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31 de mayo de 2009

TODO EL PODER A LOS TRABAJADORES

(Para ahuyentar a los chirolitas de la mediocracia)
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*Por Claudio Díaz

       Con sus soldaditos provistos de cámaras y micrófonos (las nuevas armas de la ocupación), la prensa canalla y servil lanza en estas semanas el ataque final contra el gobierno y los sectores del peronismo y el sindicalismo que lo sostienen. Para los neutrales, para los que miran este enfrentamiento como si fuera un partido de tenis, desentendidos del resultado, tal vez haya llegado el momento de que perciban en toda su profundidad el iceberg que empezó a formarse en los últimos años para bloquear el paso del barco de bandera argentina que, aun con errores y cierto lastre que arrastra, nos ha llevado a aguas más azules y blancas, donde los tiburones del capitalismo salvaje ya no tuvieron tanta libertad para devorarnos como si fuéramos mojarritas.

      Una vez más, la artillería pesada apunta al movimiento obrero organizado. El enemigo sabe de qué se trata y por qué mueve sus cañones en esa dirección. Por eso, a través de la prensa y sus chirolitas, vuelve a instalar en la agenda (que es como decir “la cabeza”) de los sectores medios la idea de que el país corre el riesgo de caer bajo el fantasmagórico y temible poder sindical.

       La ofensiva es múltiple. En los últimos días no hay jornada en la que los francotiradores del sistema dejen de probar su puntería. En el diario Perfil, el escritor Alvaro Abós habla de una CGT conformada “por dinosaurios” que “asustan con sus aullidos”. Fíjense qué hermosa manera de colonización semántica… Podría haber dicho: “asusta con sus reclamos”. Pero no; utiliza la palabra “aullidos” porque hay que dar idea de que los trabajadores son lobos a los que la clase media debe temer, aunque los colmillos que se hundan sobre su cuello para chuparle la sangre, sean los de los explotadores del mundo capitalista a los que Abós no dedica ni siquiera un párrafo crítico.

       Por su parte, el diario La Nación refiere en una de sus últimas editoriales “la inconveniencia de que el poder sindical tenga vía libre para acceder a las instituciones que conforman el alma de la República. Lo dice por la posibilidad de que los compañeros provenientes del movimiento obrero, como Omar Plaini,  Julio Piumato y Héctor Recalde, sean consagrados diputados nacionales en la elección del domingo 28 y junto a otros compañeros que ya están en el Parlamento, como Octavio Argüello, de la Federación de Camioneros, empujen las leyes que necesitan los trabajadores para hacer efectiva la Justicia Social.

     Difícilmente exista en la Argentina un sector más difamado que el del sindicalismo. La CGT y sus dirigentes más dignos y lúcidos (hoy son Moyano, Juan Carlos Schmid, Plaini, Piumato, Horacio Ghilini entre otros) han sido, en ese sentido, el blanco predilecto de los medios de comunicación, muy especialmente desde la desaparición física de Juan Domingo Perón. A partir del golpe de 1976, el sindicalismo peronista pasó a sufrir en carne propia esa agresión permanente que responde al proyecto central del poder oligárquico liberal: el debilitamiento de la CGT como factor decisivo del destino nacional.

      Esa figura reptil de la política, con actitudes de serpiente pese a la anchura de su fisonomía, popularizada por los medios bajo el disfraz de Lilita, lo acaba de afirmar sin medias tintas: “Hay que terminar con Kirchner porque si acabamos con él, también acabamos con De Vido y con Moyano, que son los nuevos oligarcas de la Argentina”.  

     Otro aporte vino desde el “izquierdismo revolucionario” de Crítica, a través de un aventajado alumno de la escuelita de Jorge Lanata. En la edición del viernes 29 de mayo, Javier Schurmann se aprovecha de unas declaraciones efectuadas por Moyano para marcar su preocupación ante la posibilidad de que a corto plazo, el líder de la CGT y los trabajadores camioneros impulse el acceso de un representante del mundo sindical a la conducción máxima del país, es decir: a la presidencia de la República. Entonces, el cagatintas del diario presenta a Moyano como alguien que “detenta una formidable estructura de poder y negocios”, que “maneja suculentas cajas”, que mueve sus “tentáculos económicos”, que es “patrón de sus representados”, que controla “negocios paralelos” y que “hace uso y abuso como digitalizador de candidatos”. Nos preguntamos si, con tanto poder económico, Hugo no será el dueño de los campos de soja y accionista principal de la banca que exprime a la Argentina… ¿Usted qué piensa, Schurmann?

     Una vez más se comprueba que, para la mayoría de los periodistas, no hay nada peor que los peronistas… Pero no importa. Porque a uno le gusta ser peronista. Y, además, populista…  Aunque por sobre todas las cosas, lleva en el alma esa idea del poder sindical que tan esquizofrénicos ponen a los ricachones, a los mediocres de la política y la prensa, a los neutrales, a los tibios…

     Porque, ya que estamos, digamos que el poder sindical es la fuerza social que necesita un pueblo para sentarse a la mesa de decisiones de un país; y discutir allí, cara a cara con el otro poder (el económico, del que muy poco se habla), cómo se construye un modelo nacional integrador. Porque si el capital es necesario para cualquier desarrollo económico, los trabajadores, que generan la riqueza, son tan o más imprescindibles que los propios dueños de los medios de producción.

     Así que en este junio, y en el 2011, en el 2015 y siempre, vamos para adelante con el poder sindical. Con Moyano, con Piumato, con Plaini, con Recalde, con Argüello, con todos los trabajadores que se fijaron como meta llegar al luminoso horizonte que alguna vez trazó un hombre llamado Perón; un horizonte libre, justo y soberano.
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