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4 de enero de 2009

EL ANTIPERONISMO EN LOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN: Segunda Parte

       II   La trama del periodismo colonial



 *Por Claudio Díaz

     Los pretendidos dueños del mundo, que responden al poder económico de las corporaciones transnacionales, establecieron que para este momento de la historia de la humanidad se necesita otro tipo de estrategia en su afán por perpetuar la dominación y el control de los países sometidos.

     “Golpe suave o blando”… Ese es el nuevo nombre que se utiliza en la jerga del lenguaje de la Guerra de Baja Intensidad para mencionar las acciones desestabilizadoras utilizadas por el poder económico mundial. Ya no resulta imprescindible sacar las Fuerzas Armadas a la calle porque al controlar la mayoría de los medios de comunicación se pueden minar lentamente las bases de gobiernos más populares y menos dependientes del poder sinárquico. Estos medios, que han sido claves para la criminal invasión y ocupación de Irak, ahora también lo son para aplicar los golpes mediáticos, como bien se demostró en Venezuela en abril de 2002.                                           
                                                                         
     La nueva estrategia responde a la “mundialización” del Gran Capital, esto es: el fenómeno político conocido como globalización que impusieron las corporaciones transnacionales, que intenta sentar las bases de un nuevo orden imperial que (con la eliminación de la figura del Estado-Nación) pretende “organizar” económicamente al planeta como una  unidad de producción exclusiva. El poder que hoy detentan las compañías multinacionales, haciendo valer sus intereses por sobre la voluntad de los Estados (muy cercano está el ejemplo de la pastera Botnia, que impuso su negocio pasando por encima de Uruguay y Argentina) exhibe sin pudor alguno el grado de dominio que ejerce  la llamada Internacional de los Ricos.

      Lo que hoy sale a la superficie es, nítidamente, el proyecto de Gobierno Mundial ideado hacia 1973 por David Rockefeller, Zbigniew Brzezinski y Henry Kissinger en torno a la Comisión Trilateral. El propósito de esta elite que reúne a los principales operadores financieros y económicos del capitalismo imperial es concebir una gran plutocracia donde cada región debe someterse al rol que se le adjudica previamente, de acuerdo a su influencia en el mapa del poder universal. De un lado se agrupan los espacios industriales, del otro los agrarios o abastecedores de materias primas. Ese poder le otorga a la Argentina el rol de país no industrial y con un Movimiento Obrero débil. De allí que los medios de prensa de nuestro país que responden a esos intereses lleven adelante el papel de difamadores del peronismo y el sindicalismo. 

      Es interesante tener en cuenta la declaración de principios de la Comisión Trilateral para dictar  “reglas de funcionamiento” en los países a los que pretende someter. Ellos hablan de constituir una elite que a su vez se apoya en cinco sub-elites entrelazadas entre sí para llevar adelante su proyecto de dominación:                                                                     

1) La elite económica y financiera: aglutina a banqueros, economistas y  empresarios. 

2)  La elite universitaria: capta la “materia gris” de los países a dominar.

3)  La elite política: reúne a aquellos dirigentes que hacen su carrera en buenos términos con el establishment.

4)  La elite militar y de inteligencia: prepara a sus cuadros para operar en contra de la Nación.
5) La elite de los medios de comunicación: integra a periodistas de diarios, radios y televisión cuya tarea es convencer a la llamada opinión pública con el discurso del núcleo dominante. 

     La doctrina peronista y el rol decisivo que cumple el Movimiento Obrero argentino como trinchera de resistencia nacional son obstáculos políticos y filosóficos que traban las pretensiones de este poder mundialista. Por eso afrontan el ensañamiento de la oligarquía informativa y los círculos intelectuales que le prestan la obediencia debida a los enemigos del país.
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