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26 de abril de 2009

LAS ESCUCHAS CLANDESTINAS


(Un cuento de política ficción)


*Por Guillermo Amor 

El joven oficial estaba contento. Su iniciativa le iba a valer, al menos, una promoción o ganarse la confianza del senador y sus amigos. Se estaba metiendo en política mucho más allá de lo que le habían dicho que no le convenía. No sabían, no tenían iniciativa, no se habían preparado como él y ahora le venían con consejos. Estaba seguro que su espíritu emprendedor lo llevaría al éxito. Lo había pensado todo cuidadosamente y no había dejado situación sin considerar. Había trabajado solo, con todo el esfuerzo, la paciencia y aún algunos gastos que eso le había ocasionado. Pero nadie sabía nada de lo actuado y, si el sistema era descubierto, los “beneficiarios” no corrían el peligro de quedar entrampados solos. Todos serían sospechosos… y “todos” terminaría significando “nadie”. Ese día tenía la entrevista. El senador lo iba a atender en su oficina con la sola compañía de sus hombres de mayor confianza. No le había querido adelantar detalles pero su actitud había reflejado claramente la importancia y conveniencia de lo que iba a decirle de allí la intriga que había despertado y la insistencia en demandar de que se trataba que había podido eludir.

Repasó su exposición: comenzaría relatándoles como se había convertido en un técnico de elite, como había cuidado meticulosamente de que no se lo pudiera individualizar: sus cursos por correspondencia con identidades postizas, la fatigosa y paciente compra de los materiales para no ser rastreado, la destrucción de toda evidencia que pudiera conducir a su persona. Recordar como había seguido todas las técnicas recomendadas en la academia lo regocijaba. De este solo relato preliminar ya dejaría la impresión de cuan confiable era. Trató in mente, una vez más, de ser conciso en la exposición técnica. Debía ser lo más sintético posible… no podía cansarlos con detalles, solo les iban a interesar los resultados.

Imaginaba la entrevista y las reacciones ante cada una de sus revelaciones. Iría directamente al grano: había colocado micrófonos en todos los despachos y sedes de la oposición con escucha y grabadoras en la sede del partido. Todo lo que “cocinara” el enemigo se podía recibir “on line” y en directo. Si no se estaba escuchando se podían revisar luego las grabaciones. Seguro que iban a reaccionar por el peligro de ser descubiertos: ¡¡como iban a poder explicar que fueran los receptores del sistema de escuchas!! Ahí los asombraría con su segunda revelación: Había colocado receptores y grabadoras para todos los partidos y agrupaciones aliados, al menos consustanciados con el proyecto. Ellos también se enterarían pero era un pequeño ‘precio a pagar si se consideraba que iba a diluir la culpa.

La reacción esperada no se demoraría… algo iban a enfadarse porque, diluida o no, la responsabilidad podía recaer en todos los que defendían el proyecto. ¡Como se le había ocurrido algo así! Sonreía imaginando el momento de la tercera revelación, su obra maestra de sagacidad, la maniobra que iba a convencerlos de su viveza y confiabilidad.

─ ¡No corren peligro señores! ─ diría. Y tras una pausa deliberada, completaría ─ Las sospechas nunca caerán sobre Uds. porque van a ser parte de las víctimas… ─ imaginaba los gestos interrogantes ─ también coloqué hace días micrófonos aquí y en la otra sede… y escuchas y grabadoras en las oficinas de los aliados. ¡¡Que importa que los aliados escuchen si ello nos asegura la impunidad!!

Los diarios se ocupaban unánimemente del importante apagón registrado en la ciudad. Se culpaba al gobierno reiterando las críticas a la mala política en materia de energía. Se señalaba también la precariedad de medios de las empresas privatizadas para hacer frente a un problema de esa magnitud aunque se las disculpaba paralelamente por el rápido operativo montado, acudiendo a grupos técnicos privados, que habían logrado subsanar los inconvenientes casi de inmediato. Uno de los periódicos sensacionalistas, especialista en magnificar los temas de inseguridad, no dudó en cargar al episodio por la muerte violenta de un joven oficial de policía, adscripto a la custodia de un senador, baleado a mansalva durante el apagón.
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