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11 de octubre de 2009

LA HISTORIA OFICIAL DICE QUE EL GENERAL NACIO EL 8 DE OCTUBRE DE 1895, EL GRAL. DICE OTRA COSA

*Por Diego Carbone

Festejamos todos los años el cumpleaños de nuestro líder el 8 de octubre, pero en un escrito personal el general confirma su nacimiento el 7 de octubre de 1893. Encontré su nota y que mejor que compartirla con todos ustedes para festejar un nuevo cumpleaños de JUAN DOMINGO PERON:

"Nunca me preocupo aclararlo porque básicamente siempre pensé que existen dos tipos de acontecimientos que dan forma a una vida, los importantes y los otros. Así, un día más o un día menos, un año más o un año menos, ¡que importancia podía tener! De hecho no la tuvieron durante muchos años, ni mi propio padre, le dio trascendencia y ante la pregunta del secretario del registro civil de Lobos: ¿cuando nació el niño? no dudo en responder que había sido en la víspera. Y así fue anotado mi nacimiento aquel 8 de octubre de 1895, como acontecido el día inmediatamente anterior, pero en realidad yo ya tenia dos años para esa fecha, que fue verdaderamente un 7 de octubre, pero de 1893.

Así constaba en las páginas del registro parroquial, que lamentablemente una gran mancha de tinta derramada casualmente, sobre el renglón que daría crédito a mis palabras, se ha encargado de silenciar para siempre. Se afirma que fue el pueblo de Lobos quien me vio nacer. Allí hay una casa, la de mis primeros años, donde gatee, donde comencé a dar mis primeros pasos, pero que con toda seguridad no vio mi alumbramiento, pues este había acaecido en Roque Pérez, Partido de Saladillo.

Mi nacimiento aparece anotado en el libro de registro correspondiente al antiguo Fortín Lobos. No menos de cuatro generaciones por línea materna se habían asentado en estos parajes, según memoraba Mercedes Toledo, mi abuela inmemorial. Recordaba a sus abuelos oriundos de Santiago del Estero, asentados en los cerros santiagueños de Gusayan. En cambio, los Sosa eran gente relativamente nueva en los pagos del Fortín, provenían de tierras más al sur de la provincia, digamos de Ambargasta.

Con letra de mi padre constan los pormenores de mi nacimiento, en el folio 228, acta 45º, del tomo correspondiente al año 1895. Se trata evidentemente de un documento genuino que la municipalidad de esa ciudad conserva en perfecto estado hasta hoy, tuve la oportunidad de conocer esos datos a partir de la fecha en que mi vida dejo de ser privada y se empeñaron en exhumar hasta los más insignificantes pormenores que rodearon mi existencia. Ese documento afirma lo siguiente: "Ante el jefe de registro civil, Don Rafael Acevedo compárese, Don Mario Tomas Perón y denuncia el nacimiento del párvulo Juan domingo, quien ha venido al mundo el día 8 de octubre de 1895 en la localidad de Lobos, según atestiguan los vecinos y amigos, Juan B. Torres y Juan R. Saligaray". 

Posteriormente, la verdadera fecha de mi nacimiento aparecerá en la parroquia de Nuestra Señora del Carmen, donde me inicie en los Sacramentos de la Santa Iglesia, en los brazos de mi madrina, Doña Francisca Toledo y donde aconteció el hecho curioso de la mancha de tinta antes relatada. Aquellas dudas y brumas respeto a mi origen nunca habían sido totalmente despejadas constituyendo durante gran parte de mi vida una incógnita, incluso para mi, la cual supe convertir en acicate para mi voluntad. Quizá. , mi propio padre, inconscientemente, se haya encargado de confirmar esta situación anómala, (la que por otra parte no es más escandalosa ni menos significativa que cualquiera de los conflictos humanos que hoy desvelan a una sociedad que no ha dejado de ser pacata), en el momento en que me entrego, con especial interés, para que lo tuviera entre mis libros de cabecera, sendos volúmenes de "Las Cartas de Lord Chesterfield a su hijo Lord Carnavon". El libro esta escrito por un padre a su hijo natural a quien educa a través de un epistolario único e inimitable, que armoniza lo útil con lo ameno, imaginen las enseñanzas que contienen.

Ahora, masticando mi mocedad, tengo la necesidad de arrojar un poco de luz sobre algunas páginas oscuras. Muchos de los acontecimientos afectivos que no me dejaron descansar durante noches, resultan hoy vistos a la distancia anécdotas triviales, frente a la magnitud de los hechos verdaderamente trascendentes que sobrevendrían con posterioridad. Yo tenía 25 años y era un joven oficial que llevaba con orgullo irreflexivo el uniforme de la patria. Era un aspirante sin suerte para conquistar el corazón de mi prima Mecha. Solo confesé aquellos sentimientos de frustración a Raquel Perón, que era mi otra prima, gran amiga y confidente durante esos años. A ella le exprese con dolor: "presiento que Mecha me rechaza debido a mi brumoso origen, pues no veo otro motivo". El tema de mi origen se trasformara en una constante a través de mi vida. Será por eso tal vez que la fecha de nacimiento quedo velada durante años. ¿No habrá sido una maniobra inconsciente de mi parte para ocultar un sentimiento de ilegalidad que me negaba a reconocer?. ¿Cuantas grandes mujeres quedaron al margen de los hechos sociales, ignoradas por su propia comunidad, observadas con espanto, cuando su único pecado fue el coraje de haber sido madres solteras? Esas mujeres quedaban solas para enfrentar la vida, ese hijo no tenia padre, y la ley Argentina prohibía, hasta investigar la paternidad del recién nacido que se lo anotase. Pero si castigaba el adulterio y ese hijo pasaba a ser un bastardo, al padre se lo eximia de toda culpa y al hijo se le cerraban las puertas del futuro.

¿Eso era justo?. Nosotros hicimos una ley que daba al hijo natural los mismos derechos que al hijo legitimo. Esta situación de desprotección sucederá mientras las mujeres no intervengan más asiduamente en el espíritu de la legislación, hasta que llegue ese momento, ¡...las leyes estarán hechas por adúlteros...!, que ignoran que no hay hijos ilegítimos sino padres ilegítimos. Pero existen leyes superiores a las que establecen los legisladores... son las leyes naturales.

Apenas 16 tenias mi madre cuando nació su primer hijo, y 20 cuando nací yo Juancito Sosa. Ese fue mi primer nombre hasta que por distintos motivos, difíciles de evaluar, indujeron a mi progenitor a dar un paso decisivo, el 25 de septiembre de 1901, don Mario se allano a contraer enlace con Juana, yo tenia 8 años, según la versión que me consta. Fue en realidad mi abuela Dominga Dutey quien pidió a mi padre que se pusiera de acuerdo con la religión y la moral pública. El acta de casamiento llevo el número 604 del registro civil, de la sección quinta de la capital metropolitana. Tiempo después, y sin saberlo quizás, me acerque y distinguí entre mis semejantes, sólo a aquellos que por su origen debían enfrentar la hipocresía de una sociedad que quiso condenar al ostracismo y la vergüenza a todo aquel que llevara el peso de orfandad enigmática. Mi acercamiento a esos hombres se debió a que advertí en ellos condiciones intelectuales netamente superiores sobre el común denominador de la gente, rasgo que parece ser propio en quienes son frutos de la pasión. Las huellas de mi infancia no se borrarían con los años, por eso advierto al rememorar mi vida que solo estoy desandando aquellas antiguas preocupaciones, que descubro hoy que son nada más que perfiles. Soy hijo de un espíritu campesino, casi rural, y de una joven natural de Lobos, Juanita Sosa, con sangre india y parientes de origen santiagueño, me crié en Lobos, entre reseros y domadores. Nací un 7 de octubre de 1893.

JUAN DOMINGO PERON


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