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5 de julio de 2009

ELEMENTOS APRESURADOS

*Por Leandro Otero.

Hay que hacer consciente la politización que cada uno de nosotros tiene. Ya todos sabemos que cuando hablamos de cualquier cosa, también se juegan allí, los elementos de opinión sobre el mundo, aunque los lugares desde los cuales se opine, no sean plataformas iguales, hay que animarse a saltar a lugares nuevos.

Evidentemente, la derrota del proyecto oficial es contundente, y allí me gustaría hacer algunas consideraciones, hay muchos compañeros que se sienten hoy muy apesadumbrados con la derrota del peronismo, ya que vislumbraban allí el último refugio de una política progresista, no podemos discutir con ellos hoy sobre la historia reciente del peronismo, hay que pensar en como seguimos la construcción de proyectos que sean de mayorías, mayorías que somos diferentes y en algunos sentidos opuestos, pero todos integramos las mayorías populares.

En nuestro distrito, la ciudad de buenos aires, el proyecto oficial amarillo, baila y baila, festejan agitando champagne parecen pibes de quinto año, festejando como locos, me sonaba a un baile de enajenados, un baile en un barco de lujo, en un país donde hay millones de pobres e indigentes, ellos imaginan una nueva avanzada neoliberal con llegada a los millones. Si lo que digo es correcto, para contrarrestarlo, solo podemos confiar en el dialogo con los millones, en un dialogo que sea principalmente una escucha para en los primeros meses, sacar conclusiones sobre como es el núcleo duro del pensamiento popular.

El baile fastuoso de los jóvenes amarillos nos suena a obscenidad, para quienes trabajamos en diferentes áreas del estado. Ellos bailando como si estuvieran en una fiesta, y los trabajadores estatales bailando para sostener lo poco que queda.

Que diferente era esa baile, al baile de los muchos que vi, en torno al fuego sagrado, iluminador, sanador que plantean los recitales redondos o fundamentalistas, u otros bailes sagrados, allí se baila para hermanarse, y no para festejar victorias, allí se baila para reconocerse en el otro, y no para festejar, la desgracia ajena.

Creo que el proyecto amarillo, es claro, quieren que las agencias que se encargan de atender al pueblo, sean agencias subsidiarias para los que nada tienen, que aquellos que tengan solo una moneda más, paguen por educarse, curarse y garantizar su comida desde el lugar del consumidor y no desde el ciudadano. Y ahí, justo ahí, los jóvenes de amarrillo nos plantean un desafío que suena a una mojada de oreja, porque creen que no podemos encarar la tarea.

Y cuál es el desafío que nos plantean.

En el terreno educativo, el desafío es lograr que nuestros alumnos, puedan aprender desde otros lugares, y no me estoy refiriendo a la calidad en pruebas estandarizadas donde saquen buenas notas, no, ese no puede ser nuestro objetivo estratégico para los próximos 20 años, el desafío es que las generaciones jóvenes se vuelvan a enamorar de conocer, de conocer el mundo y su lugar allí, volviendo a recoger la experiencia histórica de nuestra especie.

Y para que ese proyecto estratégico que propongo se dé, nosotros, ya mismo, debemos dejar de pensar que los niños y jóvenes que asisten a las escuelas públicas no pueden llegar. Si logramos esto y empezamos a pensar en cada uno de nuestros estudiantes, como únicos e imprescindibles, ya habremos dado el paso y el gesto que abre la puerta a lo desconocido, a lo porvenir.

Ah, una última cosa sobre el baile de los jóvenes de amarrillo.

¿Habrá sido un baile para ahuyentar la derrota que saben que sufrieron?

¿Para olvidar que ganaron por muy poco?

Déjenme decirlo, mucho de esa victoria que es derrota, se debe a la militancia que muchos maestros dimos desde el año pasado, para denunciar el proyecto amarillo como un proyecto de minorías.

Lo que venga, dependerá de que cada uno de nosotros nos hagamos cargo de lo hecho en el pasado. Hagamos consciente este impulso y empecemos de una vez, sostengamos desde cada uno, la tarea que viene.

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