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3 de mayo de 2009

HIJOS DE REMIL....


*Por Claudio Díaz

Unos 150 mil trabajadores deciden juntarse para celebrar su día. Van llegando desde distintos puntos con su alegría, con sus cantos, con el color de sus espíritus. Ocupan el lugar que tienen asignado sin pasar por encima de nadie, con supremo respeto por el otro. Escuchan al líder que les habla y se comportan de manera ejemplar. Finalmente se retiran sin cometer ningún desmán, felices de haber protagonizado una fiesta realmente popular.

Pero la prensa canalla que con sus soldaditos provistos de micrófonos y celulares (las nuevas armas de la ocupación) siembra el terreno de la “opinión pública”, prepara el ataque en los cuarteles que tiene abiertos a pocas cuadras del lugar. Primero los ningunea, después los estigmatiza, finalmente los denigra. Una vez más se comprueba que, para la mayoría de los periodistas, no hay nada peor que los peronistas…

De esta manera, la información referida a la movilización y el acto del 30 de abril queda regimentada por el Estado Mayor Conjunto de la Mediocracia, que a la manera de los comunicados de guerra de la Junta Militar restringe el hecho noticioso a tan solo dos aspectos: al acto organizado por la CGT, sin lugar a dudas el importante desde la muerte de Perón para acá, se lo reduce a una mínima expresión; y se pone énfasis en que formó parte del “inicio de la campaña electoral” del movimiento obrero (y particularmente de Hugo Moyano) en su apoyo a la presidente Cristina Fernández de Kirchner.

Increíblemente, o no, ese análisis se repite en los títulos y las consideraciones de Canal 13-TN, Telefé, el Grupo América y hasta el mismísimo Canal 7. (Se abre el paréntesis para preguntar… ¿Hasta cuándo deberá esperar el movimiento nacional para que los medios que pertenecen al Estado le hagan lugar a sus ideas y a sus representantes? ¿No tenemos bastante con Enrique Vázquez en Radio Nacional como para tener que soportar, ahora, que el noticiero de Canal 7 apenas haya dado un minuto y medio de espacio al acto de la CGT?).     

Pero volvemos a casa. Es jueves 30, hace algunas horas concluyó el acto. En Telefé, el notero  Guillermo Panizza da cuenta del caos en el tránsito vehicular que generó la concentración y habla de lo “terrible” que le resultó a la gente viajar. “Los colectivos y subtes iban repletos de pasajeros”. ¿Dónde vive este periodista? Todos los días el tránsito porteño es una locura. Y observar medios de transporte cargados de gente hasta el techo forma parte del paisaje cotidiano. Pero parece que no, que la CGT y los trabajadores son los culpables de arruinarle la existencia a “los que quieren que los dejen trabajar en paz”, según se escucha en otra parte del informe. Con gesto severo, aunque evidentemente molesta porque no puede dar la noticia que le hubiera gustado, Cristina Pérez dice: “No se reportaron incidentes, pero recibimos denuncias de que mucha gente la pasó mal”. Y Rodolfo Barili, su compañero, acota: “Incluso varios periodistas sufrieron arrebatos y les fueron robadas sus pertenencias”. ¿Quiénes, Barili?, ¿dónde?, ¿hicieron la denuncia ante la policía…?

Telefé no termina su faena. A las 20.10, en vivo y en directo, un movilero muestra la “resaca” que dejaron los trabajadores: “Fíjense la cantidad de papeles y botellas que han quedado tiradas en el piso. Qué poco respeto por la convivencia y el cuidado de la ciudad”. Allí uno recuerda que hace algo más de un mes, el 17 de marzo, un sector de la juventud estupidizada por la sociedad de consumo copó la zona de Retiro para celebrar -como en los últimos años- la festividad irlandesa de San Patricio. El espectáculo, se recuerda, fue lamentable, con gente colgándose del alumbrado público u orinando contra la vidriera de los comercios. Pero en esa ocasión los medios hablan de la “diversión de los chicos”. Por supuesto, los bellos y atléticos jóvenes blancos de la clase media pueden cometer cualquier estropicio que van a quedar como piolas que saben entretenerse. Claro que cuando son los trabajadores y los negros peronistas los que toman una cerveza y dejan el envase tirado sobre la 9 de Julio, hay que llamar a las fuerzas morales de la humanidad para acabar con esos desquiciados.

Hacemos zapping. Telenoche no está porque juega Boca por la Copa Libertadores. Pero está su hermano menor, TN. El primer reporte acerca del acto corre por boca de Gustavo Tubio. Su informe arranca bastante objetivo, pero después de medio minuto aparece el primer estiletazo. Textual: “Se pudo observar mucho folklore peronista, mucho globo, muchos bombos, mucha vincha, pero fue muy difícil, casi imposible, ver una mujer”. O este cronista mira pero no ve, o cubrió la nota encerrado en uno de los tantos baños químicos, para caballeros por supuesto, apostados a lo largo de la 9 de Julio. ¿Cuál era la idea del canal?  ¿Sostener que él sindicalismo peronista es, además de retrógrado y caótico, machista? Ay, Tubio querido… ¡Te perdiste de ver a cada diosa! Las de SADOP (nuestras compañeras docentes), las chicas de Judiciales (los ángeles de Piumato que le decimos), las de UPCN, Luz y Fuerza, Alimentación, Canillitas (si vieras lo hermosas que son, pedirías que todos los días te lleven el diario a tu casa)…

Después le toca el turno a Sandra Borghi. Esta chica tiene una manera de impostar la voz muy particular. Al igual que Mario Markic o el sesudo Edgardo Alfano, cuando quieren cargar las tintas sobre un actor social que no responde al juego extorsivo del Grupo Clarín, entonan parte de sus alocuciones de manera especial. En su informe, la movilera de rulos también hace eje en las molestias que la CGT ocasionó a los automovilistas. “Los gremios se apropiaron de la ciudad como si fuera todo de ellos” (parece ser que la ciudad, la ilustrada y reputadísima Buenos Aires, es una reserva exclusiva para oficinistas y turistas).

El “…como si fuera todo de ellos” suena con más lentitud que el resto de la frase, al estilo de esas actrices que protagonizan una novela y echan en cara del amante cierto fastidio y rencor por haberles fallado en algo. Pero no, nena, los laburantes “toman” las calles como cuando los pibes y no tan pibes van a River por el recital de algún ídolo y también se “apropian” de la avenida Libertador. O como cuando el ingeniero Blumberg y sus seguidores copan la zona del Congreso. O, por si te olvidaste, como cuando los patrones agrofinancieros se hacen dueños de todas las rutas argentinas.

Al final de la jornada, en el resumen de trasnoche, se repite el discurso. Aunque esta vez el acto de la CGT vuelve a ser marginado porque Martín Palermo llegó a los 200 goles en la primera de Boca y esa parece ser “la historia del día”. Los conductores de noticieros también presentan su estupor por el “drama” de la Princesa Máxima, que ve arruinada la fiesta de su suegra, la Reina de Holanda, porque un trabajador que perdió su trabajo comete un atentado porque no encuentra otra manera de expresar su resentimiento con el sistema.

A esta hora, ya pasada la 1 del día 1; uno, que busca lleno de esperanzas, se va a la cama y reflexiona sobre estos mundos tan distantes y a la vez tan cercanos que nos presentan los grandes medios. En Argentina salen a la calle cientos de miles de trabajadores y se habla de “aparato”. En Holanda obligan a la gente a  festejar el Día de la Reina pero no hay aparato, todo es espontáneo. En Argentina los trabajadores se comen un choripán, se toman un tintillo o una birra y eso es un ataque contra las buenas costumbres. En Holanda se fuman hasta los espirales y eso está bien, porque ellos son del Primer Mundo, tienen cultura y están preparados para eso. En Argentina los trabajadores les dicen algunas cosas a las chicas y tiran petardos, señal de que son patoteros. En Holanda, un tipo se sube a un coche y atropella a propósito a cinco compatriotas a los que da muerte, pero eso no es violencia. En Argentina tenemos a un tipo que pone la cara por todos, al que le sobra dignidad, coherencia y eso que hay tener, pero es negro y se llama Moyano. En Holanda, cuna del colonialismo financiero desde que allá por el 1500 empezaron a nacer los primeros emporios bancarios, todos son rubios y está Máxima, que es buena y linda aunque su familia provenga del riñón de la oligarquía y haya estado con todas las dictaduras.

En fin, es hora de dormir. Ya está entrando el sueño… ¿Qué como es? Se ve una plaza llena de trabajadores y un líder que desde el balcón de la Casa de Gobierno anuncia el regreso de la Revolución Nacional. También hay muchos periodistas. De la radio, de la televisión, de los diarios. Y dicen cosas que no son, trampean, difaman… ¿Pero saben qué?  Nadie les da bola, el pueblo pasa al lado de ellos y aunque les regalan los diarios, les ponen una pantalla y les hacen escuchar sus discursos, no les llevan el apunte. Todos van al encuentro con su líder, hacen flamear las banderas azules y blancas, las banderas con las imágenes de Perón y de Evita, las banderas de la CGTLa Argentina se ha liberado de nuevo. 
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