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13 de diciembre de 2009

BREVE MANUAL DE ZONCERAS GORILAS



(*) Prof. Raul Isman

Arturo Jauretche (1901-1974) fue un verdadero maestro de la retórica puesta siempre al servicio de las causas más nobles, un escritor de enjundia, un pensador claramente inscripto en el campo nacional y un militante consecuente por la realización de los sueños de los libertadores de nuestra América. Una de sus obras más importantes es el célebre Manual de Zonceras argentinas, texto en el que desnuda parte de los discursos y las prácticas de sectores colonialistas y colonizados.

En el presente artículo- que parafrasea en su título la obra citada- no pretendemos igualar su riqueza conceptual y práctica, si no más bien proseguir andando por el camino trazado por el maestro. En él se analizarán algunas zonceras difundidas por la oposición gorila al gobierno nacional. En la Argentina, se denomina con el zoológico apelativo a todo antiperonista, sea de ultra derecha, extremista de centro o fuertemente sinistro; como es el caso de la grotesca enfermera troskosauria Vilma Ripoll. En este último caso es dable destacar que se verifica una constelación ideológica tal vez desconocida en otras latitudes: el macrismo-leninismo. Macrismo por Mauricio Macri, jefe político de los neoliberales criollos y en ejercicio del ejecutivo de la Capital Federal; leninismo sólo por autodenominación causada en formales coincidencias librescas. En efecto, basta ver cualquier posición del malicioso ingeniero contra la presidencia de la nación, para encontrar como “izquierdistas” del pelaje de Ripoll y similares la levantan y amplifican desde sus posturas esquemáticas e incendiarias. Para decirlo de modo simple, tales “izquierdistas” son caja de resonancia de la peor derecha y para lo único que sirven es para hacerle el juego lastimosamente al imperialismo.

Por otra parte, en la oposición al proyecto nacional existe una cierta camándula de dirigentes peronistas (Duhalde, Solá, Barrionuevo y siguen las firmas). Al provenir del peronismo, se hallan exentos del toque gorila que resulta inocultable en Carrió, Cobos, Stolbizer o Morales y tantos habitantes del planeta de los simios, quienes hacen cuernos, sortilegios y exorcismos de todo tipo cuando alguien menciona a PerónEvita o cualquier referencia simbólica o material a la fuerza nacida hacia 1945. Por lo tanto, no serán las zonceras peronistas objeto de nuestro análisis. De modo que quedan fuera exabruptos incalificables como el de “loco” y “burro” (otra vez la zoopolítica) con los que Duhalde pretendió defenestrar al ex presidente Néstor Carlos Kirchner en ocasión del habitual asado veraniego de Luís Barrionuevo (figura de notable prosapia académica, si las hay, que no merecería vecindad ninguna con los nobles asnos).

El listado de zonceras es fatal y necesariamente provisorio, de modo que el presente manual seguramente se extenderá en el futuro con continuidades diversas.


Zoncera número I (Medidas para hacer o agrandar) la caja. Tal vez la Argentina sea el único país del mudo en el cual la conspiración mediático-gorila procura estigmatizar el lógico empreño que todo gobernante debe poner en financiar las actividades estatales. No existe fuerza política o ciudadano del común que no aceptare la existencia de una formación estatal capaz de brindar servicios necesarios para el conjunto de la población. Pero, del mismo modo que el pequeño burgués petulante reclama presencia persistente y constante de lo público, al tiempo que evade o elude impuestos, las fuerzas del gorilaje son mucho más aviesas y pérfidas aún; ya que al pretender ilegitimar todo afán recaudatorio; el verdadero objetivo perseguido demuestra claramente su prosapia golpista. Es que ya lo que buscan es desestabilizar; hasta, en una perspectiva de máxima deponer, al gobierno nacional por vía de la parálisis a la que quedare sometido por ausencia de recursos. De modo que nunca es ocioso volver a destacar lo central: un estado desfinanciado es un estado paralizado. De allí a la caída del gobierno en ejercicio hay un paso muy breve. Nunca perdamos de vista que no otra es la finalidad de evitar por todos los medios que se haga “caja”. 

Zoncera número II La ola de inseguridad. Caballito de batalla de las derechas de todo el orbe, la llamada inseguridad (o su opuesto, la seguridad) constituye la máxima utopía reaccionaria que imaginarse pudiera. En efecto, no existe estado alguno en el mundo capaz de proveer seguridad absoluta a los ciudadanos. Lo máximo que puede hacerse es vigilar y tratar de prevenir los delitos. Pero a sabiendas que la única seguridad posible (como afirmara un célebre conservador británico John Maynard Keynes) a largo plazo, es que todos los que vivimos en los tiempos contemporáneos habitaremos en distintas necrópolis. De modo que el constante machacar con la temática de marras persigue sin dudas los siguientes y verdaderos objetivos:

a) Invisibilizar a los auténticos enemigos del bienestar popular, los grandes empresarios, colocando en primer plano a los delincuentes, Huelga decir que en tal categoría delincuencial jamás entra un gerente de banco aprendiz de filibustero globalizado, ni empresario vaciador; como si los mencionados no fueran ilícitos de consecuencias mucho peores que el robo de zapatillas, algún dinero u otros enseres.

b) Corolario de lo anterior es la percepción de una anómica guerra de todos (los pobres) contra todos, en la que se multiplican los conflictos secundarios (al tiempo que se ocultan los importantes) y se diluyen las identidades colectivas. Es que cada habitante reducido a la condición de átomo suelto y encerrado en su casa resta a la conformación de conglomerados multitudinarios capaces de pelear por los derechos propios de la ciudadanía social. El beneficiario no es otro que el poder real que crea, difunde e instala los discursos susodichos.

c) Buscar que la población acepte por desesperación legitimar cualquier vía expeditiva e ilegal para combatir a la delincuencia. De tal modo se han construido candidaturas exitosas (el eléctrico comisario Patti o el represor Bussi) y grotescamente fracasadas (el trucho ingeniero Blumberg).

Un contenido decisivo es la instalación de un embuste del tipo de las llamadas puertas giratorias; es decir, que los malhechores entran por una puerta y salen por la otra. Tal afirmación hipócrita y mentirosa omite nada menos que el grave problema del hacinamiento y la superpoblación carcelaria; que en parte debe vegetar en calabozos .de comisarías por causa que la capacidad de los penales se halla desbordada por completo. Puertas giratorias?

La idea misma de la mentada ola de inseguridad (¡Qué tipo de ola, como en los estadios de futbol, como a la orilla de un mar sereno, como un tsunami?) es una construcción mediática. Todas las mañanas los noticieros comienzan el día con la citada marea, lo continúan a la hora del almuerzo o del té y lo finalizan a la noche. Si fueron asaltos incruentos, la información paga menos que un robo a jubilados que incluyera castigos físicos; aunque tal vez lo que brinda mejores dividendos en el centimil mediático sea el crimen que mezclare en dosis similares motivaciones pasionales, tráficos de estupefacientes o sustancias conexas y negocios turbios. De semejantes modos, la cuestión queda instalada como parte del sentido común urbano con algunos ribetes insólitos del tipo de que relataremos a continuación. Habitantes diversos del interior del país creen que en la ciudad de Buenos Aires y su conurbano se despliega una verdadera guerra abierta con bandas tiroteándose con la policía a toda hora del día o la noche. Lo más gracioso es que ellos contraponen su modo de vida casi pastoril; en el que se enorgullecen por vivir y aún dormir sin cerrar con llave las puertas. ¿Quién les puede asegura que delincuentes de esa u otras comarcas no aprovecharen la coyuntura para provocar nuevos hechos que enriquecieren (por un día) la ola de inseguridad? .

Zoncera número III. El doble comando. Un rasgo inconfundible de las derechas neoliberales en todo el mundo es multiplicar los debates acerca de temas banales o intrascendentes con la obvia intención de escamotear de la agenda pública los contenidos importantes y verdaderamente relevantes. En la Argentina las diversas variaciones acerca del doble comando son parte del golpismo gorila desde comienzos del proceso actual, en mayo del 2003. La primera versión fue la del pobre chirolita (Kirchner) telecomandado por su macrocéfalo antecesor (Duhalde). Hubo también competidores en el rol de telecomandador que le salieron al gobernador y senador en ejercicio (prestado) de la presidencia. Un periodista del diario neoliberal La Nación, Claudio Escribano, se presentó frente al inminente primer magistrado patagónico con un pliego de insolentes imposiciones enviado por quienes si teledirigían al escriba de marras: los esbirros mediáticos del el poder globalizado. Kirchner hizo caso omiso de los autoritarios dictados de Escribano y desde su primer día de gobierno se dedicó a jibarizar la cabeza (política) de Duhalde hasta reducirla a la mínima expresión.







(*) Docente. Escritor. 

                                                                  Miembro del Consejo 
Editorial de la Revista Desafíos.
Colaborador habitual 
del periódico socialista El Ideal.
                                                                             Director de la revista 
                                                               Electrónica Redacción popular.
                                                                     raulisman@yahoo.com.ar
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