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26 de junio de 2009

LA HORA DE LOS FORROS


*Por Claudio Díaz

Punto final para la campaña electoral. Se acabó el tiempo de los discursos y las promesas. Ahora hay que concentrarse para salir a la cancha y jugar el partido (una semifinal que anticipa el choque definitorio del 2011) con el equipo nacional que, más allá de errores tácticos y estratégicos, demostró querer ir para adelante con los dientes apretados y el corazón caliente, aunque los defensores del fair play liberal nos acusen de salir con los tapones de punta. Justo ellos, que te embarran la cancha y te pinchan la pelota.

No hay mucho más para decir que no se haya dicho. Las búsquedas y los intereses de cada sector ya fueron expuestos. Pero en estas horas de vigilia que preceden al domingo, uno tiene la necesidad de dirigirse a los varones (no confundir con barones) del progresismo argentino, que han decidido jugar de neutrales en un momento en que no existe, no puede existir, “tercera posición” posible.

No lo acepta esta Argentina del 2009, que indica a las claras que se está de un lado o del otro. Aunque rechacemos la categorización de izquierdas y derechas vale remarcarlo: o se está con el oficialismo que más hizo por recuperar la iniciativa nacional o se está con la oposición más reaccionaria y salvaje, egocéntrica e individualista, antisolidaria y absolutamente contraria al interés nacional que se recuerde en mucho tiempo.

Una nueva versión de Unión Democrática se estrena estos días en el escenario político argentino. Esta vez como orgía pornográfica que junta en un mismo lecho a la Sociedad Rural, a la vergonzante UIA capitaneada por el Grupo Techint, al menemismo-duhaldismo, al radicalismo coaligado en el Acuerdo Cínico del ARI, a la cada vez más imbécil izquierda argentina, a la oligarquía periodística y a la clase media tilinga y racista de los grandes centros urbanos. Un Dios los cría y ellos se juntan producido en los estudios de las embajadas del poder mundial.

Pero los progresistas parecen estar mirando otro espectáculo. Y por eso se aprestan a jugar otro partido. Ahí lo tenemos a Pino Solanas, heroico Robin Hood de película dispuesto a batallar contra el gobierno (“continuidad del menemismo”, dice con desfachatez), pero silencioso observador del cipayismo de Michetti y Prat Gay. Confortable partenaire de Mariano Grondona, el autor intelectual de los crímenes y saqueos más aberrantes de nuestra historia en el último medio siglo, con quien departió amablemente en el programa del domingo 21, celebrando incluso la afirmación del sofista respecto de que “afortunadamente, en el aire se respira un espíritu de fin de época”.

Por esos caminos sinuosos también anda Miguel Bonasso, anacrónico setentista que abandonó a un gobierno por “inconducta revolucionaria” pero se pega en estas elecciones a un socialista de café como Aníbal Ibarra, especie de Tabaré Vázquez de cierta clase ilustrada porteña.

Ahí también van el transparente intendente de Morón, Martín Sabbatella, manijeado mediáticamente como nadie, y el piquetero de escritorio Jorge Ceballos, patéticas expresiones de la “nueva política” que también se suman al establishment (como pata izquierda) bajo la excusa de que la base del kirchnerismo es el corrupto y viciado PJ, aunque en los últimos años ambos hayan agarrado a dos manos el dinero que fluyó desde los gobiernos nacional y provincial. Dio vergüenza ajena ver a los dos promocionar sus candidaturas en La Nación, sobre todo en la edición electrónica del diario de los domingos 7 y 14, acompañando con publicidad partidaria las notas de opinión de… Joaquín Morales Solá y Mariano Grondona.

Es que así son nuestros progresistas. Sí, ellos quieren progresar en la vida para estar mejor y disfrutar de la política. Pero no les hablen de jugar en equipo, con sentido colectivo y nacional. El tiempo de ellos siempre es el que vendrá, porque para jugarse hoy no tienen lo que hay que tener. Inspirados, seguramente, en los años mozos y peronistas del joven Pino, ellos sólo quieren ser los vanidosos protagonistas de su hora. La hora de los forros.
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