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11 de enero de 2009

EL ANTIPERONISMO EN LOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN: Tercera Parte

III Pensamiento nacional: la clave para vencer a los que quieren desperonizar la Argentina


*Por Claudio Díaz

Es imposible proyectar un modelo auténtico, que sea común al interés de las mayorías y enfrente al colonialismo con perspectivas de éxito, si no se lo plantea integralmente, es decir: si no se afecta al mismo tiempo la estructura económica liberal y sus desvalores filosóficos. Para lograrlo hay que entrar necesariamente en conflicto con sus creencias y propósitos porque la historia, nuestra historia, demostró repetidas veces que el objetivo del bando antinacional es destruirnos económica y socialmente como nación. Y además, distorsionar y aniquilar el alma de lo que somos como comunidad.     

     Hay ejemplificadoras experiencias, como la del roquismo. Cuando el General Roca quiso romper la estrecha estructura de la factoría propugnada por el colonialismo y salió a conquistar el desierto que éste desechaba porque no interesaba a sus fines, buscó ampliar las fronteras de la economía a través del camino de la industrialización. O sea: quiso enfrentarlos en lo económico. Pero lo hizo sin entender el espíritu, la fe y a las masas nacionales cuando no dudó en arrasarlas para llevar a cabo su propósito. Así terminó enfrentado, por un lado, con el mitrismo, que se resistía a su programa económico, y por el otro con el pueblo. Con Yrigoyen sucedería algo parecido, aunque en un sentido inverso. Fervorosamente nacional en el plano espiritual y en los valores identitarios del argentino, resultó tenue a la hora de tocar los intereses económicos. Y así quedó expuesto al enfrentamiento con los trabajadores, a los que en distintas circunstancias debió reprimir.

     La logia liberal de nuestro país no constituye únicamente un núcleo contrario al interés nacional. Es, también, una mentalidad no sólo distinta sino violentamente opuesta al modo de ser de la mayoría. A la colonización económica del país, que auspició en diferentes etapas de la historia, le agregó una colonización espiritual y cultural. Ello explica que cuando la Nación resistió ese vasallaje, o cada vez que se lanzó a reconquistar su destino, planteó y llevó el enfrentamiento en ambos planos a la vez. Lo que demuestra, entonces, que no hay revolución posible si ésta no se propone alcanzar, junto con un desarrollo material con distribución equitativa, una plena realización del ser argentino. Por lo tanto, si la Argentina quiere ser una nación de “pymes soberanas”, deberá ponerle un límite a las multinacionales del pensamiento y la penetración cultural.  
  
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