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7 de diciembre de 2008

UNA FOTO CARGADA DE HISTORIA



Dos nietos recuperados cuentan su pasado común
Los apropiadores de Juan Cabandié y de Matías Reggiardo Tolosa eran amigos y compartían viajes y cumpleaños. Crítica de la Argentina reunió a los jóvenes luego de diez años.



*Por Hernán Brienza



Ayer. Juan Cabandié (de remera celeste) y Matías Reggiardo Tolosa en un cumpleaños junto a sus apropiadores y Gonzalo Reggiardo Tolosa.
Se aflojó un poco el nudo de la corbata. Los cuatro pisos por escalera lo habían agitado. El ascensor de la Legislatura porteña no funcionaba porque se había cortado la luz. Se acomodó el cabello y cerró los párpados nervioso, contraído. Entonces vio a su amigo de la infancia, a ese que había visto por última vez hacía diez años, pero con el que había pasado los cumpleaños, las fiestas familiares, con el que había jugado a la pelota y al poliladron, sin saber quién de ellos era el policía o el ladrón. Y de hecho, cuando jugaban, no sabían todavía quiénes eran. Es más, la última vez que se habían visto uno de ellos todavía no era el que es ahora. Un nombre apócrifo ocultaba las señas de su pasado, sepultaba el horror, disimulaba cicatrices. Entonces, lo vio. El otro ahora ya no era más Mariano. Había gritado al mundo “Yo soy Juan”. Él, en cambio, seguía siendo Matías Reggiardo Tolosa, pero ya hacía muchos años que no era más Miara.

Le temblaron las manos. Caminó por el pasillo de la Legislatura y ambos se sonrieron. Se miraron y se abrazaron. Juan Cabandié dijo algo con voz trémula, apenas reconocible, y los invitó a pasar. Junto a Matías estaban María de la Victoria Ruiz Dameri, también nieta recuperada, y Analía Argento, autora del impecable libro De vuelta a casa. Historia de hijos y nietos restituidos –de Editorial Marea– y verdadera artífice del reencuentro de los dos amigos. Entraron en el despacho, cerraron las puertas, los dos estaban parcos, secos y cierta tensión se notaba en el aire. Detrás de ellos, la foto de una marcha en reclamo por los cientos de nietos que todavía falta recuperar daba un marco barroco, pero efectivo. Entonces, rieron. Cabandié, legislador kirchnerista, lo chicaneó a Reggiardo Tolosa por una supuesta oferta de la Coalición Cívica para ser candidato político. “Les dije que no, porque yo no quiero hacer política”, contestó Matías.

Luego, los dos amigos –cuya vida había sido atravesada por la política de la manera más feroz posible– se prestaron para las fotos y pidieron quedarse a solas. Eran las 19. Durante dos horas, las puertas del despacho fueron infranqueables. No hubo interrupción posible y los empleados del despacho golpeaban y obtenían la misma respuesta siempre: “Que no nos moleste nadie, por favor”. Adentro, dos hombres barajaban de nuevo sus vidas, hablaban de identidades perdidas y encontradas, de sus padres, de sus apropiadores, de la sensación de ser hijos de desaparecidos y ahora padres. Matías dijo: “No tenemos derecho a sentir odio, porque si sentimos odio ganaron ellos, los que nos sembraron el dolor”. Y Juan explicó que contó su historia una y otra vez para sublimarlo, para exorcizar tanto dolor.

La historia de ellos está bien contada en el libro de Argento. Cabandié se presentó solo en el acto político por los 30 años del golpe del 24 de marzo de 1976. Dijo: “Yo soy Juan, nací en la ESMA el 16 de marzo de 1978, lugar donde mi mamá y yo compartimos sólo 20 días. Viví casi 26 años con un nombre que no era propio y creyendo que mis padres eran un policía y su mujer. Gracias a la ayuda de Abuelas, supe que era hijo de desaparecidos. Damián, mi papá, tenía 19 cuando fue secuestrado. Alicia, mi mamá, tenía16 y estaba embarazada de cinco meses. Así es mi historia, la que despertó el deseo de involucrarme, porque no podemos dejar que se pierdan dos generaciones, la de nuestros viejos y la nuestra, donde el individualismo nos alejó de ser protagonistas”. Sus apropiadores fueron el ex oficial de inteligencia de la Federal Luis Falco y María Teresa Perrone. Él se enteró de su verdadera identidad el 26 de enero de 2004, luego de acercarse a Abuelas y realizarse los análisis de ADN correspondientes.

La vida de Matías fue un poco más dura, si es posible medir la vida en estos términos. Junto con su hermano Gonzalo vivían bajo la apropiación del matrimonio de Samuel Miara –ex subcomisario de la Federal, actualmente detenido por 158 delitos de lesa humanidad en el circuito represivo ABO (Atlético, Banco, Olimpo), bajo jurisdicción del Primer Cuerpo de Ejército– y Beatriz Castillo, y el proceso de restitución fue un verdadero calvario. En 1984, Miara secuestró a los chicos y los llevó al Paraguay, pero ambos fueron restituidos en 1989. Su verdadera identidad –Reggiardo Tolosa– recién se supo en 1993; cuando se realizaron los análisis los mellizos eran menores. Desde allí en adelante, los dos hermanos iniciaron un proceso lento, muy lento –era el tiempo que necesitaban– para reencontrarse con su pasado.

¿Cuál es la clave del reencuentro entre Matías y Juan? La respuesta está en esa foto en la que Falco y Miara sostienen a los chicos en brazos. Los dos apropiadores eran amigos y los chicos habían pasado todos sus cumpleaños y las fiestas familiares juntos. Habían compartido un veraneo en Villa Gesell en los años ochenta y Juan llamaba tíos a Miara y a Castillo y lo mismo ocurría con los mellizos y Falco y Perrone. Como si eso no bastara, Juan sospecha que el que lo entregó a sus apropiadores, el nexo entre el horror de la ESMA y el horror de una familia que no era la suya, fue justamente Miara. Adjetivar la foto, entonces, sería un exceso.

Por esta historia toma importancia la primera aparición pública de los dos hombres, el miércoles pasado a las 19.30 –un día después del encuentro a solas– en el teatro La Máscara, donde presentaron juntos el libro De vuelta a casa. Bajo la mirada atenta de las abuelas Buscarita Roa y Alba Lanzilloto, Matías Reggiardo Tolosa, quien no hablaba en público desde hace más de 14 años, cerró la presentación y dijo: “Yo quiero que mi experiencia sirva para los demás. A aquellos que no pueden dormir, les digo: no tengan miedo de saber la verdad”.

Fuente:Crítica Digital

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