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15 de marzo de 2009

AUTORIDAD, RECONOCIMIENTO Y JUSTICIA EN LA ESCUELA - SEGUNDA PARTE

¿Es la película “Los Coristas”, un espejo de nuestra educación actual?

 

*Por Susana Pussacq


Nosotros, como adultos, docentes en particular, ¿ofrecemos a las generaciones que nos siguen un “saber vivir” (Hassoun, J 1994 Pág. 148)? ¿Les ofrecemos las bases suficientes para, a partir de ellas, proyectarse y de alguna manera, “doblar la apuesta”?

Por último, quisiera entre tantos temas que permite encarar esta película, hacer hincapié sobre el que muestra al cuerpo como medio de dominación, un tema inexplicablemente vigente en nuestros días.

Cuando se saca de fila a un alumno, cuando se lo deja afuera del aula, cuando se separan grupos afines o se adelanta al que conversa o tiene dificultad para comprender,

los estamos colocando en situaciones no menos humillantes que las vistas en la película cuando debían oficiar de sirvientes de sus compañeros.

Cada vez que actuamos así, ejercemos nuestro poder intentando dominar a través del sometimiento del cuerpo del otro.

Los castigos corporales son otra frecuente en la película. Castigos físicos sobre partes puntuales del cuerpo. Actualmente a ninguno de nosotros se nos ocurriría ejercer este tipo de violencia, pero el exigir silencio e impedir manifestarse es una forma más refinada de violencia sobre el otro. La voz del otro no está, por lo pronto éste no existe, no es nada.

Los alumnos son catalogados, clasificados en Le fond d l’ etang: dudoso, retrasado, ligero… ¿por qué y para qué esas clasificaciones? ¿Se trata solamente de la influencia de la medicina en la educación o un deseo de analizar hasta el mínimo detalle para poder controlarlo y dominarlo mejor?

En una situación como la que se ve en la película y que es, desafortunadamente similar a la que se da en muchas escuelas actualmente, cobra sentido la siguiente afirmación:

La autoridad no es manejada como una construcción, ya que “el otro” no es reconocido como tal. Sobre el cuerpo de este ser, que se considera en formación y no como un ser completo, se ejercen castigos limitándolo, castigándolo, cercándolo y humillándolo. En este contexto, donde no hay un “ida y vuelta” entre el adulto y el niño, es imposible que haya transmisión. El primero sólo quiere imponer su idea y su voluntad, las que considera inmodificables e impide al segundo cualquier posibilidad de recreación y reformulación.

Está claro también, que en la situación de la película que a la vez vemos en la escuela actual, no está contemplada la diversidad, la otra mirada, lo diferente.

Tanto en la película, cuando los médicos clasifican a los niños, encasillándolos como “dudoso, retrasado ligero, retrasado moderado, retrasado severo”, como en la escuela actual y real cuando los equipos de orientación escolar y los docentes “diagnostican” tal o cual perturbación (ansioso, inmaduro, ADD, etc.) se convive con una noción de “lo que está bien” y “lo que está mal”, actitud sumamente peligrosa al momento de buscar la inclusión: quienes no cumplan con el perfil de alumno deseado, serán expulsados, quedando fuera del sistema, sufriendo las consecuencias que eso acarrea(marginación, posterior exclusión del sistema laboral, desvalorización personal, búsqueda de inclusión en ámbitos marginales). Cruzar la frontera de “lo bueno” significa en muchos casos la exclusión. “La inclusión en una identidad determinada supone exclusión de otros, la definición de una frontera o límite más allá de la cual comienza la otredad” (Dussell 2000. Pág. 3)

Desgraciadamente no es algo nuevo en nuestro sistema escolar. Esta pedagogía normalista, aparecida a fines del S XIX y  principios del XX  “clasificaba a los niños en “la muchedumbre heterogénea, los imbéciles… desviados, anormales”. Dichos calificativos sólo adquieren sentido cuando se los compara con un individuo “normal” (Dusseell 2000. Pág. 9). Lo peor del caso es que nuestra escuela actual, del 2009 sigue encasillando alumnos convirtiéndose de esa forma en una institución expulsiva.

Vuelvo ahora, para un análisis más profundo, sobre las preguntas que me formulé al principio de este trabajo.

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