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14 de junio de 2009

LO QUE HA DE PASAR EN EL MUNDO… ¿Y EN ARGENTINA?

PLATA… o mierda


*Por Guillermo Amor


El relevamiento técnico de la crisis económica que padecen los países centrales, con lógicos efectos secundarios sobre todo el mundo ─ una apreciación objetiva que poco publicitan los medios masivos extranjeros e ignoran olímpicamente los nacionales ─ permite afirmar que estamos ante una “bisagra” de la historia. El capitalismo que conocemos ha de cambiar en una medida que excede lo solo cuantitativo. No se puede asegurar el tiempo de ocurrencia hasta llegar a un nuevo equilibrio porque ha de comportar un proceso de múltiples aspectos, todos significativos y que involucran al mundo entero siempre que no se trata de una “crisis financiera” localizada como se pretende sino de una crisis sistémica.

La primera fase que se está atravesando, si bien ya muestra cambios sugestivos ─ que si no las “nacionalizaciones” propuestas de 86 de los 100 principales bancos norteamericanos o de la General Motors, el rechazo a la compra de Chrysler Nacionales ,o de la por Fiat, las sanciones a Suiza por su “secreto bancario”, etc. ─ todavía ataca efectos, no causas, en una suerte de “inercia ideológica” de los intereses hegemónicos que, no solo no han de solucionar nada sino que potencian el problema. Aunque no podamos anticipar tiempos sí afirmamos que el proceso no puede detenerse, que ha de acelerarse y que, en lo primario y sustancial, no ha de exceder los dos o tres años.

Tras un relato de los principales aspectos que traen a esta situación mundial y sin pretender explicaciones, todas posibles ─ pero demasiado largas para un artículo… o varios ─, hemos de “disparar” dogmáticamente afirmaciones sobre lo que ha de ir ocurriendo, justificando lo que señaláramos al principio. Nos motiva el intentar esclarecer los efectos posibles de esa situación para nuestro país según sean las políticas de fondo que sepamos darnos.

En las últimas tres o cuatro décadas se fue profundizando en todo el mundo la concentración del poder económico y la riqueza con paralela exclusión de vastos sectores de la población mundial. La caída de la “bipolaridad” facilitó la imposición irrestricta al mundo de los postulados neoliberales que, como lo describiera Gunnar Myrdal, posibilitan el “circulo vicioso de la pobreza”.

Por muchos años, el dispendioso consumo de los “incluidos” compensó la desaparición de la importante demanda marginal que conformaban los “excluidos”. Un mercado (demanda) crecía mientras el otro disminuía hasta su casi extinción. Los avances tecnológicos, la creciente automatización, el proceso de relocalización territorial de las grandes industrias buscando mano de obra barata y la racionalización a ultranza de métodos y procedimientos fabriles, junto con la explotación irracional de los recursos naturales, contribuyeron al doble proceso de maximización de ganancias concentradas y paralela disminución del poder de compra de los factores no favorecidos. El obvio efecto no deseado fue la disminución de oportunidades de inversión: la demanda potencial no podía crecer a la velocidad en que lo hacía la acumulación. El panorama político externo e interno de los países centrales fue dificultando el acudir a los remedios tradicionales para la falta de demanda: grandes guerras y carreras espaciales, sin el “peligro soviético” a la vista, dejó de ser aceptado sin resistencia por la “opinión pública”. Otro aspecto a considerar fue la creciente ineficiencia de la industria norteamericana en comparación a la de las demás potencias del primer mundo en momentos en que mayores gastos debían hacer, en solitario, para sostener su hegemonía mundial ─ ya nadie “contribuía” para que los defendiera ante “el peligro rojo”. La situación podía mantenerse porque, desde los acuerdos de Bretton Woods en adelante, el mundo había permitido a EEUU a que creara dinero genuino… con solo imprimirlo. El mantenimiento de obscenos “déficits paralelos” y el “empapelamiento” del mundo con Bonos del Tesoro parecieron no ofender a nadie mientras los organismos financieros internacionales predicaban ajustes y frugalidad a los “excluidos”.

Aquella caída de las oportunidades de inversión pronto empujó a la aparición del “milagro”: la posibilidad de que la “timba” financiera, la plata que genera plata, permitiera “ahorrarse” la incomodidad del largo ciclo de la economía real para generar utilidades. La especulación financiera, montada ahora en la “globalización” que permitían los nuevos métodos de comunicación, comenzó a generar mayores utilidades al capital concentrado y, vía la deuda externa y los predicados ajustes para poder pagar los intereses, siguió excluyendo sectores de la demanda, minimizando mercados potenciales… y oportunidades de inversión en la economía real.

Cualquier economista con sentido común (el menos común de los sentidos… sobre todo en el caso de los economistas ligados a cualquier establishment), podía vaticinar sin error que se marchaba hacia la explosión, que en economía también “la única verdad es la realidad”. Muchas voces se alzaron, pero ya sabemos lo que ocurrió… y sigue ocurriendo.

Ya nadie discute que la publicitada “burbuja” de los préstamos hipotecarios en EEUU no fue más que la gota que rebalsó el vaso. Ni siquiera aquellos que impiden que la verdad cunda. Y, en aquella “inercia” a la que nos referíamos más arriba, se acude a “salvar” a los beneficiarios del horror pareciendo no reparar que ello solo refuerza la concentración cuando la única respuesta debería ser la redistribución. Además, ¿con que recursos monetarios se cuenta para esos “salvatajes”? Solo seguir imprimiendo dinero que no llega a la economía real. Cualquier economista con sentido común (ver más atrás) puede vaticinar sin error que ello solo magnifica nuevas explosiones. Pero ya sabemos lo que ocurre… y ha de ocurrir. El estado universal de cosas no deja alternativas para la prospección: solo puede preverse que, lenta pero crecientemente, han de “hacerse las cosas bien”. Habrá que cuidar mercados. Habrá que generar demanda. Habrá que fortalecer mercados internos. Habrá que… distribuir. Una definición técnica, aséptica, capitalista, para poner en bases esperables lo que los sectores excluidos han venido pregonando en bases humanas. No hay alternativas porque la única otra posibilidad es… el Apocalipsis. Quizás esa sea la respuesta, pero elegimos no considerarla.

¿Como ha de irse manifestando, a nivel mundial, ese “hacer las cosas bien”? Para poder preverlo es menester conformarse a la realidad de una nueva etapa del capitalismo. Por más que nos pese no creemos que la respuesta inmediata sea el triunfo mundial de la “revolución socialista”. El poder imperial está ampliamente deteriorado pero no desaparecido. La debilidad resultante configura una oportunidad única e imperdible para minimizar sus efectos.

La etapa que se abre vaticina el renacimiento de los estados por sobre la debilidad de las corporaciones, el avance de la política por sobre la economía. Un proceso de defensa de los mercados internos por sobre la disminución del imperio omnímodo del mercado mundial. Y el proceso ha de hacerse con la creación y/o consolidación de los mercados regionales merced a un proteccionismo a ultranza. Habrán de ir cambiando pautas de consumo hasta generarse nuevas pautas culturales, de allí la dificultad de estimar tiempos para el desarrollo integral del nuevo equilibrio. La cuestión medio ambiental es un buen ejemplo a lo que decíamos antes de la falta de alternativas: o se hacen las cosas bien… o el Apocalipsis. Lo que estamos planteando en fría técnica económica y aún con reflejos “capitalistas” (al menos hasta que cambien aquellas pautas culturales) es respuesta también al problema medio ambiental porque la defensa de lo propio, de lo regional, ha de minimizar el irracional uso destructivo de los recursos naturales.
Por necesidad se han de acelerar los procesos de unión regional, más allá de consignas ideológicas y con un cerrado pragmatismo.

Hablamos de defensa de los mercados regionales, de gran intervención del estado, de defender lo propio. ¿Qué ha de pasar con los intereses imperiales? ¿Cómo ha de reaccionar el imperio ante la intervención de socios y periféricos en intereses que manejaban a placer? Para contestar la pregunta revisemos otros aspectos de fría racionalidad económica y preguntémonos. ¿Qué va a pasar con el dólar como moneda internacional? Ya está pasando y ha de pasar mucho más. Por ahora ya existen convenios para eludir su uso. No falta mucho para que la comunidad internacional, es decir los socios del imperio y el resto de los damnificados, terminen el ciclo que se abrió en 1947 con los acuerdos de Bretton Woods. Habrá de crearse una moneda virtual, una “canasta de monedas” o lo que se termine haciendo, pero basta de permitir la libre impresión unilateral de moneda genuina. Y sin ese privilegio adiós hegemonía. Los ciclos se acortan: hay muchas personas aún vivas que pueden recordar a la libra como la moneda mundial y la paralela hegemonía británica. Todos sabemos que pasó después de Bretton Woods. Inglaterra no desapareció ni dejó de ser potencia. Se resistió durante años a integrar el mercado común europeo… y allí está. Lejos está EEUU de desaparecer o de dejar de ser la primera potencia…. pero.

Difícilmente pueda contar con los recursos, el tiempo y la atención necesarios como para intervenir a lo largo y ancho del mundo, como lo hizo en su esplendor, para defender a sangre y fuego, por sí o por sus apoyados cipayos, en cada lugar en que había un interés norteamericano. Tanto él como sus socios estarán muy ocupados arreglando sus propias situaciones internas… o regionales.
De allí la gran oportunidad para los “dependientes” o, como veremos, el Apocalipsis si no aprovechan la oportunidad.

Sudamérica ya ha comenzado un proceso que prepara el cambio. A la luz de lo dicho no cabe dudar en que ese proceso ha de acelerarse y profundizarse. El relativo eclipsamiento del “big brother”, el enrarecimiento progresivo del masivo apoyo a las corporaciones y a las oligarquías socias en el comercio internacional decreciente, han de facilitar el proceso, a más de la creciente “nacionalización”, por conveniencia y sobrevida de muchos sectores de las burguesías nativas. Recordemos que estamos describiendo un proceso pero también que lo podemos considerar irreversible. En la región todos han de necesitar a todos y deberán también irse limando desigualdades entre sus componentes ─ otro “hacer las cosas bien” que vendrá por irreversible añadidura “técnica” y capitalista.

En ese marco llegamos al análisis de la situación nacional.
No es ocioso reparar que, en las grandes líneas, después de haber sufrido antes que los demás algo de lo que hoy le pasa al primer mundo, hayamos emprendido soluciones que hoy todos consideran proficuas. Que el pregonado “modelo” no sea diferente al que, necesariamente, ha de implementar el mundo. No es gratuito el que hayan apelado Barak Perón al mandatario norteamericano. No es gratuita la citación encomiosa, en algunos foros internacionales, a la política económica argentina. Desde acá es explicable que parezca pesar mucho más lo que falta que lo que se ha hecho. Resulta fácil de entenderlo si consideramos que quienes apoyaron desde López Rega, pasando por Martínez de Hoz, hasta Menem, Machinea y Cavallo son hoy opinadores o garúes con grandes espacio en los medios masivos formadores de opinión y que quienes se dicen herederos del Grito de Alcorta hoy defiendan mancomunadamente los intereses de la Sociedad Rural.
No es gratuito que, en medio de aquella “bisagra” de la historia a que nos referimos, se ocupen del vestuario y/o peinados de la Presidenta o de las presuntas malas maneras políticas del ex Presidente.

Solo queremos hacer una última definición: la oportunidad que queda configurada por la situación mundial tiene una contracara: quien no sabe defenderse ante un enemigo desesperado corre el peligro de que lo expriman más allá de lo convenido, que no respete acuerdos (pregúntenle a Suiza). Si se pretendiera volver al país agroexportador los ajustes no los va a aconsejar un tambaleante FMI sino la “aspiradora de recursos” de un explotador necesitado. Apartarnos de la creciente unión sudamericana y emprender el camino de la derecha vernácula ha de enemistarnos con hermanos verdaderos sin demasiadas esperanzas de ganar las peleas resultantes. Ese es el Apocalipsis, nuestro particular Apocalipsis si, dejándonos de abrazar a la gran oportunidad, nos entregamos a lo peor de nuestra historia pagaremos todos un muy pesado precio.
Argentinos… Plata o Mierda es lo que nos espera… sepamos elegir
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