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18 de enero de 2009

EL ANTIPERONISMO EN LOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN: Úlitma parte


*Por Claudio Díaz

III Pensamiento nacional: la clave para vencer a los que quieren desperonizar la Argentina

Es imposible proyectar un modelo auténtico, que sea común al interés de las mayorías y enfrente al colonialismo con perspectivas de éxito, si no se lo plantea integralmente, es decir: si no se afecta al mismo tiempo la estructura económica liberal y sus desvalores filosóficos. Para lograrlo hay que entrar necesariamente en conflicto con sus creencias y propósitos porque la historia, nuestra historia, demostró repetidas veces que el objetivo del bando antinacional es destruirnos económica y socialmente como nación. Y además, distorsionar y aniquilar el alma de lo que somos como comunidad.     

     Hay ejemplificadoras experiencias, como la del roquismo. Cuando el General Roca quiso romper la estrecha estructura de la factoría propugnada por el colonialismo y salió a conquistar el desierto que éste desechaba porque no interesaba a sus fines, buscó ampliar las fronteras de la economía a través del camino de la industrialización. O sea: quiso enfrentarlos en lo económico. Pero lo hizo sin entender el espíritu, la fe y a las masas nacionales cuando no dudó en arrasarlas para llevar a cabo su propósito. Así terminó enfrentado, por un lado, con el mitrismo, que se resistía a su programa económico, y por el otro con el pueblo. Con Yrigoyen sucedería algo parecido, aunque en un sentido inverso. Fervorosamente nacional en el plano espiritual y en los valores identitarios del argentino, resultó tenue a la hora de tocar los intereses económicos. Y así quedó expuesto al enfrentamiento con los trabajadores, a los que en distintas circunstancias debió reprimir.

     La logia liberal de nuestro país no constituye únicamente un núcleo contrario al interés nacional. Es, también, una mentalidad no sólo distinta sino violentamente opuesta al modo de ser de la mayoría. A la colonización económica del país, que auspició en diferentes etapas de la historia, le agregó una colonización espiritual y cultural. Ello explica que cuando la Nación resistió ese vasallaje, o cada vez que se lanzó a reconquistar su destino, planteó y llevó el enfrentamiento en ambos planos a la vez. Lo que demuestra, entonces, que no hay revolución posible si ésta no se propone alcanzar, junto con un desarrollo material con distribución equitativa, una plena realización del ser argentino. Por lo tanto, si la Argentina quiere ser una nación de “pymes soberanas”, deberá ponerle un límite a las multinacionales del pensamiento y la penetración cultural.  

 IV Falsificación de la historia y sustitución de la realidad

     La manipulación informativa que los medios de comunicación hacen para acomodar “la realidad” a sus intereses, tiene su primer antecedente en el mismo momento del surgimiento del peronismo.

     Cuando al anochecer del 17 de octubre de 1945 los trabajadores emprenden el regreso a sus casas tras haber conseguido la liberación de Juan Domingo Perón,  un grupo de jóvenes que camina por la Avenida de Mayo es atacado a balazos por francotiradores que disparan desde la terraza del diario Crítica, algo así como el Clarín de nuestros días. Cae muerto Darwin Passaponti, un estudiante de 17 años, y tres de sus amigos y compañeros también son alcanzados por las balas.

     Sin embargo, este episodio de violencia política casi no será tenido en cuenta por la prensa escrita de la época. Y en el caso de Crítica, la cobertura informativa hará centro en los aspectos  referidos a la movilización del pueblo, desvirtuando por completo el carácter por demás pacífico de los hombres y las mujeres protagonistas de esa jornada histórica. El diario del clan Botana encabezará la tapa de la edición del día siguiente bajo el título…

GRUPOS AISLADOS QUE NO REPRESENTAN
                   AL AUTENTICO PROLETARIADO ARGENTINO
                   TRATARON DE INTIMIDAR A LA POBLACION

     De esta manera, la tergiversación del hecho y la sustitución de la realidad (elementos centrales en el sistema que rige la conducta del periodismo colonial) aparecen expuestos sin pudor, casi -se diría- cínicamente. Conviene desmenuzar en su integridad los falsos conceptos que aquella portada arroja a sus lectores con el propósito de confundir:

      Primero: no se trataba de “grupos aislados”. Había sido una multitud la que concurrió a la Plaza de Mayo.

      Segundo: eran trabajadores que por iniciativa propia habían decidido salir  desde los talleres y las fábricas para pedir por el hombre que los había reivindicado. Por lo tanto eran parte integral del incipiente movimiento obrero argentino. Sin embargo, el diario sostenía que no eran representativos sino “extraños” (un discurso que retornaría, sucesivamente, con todas las dictaduras a la hora de estigmatizar al pueblo. Recuérdese el término de apátridas que utilizaba la dictadura de Videla y Martínez de Hoz para perseguir a los militantes populares).

       Tercero: en su masiva asistencia a la Plaza, el pueblo no había arrastrado por la fuerza a nadie, y tampoco roto una sola vidriera. Sin embargo, el diario insinuaba que en el ánimo de esa gente había una intención de “intimidación” contra la gente.

     A este combo de falsedades hay que agregarle que nada se decía del atentado-crimen cometido contra el joven Darwin y sus compañeros.

     Ejemplos como éste se repiten en la actualidad con el peronismo y sobre todo con aquellos dirigentes que defienden los derechos de los trabajadores, siendo la CGT el sector más demonizado por los medios de prensa. Los compañeros José Ignacio Rucci, Saúl Ubaldini y Hugo Moyano, denigrados en forma constante por el periodismo, pueden dar fe de ello.              

     Hace pocos días el Sindicato de Camioneros realizó un piquete de dos horas frente al playón porteño desde donde se distribuyen los diarios y las revistas de Buenos Aires para protestar contra las infamantes condiciones de trabajo de sus afiliados: en turnos de hasta 14 horas diarias ganan $ 1.500. Los grandes medios, e incluso algunos políticos, pusieron el grito en el cielo por la protesta sindical y hablaron entonces de “violencia patotera”, “ataque a la libertad de prensa” y hasta de “gimnasia subversiva”. Todo junto y por el mismo precio. 

       ¿Cómo se puede tan descaradamente plantearse “falta de libertad de expresión” a un reclamo que va más allá del salario? ¿En qué cabeza cabe que se diga que la protesta de los camioneros tiene “forma de ejercicio totalitario de poder” (así dice una solicitada de ADEBA publicada en Clarín), cuando estos grupos económicos metidos en el negocio del mal periodismo, del periodismo amarillo,  nada dijeron cuando la dictadura secuestraba y desaparecía a más de 100 hombres y mujeres de prensa, mientras la verdadera censura silenciaba la información?

      ¿Quién duda a esta altura que los objetivos del poder mediático, de estos nuevos generales que recurren no ya a balas y misiles sino a palabras agraviantes y a micrófonos cargados de una ira enfermiza y patológica, son los mismos que alentaron los golpes de Estado, que ensalzaron los modelos económicos que llevaron a la Argentina al descenso más pronunciado del siglo XX, que descalifican y ofenden la memoria histórica, la identidad del pueblo?

    V Epílogo

      La perversión de los medios está en que proceden por paradoja: al mal suelen llamarle bien, y viceversa. Así, instauran una policía de ideas. Adoctrinan y culpabilizan, desprograman y reprograman. Sus afirmaciones no pueden refutarse (son verdades de Biblia) y se transforman en instrumentos de agresión contra la inteligencia, el sentido común y la voluntad de los destinatarios de sus artículos o discursos.

A más de 60 años de su aparición en la escena política, los intentos por acabar definitivamente con el peronismo han fracasado. Es un caso singular, prácticamente sin correlato en ninguna otra parte del mundo. No pudieron con él a pesar de todas las razzias a la que fue sometido. Tampoco con los experimentos para ver si es posible domesticarlo o “superarlo” (esas constantes remakes de “uniones democráticas” del medio pelo: alianza, coalición cívica, ya se verá el nombre de la próxima alquimia…). Y mucho menos con el intento más osado, el de destruirlo por dentro, con Menem como sepulturero en jefe. Daría la sensación de que ya no quedan muchas más fórmulas para eliminarlo y dejar que sólo quede como un mal recuerdo de nuestra memoria histórica. Quizá por eso, el establishment periodístico apueste todo el caudal que le queda para convencer a 40 millones de personas, una por una, de que este fenómeno de la política nacional es caótico y retrógrado, impregnado de ideas y prácticas totalitarias. Y que como tal es una amenaza cierta para la democracia. En el escenario por venir, ése parece ser el desafío de la prensa. Entonces, no queda otra que  prepararnos para salir a la cancha y jugar el partido de nuestras vidas.  
                                                                                                                                
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