Seguidores

20 de septiembre de 2009

16/09/76 LA NOCHE DE LOS LÁPICES

*Por Daniel Mojica

Con el secuestro de ocho militantes secundarios el viernes 16 de septiembre de 1976 comenzó uno de los crímenes que se convertiría en símbolo de la dictadura militar. Al rapto siguió la muerte de seis de ellos. Ahora, a tres décadas del funesto episodio, se recordará a los desaparecidos con una gran cantidad de actos. En la noche del viernes 16 de septiembre de 1976, ocho militantes estudiantiles secundarios de La Plata fueron secuestrados de sus casas paternas por grupos de tareas, lo que dio inicio a uno de los crímenes emblemáticos del terrorismo de Estado argentino: la Noche de los Lápices.

Torturados durante meses antes de hacer desaparecer a seis de ellos, el cruel episodio será evocado a treinta años de ocurrido por una gran cantidad de actos, recordaciones escolares y manifestaciones. Estos incluirán, por primera vez, el homenaje de un Presidente y su esposa cuyas carreras universitarias cursaron precisamente en aquella ciudad. El aniversario redondo encuentra también al ex comisario Miguel Etchecolatz, principal responsable vivo de esos crímenes, esperando sentencia tras un nuevo juicio y ya preso en una cárcel común, lo que reabre –aunque tardía- la esperanza de justicia. Arrancados de sus camas con la promesa de que serían devueltos en pocas horas, los chicos de La Noche de los Lápices pasaron por un calvario antes de pasar a integrar la nómina de 232 adolescentes desaparecidos en el país. Llevados al destacamento policial de Arana, convertido en un depósito de presos “por izquierda”, fueron torturados de todas las maneras posibles durante días para sacarles nombres de otros activistas. Militantes de la Unión de Estudiantes Secundarios (UES), la organización estudiantil de masas creada por el peronismo revolucionario, para los represores no había demasiadas distinciones entre ellos y guerrilleros. Exponentes genuinos de una generación ansiosa de cambios sociales y políticos que irrumpió en la política con el regreso de Perón al país, en 1972, todos hacían trabajos voluntarios de apoyo escolar, sanitario y jurídico en barrios pobres y habían participado en 1975 de las movilizaciones por el boleto estudiantil secundario (BES). Acaso con los destinos marcados de antemano, siete de esos pibes fueron trasladados al Pozo de Banfield, de donde sólo uno, Pablo Díaz, salió vivo para contarlo. El gobierno bonaerense dispuso día atrás la transformación de esas antiguas instalaciones cercanas al Camino Negro en un museo de la memoria. Otros fueron a parar al Pozo de Quilmes, donde al cabo de varios meses fueron “blanqueados” y permanecieron presos hasta cuatro años a disposición del Poder Ejecutivo sin que se les sustanciara proceso ni acusación formal alguna. La noticia del secuestro de adolescentes sacudió en su momento a la capital bonaerense, una ciudad orgullosa de su tradición cultural y educativa donde los juzgados comenzaban a llenarse en esos días con unos 2500 pedidos de hábeas corpus. La mayoría de esos trámites debieron ser presentados por los propios familiares luego de que el secuestro de los abogados radicales Sergio Karakachof y Domingo Teruggi, en la misma semana que La Noche de los Lápices, denotara la transversalidad del terror. Fue como un rayo y nos llenó de espanto por la edad de los chicos”, recordó a Télam la también platense Hebe de Bonafini, “porque algunos eran de familias muy conocidas de la ciudad, como Claudia Falcone. Su papá, un hombre recto y extraordinaria persona, había sido intendente peronista y luego fue secuestrado en la búsqueda ”, evocó.

COMPAÑEROS!!!!! PRESENTE!!!!! HASTA LA VICTORIA SIEMPRE!!!!

Publicar un comentario