, evidenciados con el veto en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas a la resolución sobre el alto el fuego, revelan la estrecha complicidad intelectual y material del gobierno de ese país en la consumación de la masacre.

La larga tradición humanista y libertaria que insignes pensadores árabes y judíos tradujeran como la digna utopía de un único Estado plurinacional, democrático y laico, fue sepultada, junto a incontables cadáveres, por toneladas de plomo fundido, fatídico concepto que se impone por su carácter autoincriminatorio. No seremos nosotros, en estas graves circunstancias, quienes renunciaremos a sostener ese ideal que libere simultáneamente de la pesadilla a ambos pueblos. Son precisamente las lejanas utopías alumbradas en las horas azarosas de ambas culturas, con su ínsita fraternidad, las que nos permiten reivindicar el inalienable derecho del pueblo palestino a contar con un Estado territorialmente indiviso, económicamente viable, políticamente soberano y con libre acceso al mar.

Es preciso y urgente asegurar los caminos de una paz definitiva. La comunidad internacional, morosa, cuando no cómplice, debería garantizar en lo inmediato el derecho soberano a la existencia de ambos Estados. Tras el objetivo de la paz, la senda que actualmente recorre Suramérica puede y debe constituirse en un aporte confluyente con otros esfuerzos.

En la antesala del Bicentenario de la Independencia de nuestros pueblos, Suramérica advierte que el entramado de experiencias políticas, culturas, etnias y religiones que le dan una identidad singular, contribuye a que hoy mire un horizonte común de paz y soberanía ciudadana. Así lo evidenció con la firme actuación mancomunada de la Unasur para detener e impedir la destitución de los derechos del pueblo y el gobierno de Bolivia y para investigar y acusar con fundamentos a los responsables de la masacre de Pando.

Esta autoridad moral, asentada históricamente en múltiples legados humanistas y revolucionarios, en los que no faltaron ni faltan las contribuciones de las comunidades judía y árabe, hace recomendable una nueva intervención. Una intervención respetuosa, solidaria, sensible y firme de la Unasur que haga que nuestros pueblos puedan expresarse en un abrazo que aliente a quienes procuran en los dos pueblos hermanos, el palestino y el israelí, un camino que deje atrás este trance tan terrible y procure un encuentro que haga posible una paz justa y definitiva en la región.-

ESPACIO CARTA ABIERTA

A 60 AÑOS DE LA CONSTITUCIÓN ARGENTINA DE 1949, TODA SU RIQUEZA.



*Por Aritz Recalde

Enero de 2009 [1]


En el 2009 se cumplen 60 años de la sanción de la Constitución Argentina de 1949.

 

Dicho texto fue producto de la soberanía popular, que primero y por intermedio del ejercicio de las facultades del Congreso de la Nación, declaró la necesidad de la reforma constitucional; posteriormente, el pueblo eligió a los constituyentes y finalmente, a través de la ratificación plebiscitaria, institucionalizó el programa de la revolución peronista.

 

El texto tradujo en el ordenamiento institucional del país los anhelos de las organizaciones libres del pueblo, que fueron silenciadas y perseguidas por décadas desde la batalla de Caseros que derrocó a Juan Manuel de Rosas.

 

La línea política, cultural y social del nacionalismo popular inaugurada por San Martín, Rosas y los Caudillos federales, encontró en Hipólito Yrigoyen primero y en Juan D. Perón después, su continuación y expresión programática y política.

 

La Constitución del año 1949 es la expresión concreta en el siglo XX de dicho desenvolvimiento histórico y cultural.

Arturo E. Sampay[2] define el termino Constitución como -
una estructura de leyes fundamentales que cimenta la organización política del Estado, fijando sus fines y enunciando los medios adecuados para conseguirlos, y que establece, además, la manera de distribuir el poder político y elegir los hombres que lo ejercen. Dicho con otras palabras, la Constitución es el orden creado para asegurar el fin perseguido por una comunidad política, y la que instituye y demanda la órbita de las diversas magistraturas gubernativas.

 

La Constitución establece derechos y fija deberes de los hombres y colectivos sociales de una nación.

El texto constitucional y continuando con la interpretación de Sampay, se divide en una dimensión expositiva que define el esquema gubernativo y de distribución concreta del poder entre los miembros de un territorio (parte Orgánica); y otra dimensión que establece los fines de la nación (parte Dogmática).

La parte Dogmatica de la Constitución peronista puede ser resumida a través de la mención de un fragmento del preámbulo del texto del año 1949, que establece entre los fines del Estado la -irrevocable decisión de constituir una Nación socialmente justa, económicamente libre y políticamente soberana.

Mencionados de manera resumida los fines de la Constitución, es importante ahora, aludir a la parte Orgánica del texto que nos permite dar cuenta de cuáles fueron los medios concretos que desarrolló el gobierno para alcanzar los objetivos de la revolución.

 

Previamente, consideramos oportuno traer a consideración otro concepto de Sampay[3].

 

Al analizar la carta magna el autor establece una distinción entre la Constitución escrita, la Constitución Real y la Constitución Justa.

 

La primera, establece (…) -en un acta legislativa solemne, las instituciones destinadas a que perdure y se desenvuelva la Constitución real.

 

Para saber cual es la Constitución Real (…) -corresponde averiguar, en primera instancia, qué sector social predomina en la actualidad y con que finalidad lo hace, y en segundo lugar, qué sector social lucha por conseguir el predominio y qué ideal e inclinación vital los lleva a buscarlo.

 

El autor además y como adelantamos, introduce la noción de Constitución Justaentendida como (…) -la institucionalización del predominio del sector de la población históricamente eficiente para ordenar la actividad social y los recursos sociales con vistas a lograr que todos y cada uno de los miembros de la comunidad tengan lo necesario para desarrollarse plena e integralmente.

 

En el marco de ascenso del peronismo la Constitución Escrita era la del año 1853, con las modificaciones posteriores a la Batalla de Pavón promovidas por la escuela del liberal y porteño Bartolomé Mitre.

 

El esquema institucional del país de la oligarquía colisionó profundamente con los actores revolucionarios en asenso que y siguiendo a Sampay, definen laConstitución Real: los trabajadores, los industriales y la dirigencia con vocación de desarrollo nacional independiente[4].

Por ejemplo, los políticos de la oligarquía y el capital extranjero acusaban deinconstitucional[5] a los aumentos salariales y a la intervención del Estado en la explotación de Yacimientos Petrolíferos Fiscales (YPF).

 

Para superar el subdesarrollo del país, la revolución en el año 1949 implementó una nueva institucionalidad, que a diferencia de la de 1853, fue una Constitución Justa ya que generó las condiciones para el desarrollo pleno del conjunto de la Comunidad Nacional.

Par
te Orgánica de la de 1949

Para resumir este apartado vamos a identificar cuatro aspectos principales del nuevo sistema institucional que introdujo el texto del año 1949: nuevo concepto del Estado; nuevo concepto de la Democracia; nuevo concepto de la Propiedad y nuevo concepto de la Soberanía.


1- Nuevo Concepto de Estado:

Se superó la noción de Estado Liberal gendarme y se institucionalizó el modelo de Estado Interventor y empresario.

 

Con este objetivo, el Artículo 40 permitió al Estado:

- Monopolizar algunas áreas de la economía;

- Monopolizar el control de los Servicios Públicos que no podían ser privados;

- Monopolizar la tenencia y explotación de los recursos naturales definidos como "inalienables e imprescriptibles de la nación".

2- Nuevo Concepto de Democracia:

Se superó la noción de democracia liberal que define al sujeto comociudadano, que a través del voto solamente tiene derecho a que el Estado, supuestamente, proteja la propiedad privada o su desenvolvimiento en el mercado (sobre el particular, se introduce el apartado Capítulo II Deberes, derechos y garantías de la libertad personal).

 

Las garantías individuales además, fueron ampliadas y por ejemplo, se introdujo la figura de Habeas Corpus y la noción garantista del derecho penal (Artículo 29).

En el lugar del derecho liberal clásico se institucionalizó la noción de derecho social a través del Capítulo III, Derechos del trabajador, la familia, la ancianidad y de la educación y la cultura.

3- Nuevo Concepto de Propiedad:

La noción de la propiedad privada del liberalismo fue remplazada por la idea de que la propiedad privada tiene una función social.

El Artículo 39 estableció que el capital debe estar al servicio de la economía nacional y tener como principal objeto el bienestar social.

 

Para cumplir con esta noción y por ejemplo, el Artículo 38 estableció las figuras de la expropiación con fines de utilidad pública y otorgó al Estado la facultad para fiscalizar la distribución y la utilización del campo.

4- Nuevo concepto de Soberanía:

A diferencia del liberalismo que enajena el patrimonio económico y espiritual del país en nombre de la supuesta neutralidad valorativa, la Constitución relacionó directamente el tipo de administración del patrimonio de los argentinos a un problema de soberanía nacional. Con este fin, estableció como fines del Estado la defensa de patrimonio:

- Económico: por ejemplo, el ya mencionado Artículo 40;

- Social: por ejemplo, el Capítulo III o el Artículo 39 indicados; asimismo, se puede señalar la mención al fomento de la pequeña propiedad agrícola y la extinción del latifundio que hace la Constitución (Artículo 68, inciso 16);

- Cultural: por ejemplo, el Artículo 37 inciso IV, 7 estableció que -Las riquezas artísticas e históricas, así como el paisaje natural cualquiera que sea su propietario, forman parte del patrimonio cultural de la Nación y estarán bajo la tutela del Estado, que puede decretar las expropiaciones necesarias para su defensa y prohibir la exportación o enajenación de los tesoros artísticos. El Estado organizará un registro de la riqueza artística e histórica que asegure su custodia y atienda a su conservación.

- Político: la independencia económica y la soberanía política son objetivos del Estado que están mencionados en el texto.

 

Tanto en su parte Dogmática como Orgánica.

La revolución nacionalista pacífica que dio espacio a la Constitución del año 1949 fue derrotada por la violencia cívico militar del golpe del año 1955. Este programa y sus detractores, pusieron al país al borde de la guerra civil y a través de casi 20 años de proscripciones y violaciones al derecho, prepararon e implementaron la dictadura de 1976.

 

La Constitución luego del golpe del año 1955 fue derogada por la decisión del Poder Ejecutivo Nacional, cuestión inconstitucional, ilegal y profundamente ilegitima.

 

La dictadura del año 1976 y las políticas económicas del neoliberalismo posteriores, plantearon entre sus fines la dependencia económica, la entrega de soberanía a los organismos de crédito y a las empresas del extranjero y la profunda desigualdad social a la cual nos vemos inmersos.

 

Con este fin, las Constituciones y los gobiernos posteriores, nos legaron un Estado que en su funcionamiento retrocedió al modelo del liberalismo del siglo XIX.

 

Nos dejaron una Democracia que coexistió con una profunda desigualdad y que lejos de garantizar un Estado de derecho social, profundizó su opuesto.

 

El modelo de Propiedad poco y nada tiene una función social, y por el contario, se produjo un efecto de centralización, extranjerización y de deterioro del aparto productivo y de fuga de los recursos naturales del país.

 

Asimismo, la idea de Soberanía nacional fue remplazada por los conceptos de los técnicos del liberalismo enajenando las decisiones del país y depositándolas en el extranjero y los grupos económicos.

Desde el año 2001 y subsiguientes, el país inició un proceso de cuestionamiento de muchos postulados del programa neoliberal. En este cuadro, se produjeron importante avances, que al día de la fecha y lamentablemente, aun nos dejan a medio camino entre el proyecto de país del liberalismo y el de la nación soberana, libre y solidaria que institucionalizó la Constitución del año 1949.



[1] Este trabajo es un Resumen de la Constitución Argentina de 1949. Génesis y caída. Aritz Recalde.Descargalo aquí en lo subrayado.

[2] Sampay, Arturo Enrique, Informe del despacho de la mayoría de la Comisión Revisadora de la Constitución de 1949, 8 de marzo de 1949. Extraído de Unamuno, Miguel y Bortnik, Rubén, La reforma constitucional del siglo XX, Biblioteca Política Argentina, Centro Editor de América Latina, Buenos Aires, 1986. p. 54.
[3] Sampay, Arturo Enrique, Constitución y Pueblo, Cuenca Ediciones, Buenos Aires, 1974, pp. 102-103.
[4] El proceso de asenso de una fuerza social y siguiendo a Perón, atraviesa por 4 momentos: una etapa organizativa y Doctrinaria de imposición cultural del proyecto; un segundo momento de Toma del Poder Político (golpe de 1943; centralización de la CGT; Formación del Partido Laborista y finalmente del Partido Único –justicialista); un tercer momento que denomina como etapa Dogmatica de implementación de medidas de gobierno (Secretaria de Trabajo y Previsión primero y luego desde 1946 en la totalidad del Estado); finalmente, la cuarta etapa es la Institucional en donde la revolución se hace Constitución y el Estado consolida la nacionalidad. Perón Juan Domingo, La Hora de los Pueblos. Ed. Norte, Madrid, 1968.
[5] Con una reforma constitucional las revoluciones buscan bloquear la acción del capital extranjero y la oligarquía que actúan a través de sus operadores insertos en el aparato judicial.


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Fuente:Nac&POP