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12 de julio de 2009

COMO TODOS LOS AÑOS, UN TEMA SIN RESOLVER


(La Larga Noche de las Corbatas)

*Por Carlos A. Bozzi


Este 6 de julio del 2009, ya se cumplen 32 largos años, que recuerdan aquellos siete días, durante los cuales en un operativo múltiple fueron secuestradas nada menos que once personas en la ciudad de Mar del Plata, siete de las cuales, ejercían la abogacía, todos los cuales fueron alojados en el radar subterráneo de la Base Área local, lugar que posteriormente se conoció como el Centro Clandestino “La Cueva”.

Conviene volver a repetir la cronología de estos hechos. El 6 de julio de 1977, son secuestrados los doctores Norberto O. Centeno, Salvador Arestín, Raúl H. Alais y Camilo Ricci. Este último fue liberado 24 horas después, mientras que el cuerpo sin vida de Centeno, apareció en un camino vecinal de la ciudad balnearia el día 11 de julio. Es importante detenerse en un detalle, macabro, pero detalle al fin, que puede dar alguna pista más con el fin de esclarecer los móviles del secuestro: la mayoría de los cuerpos que aparecieron en la ciudad, siempre presentaban signos de ametrallamiento, con numerosas heridas de bala, originadas en simulados enfrentamientos. El cuerpo del Dr. Centeno, en cambio, mostraba visibles signos de haber sido salvajemente asesinado a golpes, lo cual no encaja con la metodología habitual de la época. Asimismo, es el único de los secuestrados que es “detenido” al grito de “Alto, Ejército Argen tino”.

El 8 de julio son secuestrados los doctores Carlos A. Bozzi y Tomás J.Fresneda del estudio jurídico situado en Independencia y Gazcón. Acto seguido, también lo es la esposa de este último, María de las Mercedes Argañaraz, que cursaba un embarazo de 5 meses y medio. Cuatro días después las Fuerzas Conjuntas, secuestran al abogado José María Verde y a su esposa, Ana María de la Arena, liberándolos al anochecer del día siguiente. Por último, la lista se cierra el día 13 de julio, con la desaparición de María Esther Vázquez y su esposo Néstor Enrique García. Injustamente las crónicas posteriores olvidaron mencionar, que Verde también era abogado y había asesorado al Gremio de Trabajadores Judiciales local.

Los diarios del día 14 daban cuenta de ambas noticias: la liberación del matrimonio Verde y el secuestro de los esposos García. La situación ya era preocupante para la ciudad: estaban desapareciendo “personas” y las fuerzas del orden parecían impotentes para detener esta ola de “inseguridad”. Desde todos los sectores sociales, con el Obispado a la cabeza, se reclamó la urgente intervención de las autoridades policiales y militares para que “hagan algo”, pues se encontraba afectada sensiblemente la propia “imagen” del popular balneario. Mar del Plata, en ese entonces, se preparaba para ser una de las sedes del Campeonato Mundial de Futbol, con distintas obras en proceso, a fin de recibir a turistas de todo el mundo y estos sucesos perjudicaban, obviamente, los intereses locales. La “Ciudad Feliz”, ya no lo era tanto..!!!

Fue así, que el 19 de julio por la mañana, el Ejército realiza un impresionante operativo rastrillo por tres barrios cercanos a la Base Aérea, en procura de la localización de los secuestradores y de los secuestrados, operativo ampliamente difundido por los medios radiales. A media mañana hace su arribo a la ciudad, el Jefe de Policía de la Provincia de Buenos Aires, coronel Ramón Camps, quien brinda una conferencia de prensa a los medios locales y nacionales, reuniéndose con el juez de feria, Doctor Rodolfo Morales Ridecòs. Con el elenco completo, el telón comienza a levantarse cerca de las 20:30 horas de esa noche, cuando en un cruce de caminos en las afueras de Mar del Plata, una patrulla del Ejército Argentino intercepta a tiros de fusil y escopetas “Itaka”, un vehículo Ford Falcón. En el baúl del automóvil los efectivos militares encontraron maniatado y vendado al Dr. Carlos A. Bozzi y en los asientos del destrozado rodado, los cuerpos sin vida, acribillados a balazos, de Carlos Alberto Weber (conscripto y estudiante de Agronomía de la Universidad Nacional de La Plata) y Stella Maris Giourgas (estudiante de Agronomía de la UNLP), dos jóvenes secuestrados semanas atrás en la ciudad de La Plata, que habían sido sacados del Centro Clandestino de “La Cacha”, para tener trágica participación en la montada farsa. En tren ponerle nombre a todos estos sucesos, un policía retirado alguna vez me comentó, si yo era el que había estado en “La noche de las escopetas”.

Al día siguiente cuando los diarios, daban noticias de este suceso, se aclaraba que el automóvil pertenecía al “asesinado” doctor Centeno, con lo cual las Fuerzas de Seguridad, a más de recuperar el automóvil, aseguraban a la población, que los autores de tantos secuestros y también de la muerte del prestigioso abogado, eran nada más y nada menos que los “Montoneros”. Habían salvado la vida de uno de los secuestrados y tenían ubicados a los demás. Sin embargo de los otros abogados y del matrimonio García, nunca más se tuvo noticias y poco a poco no solo la población, sino también los distintos sectores sociales, fueron olvidando estos hechos. Solo existe un informe del agente de inteligencia Arancibia Clavel, que da cuenta de la “aparición de los cadáveres de varios abogados izquierdistas” en las costas marplatenses a fines de Agosto de 1977”, afirmando que en el hecho “había operado el Coronel Camps”. Hasta el momento, no se ha podido corroborar esta información, por lo cual el caso continúa abierto hasta estos días y está siendo investigado por el Juez Federal de Mar del Plata, Alejandro Augusto Castellanos, en la llamada causa “La Cueva” , dónde procesó y ordenó detener a varios altos jefes militares que ejercieron funciones en 1977 en la Agrupación de Artillería de Defensa Aérea 601 (AADA 601) y al abogado Eduardo Cincotta, cuyo arribo al lugar de los hechos en la noche del aquel 19 de julio de 1977, también se procura esclarecer por la Justicia.

Como antecedente a los sucesos de julio, es necesario recordar que el 13 de junio de 1977, había sido detenido por la Delegación Neuquén de la Policía Federal Argentina el abogado Jorge Roberto Candeloro y su esposa Marta Hayde García. La pareja fue trasladada a Mar del Plata por orden de las autoridades del AADA 601 y el 28 de junio de ese año, el abogado es asesinado en las mismas instalaciones de “La Cueva”. Su muerte se produjo a causa de las torturas infligidas por sus captores.

Marta Hayde García fue trasladada posteriormente a la Comisaría Cuarta de Mar del Plata. Los datos acerca de la fecha en que se procedió a dicho traslado aún son confusos. El Juez Castellanos, se inclina por establecerlo a fines de julio de 1977. El testigo Oscar Bernardino Granieri, detenido en dicha dependencia policial desde el 23 de febrero de aquel año, declaró en el Juicio a las Juntas de Comandantes, que la fecha de arribo de la señora García, fue el 20 de agosto. Días más, días menos, lo importante es que la esposa del doctor Candeloro, asegura que antes de ser trasladada de “La Cueva”, los abogados y el matrimonio García, estaban aún con vida, con lo cual aquel informe del terrorista Arancibia Clavel, puede tener algún sesgo de verosimilitud.

El secuestro y desaparición de tantas personas, ninguna vinculada entre sí, como grupo o como de militancia activa en la ciudad, provocó el estupor y el repudio general de los distintos sectores sociales de la cuidad. Se podían tolerar secuestros o cuerpos sin vida que aparecían acribillados en algún alejado barrio del centro marplatense, si se conocía alguna militancia de las personas muertas. Siempre la muletilla de “por algo será”, funcionaba a la perfección. Pero la heterogeneidad del grupo secuestrado y el prestigio internacional que gozaba el Dr. Norberto Centeno sorprendieron a todos. El diario “Excelsior” de Méjico, en su edición del 13 de julio, daba cuenta de telegramas de repudio llegados desde Estados Unidos, Francia, España, Venezuela y una veintena de países. Y relata que “Al ingresar el féretro en la cureña, un viejo trabajador gastronómico- el primer gremio que defendió Centeno en esta ciudad balnearia y pesquera- atravesó el gentío y arrojó sobre el ataúd su chaqueta blanca profesional: ”Llévese esto Doctor”, dijo entre lágrimas”.

El Juez Castellanos, en un párrafo de su resolución afirma:” Es dable poner de resalto que más allá de la existencia de diversas conjeturas acerca de los motivos o causas determinantes del acaecimiento de tales sucesos, o de la propia comprobación de los hechos individuales padecidos por las víctimas, hasta el momento no ha sido posible acreditar de manera puntual el móvil que guió en este particular caso el accionar represivo del Estado”. Y más adelante sostiene que: “Pero con independencia de la razón motivante del acaecimiento de tales sucesos –en cuya determinación hasta el momento ha fracasado no sólo esta instrucción, sino incluso el propio tribunal interviniente en la causa que procura la determinación de la verdad de lo acontecido en la materia, en tanto que aún no ha dictado sentencia en el marco de los autos caratulados “Colegio de Abogados de MDP y otros s/ Denuncia s/ Desaparición forzosa de personas”-, resulta palmaria la existencia de elementos que vinculan tales hechos entre sí, como lo son la profesión desarrollada, la contemporaneidad de su ocurrencia, el destino de alojamiento y, en cierta forma, su desaparición”.
Sin embargo, este tipo de razonamiento -por cierto respetado y respetable- sustrae -reitero, sin mala fe que imputar al magistrado- los hechos del contexto histórico en que se desarrollaron, pudiendo llegar a convertir un delito de lesa humanidad como el que se cometió en “La Noche de las Corbatas”, en un delito común, obviamente prescriptible con el tiempo. Buscar “el móvil” en las desapariciones forzadas de personas en la década del 70, lleva al peligroso precedente de considerar algunas desapariciones justificables -por la militancia o por la vinculación a alguna persona con militancia política- y a otras no, colocando a los sobrevivientes de estas últimas, en la condición de un “perejil”, secuestrado por error. En última instancia, sería legitimar ese sub-mundo jurídico que tan brillantemente describe el Juez Rafecas en sus sentencias sobre los centros del “Olimpo”, “el Banco” y “El Vesubio”, al decir que allí, lo ilegal se convertía por imperativo de los hechos, en lo jurídicamente permitido.

Las acciones del Terrorismo de Estado siguieron un plan de operaciones sistemático, en dónde nada quedaba librado al azar y no es posible considerar cada caso en forma aislada, pues así se sustraen los hechos de su contexto histórico. Para las Fuerzas Conjuntas, todos eran operativos de guerra, basados en previas investigaciones de inteligencia, que determinaban los blancos a elegir.

En Mar del Plata, se dio el particular caso que, como sostuviera el Tribunal Oral en lo Federal Criminal, causa “Colegio de Abogados de Mar del Plata y Otros s/ Denuncia s/ Desaparición Forzada de Personas d/Inc. Universidad Nacional de Mar del Plata s/Actividades de Inteligencia de la Represión Ilegal”, citando un informe secreto de la Prefectura Naval Argentina, que dice: “El GADA 601, que siempre mantuvo hermetismo respecto de sus operativos, no cuenta con personal capacitado en inteligencia, en la medida en que las circunstancias lo aconsejan, en un primer momento de esta guerra, se valió de personas civiles que militaban en la CONCENTRACIÓN NACIONAL UNIVERSITARIA que llegaron a actuar con total impunidad en la ciudad …”., corroborando lo que muchos sostuvieron desde hace años, acerca de la intervención y participación de civiles, y en especial de abogados locales (otras declaraciones en el Juicio por la Verdad de Mar del Plata, así lo certifican) en casos de secuestros y desapariciones de personas, en especial los hechos de “La Noche de las Corbatas”.

Es impensable que el poder militar permita que civiles, sin su expreso consentimiento, pudieran tener vía libre en cualquier ciudad del país, para secuestrar personas. Solo bajo sus ordenes y expreso consentimiento podrían haberlo hecho. Y es verdad, aun faltan actores que se sumen al reparto, pues no todo está claro en este hecho que hoy cumple 32 años. Bien dice el Tribunal marplatense, al considerar los crímenes de la organización “CNU”, como de lesa humanidad, que: “Como antes se dijo deberá también investigarse la participación de Eduardo Ullúa en la tristemente célebre “Noche de las Corbatas”, ocurrida en esta ciudad entre los días 7 y 9 de julio de 1977, atento la información confidencial que desde tiempo antes a la ejecución de este grave suceso se disponía respecto de los abogados secuestrados, su pertenencia al grupo que comandaba el Coronel Alfredo Arrillaga y su vinculación con el abogado Eduardo Cinchota..”.

Para el lector desprevenido, el mentado Ullua, agente civil incorporado al Ejercito Argentino en tareas de Inteligencia, integrante activo de la Concentración Universitaria Nacional, aún no sido interrogado por ningún Tribunal de Justicia de la República Argentina. No es un dato menor y hasta ahora, permanecen las incógnitas, a pesar de que en Mar del Plata, muchos saben la verdad y han decidido guardar silencio.

Queda sí la esperanza de impulsar la causa por el asesinato de los jóvenes Weber y Giourgas, en un intento más de desentrañar las responsabilidades de todos aquellos que amparados en el poder de un estado terrorista, hoy nos impiden conocer la suerte de tantas personas desaparecidas y asesinadas. Es de esperar que no sea por mucho tiempo más.

*Abogado
Sobreviviente de “La Noche de las Corbatas”
Julio de 2009
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